La importancia de optimizar los recursos naturales en las fincas cafeteras
La crisis climática es un fenómeno que afecta a millones de personas alrededor del mundo. Las temperaturas extremas traen consecuencias graves, en especial en las zonas rurales, que se están viendo afectadas por intensas sequías o inundaciones severas.
Para las fincas cafeteras, el cambio climático es una realidad con la que deben convivir a diario. Frente a eso, muchos caficultores en América Latina le están apostando a una producción más armónica con el planeta, basada en la optimización de los recursos naturales.
Para conocer un poco más sobre este modelo productivo, conversé con los caficultores hondureños Silvio Morales, de la Cooperativa Cafetalera Capucas, y Rodolfo Peñalba, gerente de Café Orgánico Marcala, y con Pedro Manga, coordinador de sostenibilidad de Caravela Coffee en Colombia.
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El cambio climático: una crisis múltiple para los productores
Los tres entrevistados aseguran que la crisis climática que está viviendo el planeta responde a una explotación desmedida de los recursos naturales. Para enfrentarla, hay que reconocer que existe un problema y tomar acciones para mitigarlo.
Ellos afirman que las fincas de café pueden contribuir a disminuir los efectos negativos del cambio climático mediante prácticas más responsables con el planeta y con los seres humanos.
“La falta de prácticas responsables, tanto en la explotación de recursos naturales como en el consumo de productos y servicios generados a partir de ellos, son dos de las principales causas de un desbalance de los ecosistemas que habitamos y de los que dependemos. La acumulación de décadas de esos desbalances medioambientales, sumado al calentamiento del planeta, es lo que llamamos crisis climática”, explica Pedro.
Para Rodolfo, esta explotación desmedida de los suelos, el agua y los sistemas forestales que se requieren para producir café debe ser replanteada. “Se necesita un equilibrio entre la naturaleza y el ser humano, desarrollando prácticas orientadas hacia la sostenibilidad”.
Para él esto es importante porque la crisis climática no solo afecta los recursos naturales sino a las comunidades cafeteras. En consecuencia, se generan otras crisis de índole social y económica.
“Hoy, no tenemos mano de obra porque la gente está dejando el campo para irse a países como Estados Unidos. La tierra ya no produce como antes y los cafetales no se han podido regenerar. La migración ha provocado que no haya relevos generacionales en la caficultura y muchos prefieren dedicarse a otros cultivos o actividades más rentables”.

¿Qué pueden hacer las fincas cafeteras?
Silvio está convencido de que las fincas cafeteras pueden contribuir en gran medida a mitigar el cambio climático mediante un manejo agronómico sostenible; sin embargo, pasar de una agricultura convencional a una producción enfocada en la optimización de recursos no es tan sencillo.
Según Rodolfo, se requiere, “en primer lugar, un cambio de mentalidad que parta de la educación de los caficultores y que fomente una conciencia sobre la importancia de cuidar la biodiversidad, el planeta y el bienestar de los seres humanos”.
Por otro lado, se debe hacer una evaluación de los recursos con los que cuenta cada finca. Asi, es posible aprovecharlos de manera equilibrada con el ecosistema y distinguir los recursos renovables de los no renovables.
“Cualquier sustancia que exista, independiente de una intervención humana, que pueda ser usada y transformada para generar un producto o servicio es un recurso natural. Si el planeta, como sistema, puede regenerar ese recurso en escalas temporales cortas y soportar la demanda diaria del consumo es un recurso renovable. Cuando al planeta le cuesta escalas de tiempo más largas renovar esos recursos o existen reservas finitas, estamos hablando de recursos no renovables”, explica Pedro.
Una vez identificados los recursos con los que se cuenta es importante tomar decisiones, basándose no solo en factores relacionados con el cuidado del medioambiente sino en la realidad cultural, social y económica de cada finca. Pedro afirma que es necesario considerar:
- La historia y el tamaño de la finca
- La infraestructura de beneficio y procesamiento de café
- La disponibilidad de recursos económicos o humanos
- Las demandas de manutención de la familia
- Los factores climáticos
“Todo esto limita la capacidad de inversión y el nivel de riesgo que puede asumir una finca productora de café al aplicar mejoras enfocadas en la sostenibilidad”, resalta.

¿Qué buenas prácticas pueden aplicar los productores?
No debemos olvidar que la realidad de cada finca es única. Por eso, no existe un paquete de recomendaciones que se puedan aplicar de manera general en todas las unidades productivas. En ese contexto, cada caficultor debe determinar qué camino tomar.
A pesar de eso, Silvio señala que una buena práctica es enfocarse en la conservación y regeneración del suelo. Por ejemplo, reemplazando los fertilizantes químicos por otros de origen orgánico. Estos, incluso, se pueden preparar con los desechos de la finca, como la pulpa del café o el estiércol de ganado.
Rodolfo, por su parte, considera que es muy importante pensar en las fuentes de agua y su cuidado. “Si tenemos recursos hídricos cerca es importante evitar contaminarlos y establecer mecanismos de reforestación que ayuden a mantener vivos los ríos. Sembrar árboles y especies nativas también aporta a mantener la biodiversidad de la vida silvestre. Es una excelente práctica que ayudará a generar sombra y equilibrar la temperatura del ecosistema”.
Él insiste en que estos cambios no son posibles sin procesos de aprendizaje que generen conciencia y motiven la actuación en comunidad. “No es un trabajo fácil y toma tiempo. Se trata de, paralelamente, tener un pensamiento distinto, regenerar el ecosistema e innovar en nuestra producción para que los cafés sean valorados por todo el esfuerzo detrás de ellos”.
Silvio cree que “mediante el uso de prácticas adaptadas a mitigar el cambio climático es posible conservar la riqueza natural del suelo y, a la vez, obtener una mayor producción que compense los costos de inversión e incluso obtener un ingreso adicional en mercados que valoran la sostenibilidad”.
Tanto él como Rodolfo consideran que la producción bajo el modelo de monocultivo no aporta a equilibrio ambiental. Esto, dada la alta demanda de agroquímicos, fungicidas y fertilizantes sintéticos que requiere este modelo, que termina por degradar los suelos.

Los recursos que demanda una finca de café
Existe un amplio espectro en la demanda de recursos, tanto renovables como no renovables, de una finca productora de café dependiendo de su tamaño, las prácticas de manejo y el sistema de cultivo. A su vez, dependen de la capacidad de adaptarse a las condiciones climáticas, sociales, culturales y a las exigencias del mercado.
Pedro señala que existen “fincas que tienen una demanda muy grande de recursos para mantener altos índices de productividad por hectárea de cultivo. Estas fincas dependen, por ejemplo, en gran medida de la explotación de recursos no renovables como fósforo, potasio o nitrógeno para la producción de fertilizantes sintéticos y de combustibles fósiles para su producción y transporte”.
Existen, por otro lado, fincas que únicamente hacen uso de recursos naturales renovables para producir café. “Estás fincas, al usar únicamente luz solar, agua, biofertilizantes, sombra, un control biológico de plagas y mano de obra para su cosecha y procesamiento tienen tasas de productividad bastante menores pero lo compensan con un acceso a mercados diferenciados”.
No debemos olvidar que una de las principales contribuciones de los cultivos de café al agotamiento de recursos naturales, independientemente de con qué prácticas se haga, es la expansión de la frontera agrícola, asociada al cambio del uso de suelos y a la afectación de fuentes hídricas a causa de la deforestación y la degradación de bosques y otros sistemas.
¿Optimizar el uso de los recursos naturales vuelve al café sostenible?
Si bien la optimización de recursos naturales es importante para producir un café de manera responsable con los ecosistemas, eso no basta para etiquetarlo como sostenible.
Existen muchas brechas en el desarrollo sostenible de las comunidades que producen café que no están únicamente definidas por el impacto ambiental. Aislar la conversación a los recursos naturales o evaluar la sostenibilidad en el café únicamente bajo el lente ambiental, tampoco es correcto, sostiene Pedro.
“Un café que se produzca responsablemente requiere de una valoración igualmente responsable. A su vez, de un precio que reconozca los esfuerzos económicos y el trabajo invertido por los productores para brindar condiciones de trabajo ejemplares a sus trabajadores, garantizarles acceso a educación y preservar los recursos naturales del planeta”.
“En Caravela Coffee promovemos y guiamos a los caficultores en la adopción de prácticas responsables en sus cultivos. A pesar de eso, cada finca tiene diferentes parámetros que determinan su toma de decisiones en función de su realidad específica”, explica.

Una finca de café siempre tendrá la oportunidad de mejorar sus prácticas en función del cuidado del ambiente y el uso adecuado de los recursos naturales. Si bien esto no puede considerarse una obligación, cada vez más los cafés cultivados bajo prácticas sustentables se abren paso en los mercados internacionales impulsados por una mayor conciencia de los consumidores.
Implementar cultivos sostenibles que optimicen los recursos naturales en las fincas siempre será un reto. La clave es buscar una asesoría responsable y un acompañamiento confiable que permita la identificación de oportunidades, guíe la toma de decisiones y contribuya activamente en la implementación de este modelo enfocado en el bienestar del planeta y los seres humanos.
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Créditos de las imágenes: Silvio Morales.
PDG Español
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