Lo que las comunidades indígenas pueden enseñarnos sobre la producción orgánica de café
Resulta innegable el rol de los pueblos indígenas en la producción de café dentro de algunas regiones de Latinoamérica. En México, por ejemplo, el censo agrícola más reciente registró 515 000 productores de café. De ellos, el 85% eran indígenas y el 95% cultivaba menos de tres hectáreas. Por otra parte, la producción de café de comunidades indígenas está ganando mayor relevancia en países como Colombia, Perú y Costa Rica.
Estos pueblos han implementado técnicas tradicionales de cultivo que han sido transmitidas de generación en generación. Así, constituyen un importante saber para garantizar la conservación de los recursos naturales, la sostenibilidad de la producción de alimentos y minimizar el impacto ambiental.
Para conocer en profundidad qué enseñanzas pueden compartirnos las comunidades indígenas sobre la producción de café orgánico, conversé con dos expertos colombianos: Lisardo Domico Yagarí, miembro del Resguardo índígena Hermeregildo Chakiama, ubicado en el departamento de Antioquia, y con Fredy Alfonso Izquierdo, líder del pueblo Arhuaco, ubicado en Santa Marta.
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El vínculo entre las comunidades indígenas y el café orgánico
Fredy Izquierdo se ha desempeñado como un líder de su comunidad por más de 20 años y como dirigente político en representación de los pueblos indígenas. Es el gerente general de la Asociación de Autoridades Arhuacas de la Sierra Nevada (ASO-CIT) y lleva a cabo proyectos dentro de otras comunidades indígenas ubicadas en el territorio colombiano vinculados a la producción y comercialización de café, cacao, panela, entre otros.
Él explica que los indígenas no desarrollan su actividad a una escala industrial porque poseen un arraigo cultural y espiritual a la tierra. Esto impide que modifiquen sus prácticas basadas en la preservación ambiental. Esto no aplica solo a la agricultura sino que se trata de una cosmovisión en la que todo tiene que ser respetado.
Tanto por tradición como por filosofía, estas comunidades no han abandonado la producción orgánica, a pesar del paso del tiempo y de los cambios del mercado. Esta filosofía se transmite de generación en generación. Por lo tanto, existe un compromiso por mantener ese pensamiento, prácticas y forma de vida.
Esto no quiere decir, sin embargo, que no puedan aprender e implementar otras tecnologías o conocimientos. Aunque siempre en concordancia con el respeto y el cuidado del medioambiente (de la madre tierra).
Fredy explica que el manejo de la tierra, la preservación de los recursos naturales y la transmisión cultural entre generaciones se fundamentan en la Ley Ancestral o Ley de Origen, que rige a su forma de vida.

Su modelo productivo: ¿un ejemplo de buenas prácticas?
Lisardo Domico es líder de la etnia Emberá Chamí y trabaja en el sector educativo de la Gobernación de Antioquia. También, es el director de la asociación de productores de Daikape- Nuestro Café-, una iniciativa de emprendimiento familiar en el territorio. Ahí, las autoridades indígenas han iniciado un proceso de asociación comunitaria, llamado Chakiamakape, para procesar, transformar y comercializar el café de sus familias o asociados.
Él cuenta que históricamente su comunidad cultivaba café de variedades tradicionales, como Pajarito y Maragojo por sus propiedades. Posteriormente, empezaron a sembrar nuevas variedades para cubrir sus demandas y necesidades, y contar con una mejor calidad de vida.
“El café fue entrando al mercado de las comunidades indígenas de manera gradual, poco a poco, y comenzó a convertirse en una fuente económica y de sustento familiar”, explica. En ese entonces no se utilizaban agroquímicos para tratar los cultivos, sino que se utilizaba materia orgánica, como cáscara de yuca, maíz y plátano, para fertilizar.
Lisardo afirma que las comunidades indígenas, al llevar a cabo una producción orgánica, no deben invertir en abonos químicos que pueden resultar muy costosos. Además, el hecho de que el café provenga de comunidades indígenas y sea producido de manera orgánica aporta un valor agregado que puede resultar atractivo desde una producción limpia para un nicho de consumidores.
Por otra parte, señala que dentro de las comunidades indígenas se trabaja de manera comunitaria y familiar donde todos forman parte de la actividad. Pone como ejemplo las iniciativas propias de transformación de café en territorio.
Según Fredy, si se contamina la tierra, la producción estará contaminada y quien lo consuma también se contaminará. “Nosotros hemos recuperado más de 60 000 hectáreas de tierras con recursos propios. Ya no las convertimos en producción con agrotóxicos sino de manera orgánica y natural”, explica.
El uso de prácticas tradicionales
Fredy comenta que existe una preparación a nivel espiritual, de acuerdo a la Ley de Origen, durante procesos como:
- La siembra
- El desarrollo
- La cosecha de distintos cultivos
A su vez, muchas comunidades indígenas aún contemplan el calendario lunar para llevar a cabo la siembra y obtener mejores resultados, una práctica basada en sus creencias que fue adoptada por otros caficultores.
Frente a los procesos poscosecha, Lisardo cuenta que el café es tradicionalmente secado al sol. Para evitar la contaminación de los granos, llevan a cabo un control sanitario cuidadoso.

Demanda de café orgánico producido por comunidades indígenas
Lisardo considera que la producción orgánica fue desplazada, en ciertos casos, por el ingreso de nuevas variedades que tenían un mejor rendimiento con el agregado de abono. Por ejemplo, en su comunidad, la caficultura orgánica disminuyó frente a la producción regular.
Más allá de eso, existe una tendencia en los mercados consumidores a una mayor demanda de café orgánico. Esto es, en parte, impulsado por el avance de la crisis climática y la toma de conciencia de los consumidores frente a los productos que adquieren.
Para él, se debe trabajar más en educación y concientización, tanto de los consumidores como de los productores, para generar un regreso al origen; sin embargo, no cree que muchos productores compartan esta misma filosofía, especialmente los grandes caficultores a quienes les llevaría mucho tiempo y esfuerzo realizar este retroceso hacia la producción orgánica.
Fredy opina que la ambición y el desarrollo económico desmedido pueden afectar al planeta y generar catástrofes naturales. Según él, es sumamente importante ser responsables en el uso de las tierras para que las nuevas generaciones tengan acceso a recursos naturales sin contaminar.
En consecuencia, afirma que si se toman los recaudos necesarios se pueden minimizar los efectos del cambio climático. Para eso, es necesario aumentar el protagonismo de actores dedicados a la producción orgánica de café, como las comunidades indígenas, y que sirvan de ejemplo para otros caficultores.
Gracias a la conexión con nuevos mercados, estas comunidades están logrando exportar su producción a otros países. Esto no solo significa un beneficio económico, sino que ayuda a divulgar la labor que llevan a cabo. Reconoce su compromiso con la naturaleza y legitima conocimientos que pueden ser de gran valor para la industria.
El camino a seguir
Fredy invita a los productores a desarrollar el pensamiento orgánico y a abandonar el uso de agroquímicos, nocivos para quiénes cultivan y consumen el café, y para el medioambiente.
Lisardo, por su parte, propone el intercambio de experiencias y conocimientos entre pequeños productores de países con población de comunidades ancestrales. “Mientras mayor producción de café orgánico haya, mejor le va al planeta, mejor le va al consumidor. Eso también debe contribuir al fortalecimiento del nivel económico y sus iniciativas de emprendimiento”.

El café tiene la capacidad de empoderar a las comunidades indígenas y promover el desarrollo social al brindar nuevas oportunidades e idealmente forjar relaciones comerciales equitativas.
Apoyar a estas comunidades con la compra de su café es apoyar una producción más consciente que generará un mayor impacto social y menos consecuencias ecológicas.
Para eso, es importante reconocer que el valor agregado no proviene exclusivamente de los aspectos sensoriales. Por el contrario, se puede encontrar en el trabajo de comunidades que priorizan el bienestar general del planeta.
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Créditos de las fotos: Daikape- Nuestro Café- , Alejandra Soto.
PDG Español
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