13 de septiembre de 2026

¿Cómo ha evolucionado y se ha consolidado el café puertorriqueño?

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Puntos clave

  • El café puertorriqueño ha sobrevivido a décadas de crisis, huracanes y dificultades económicas que redujeron drásticamente su producción
  • Productores, tostadores y baristas están impulsando la recuperación mediante mejores precios, innovación y producción de café de especialidad
  • La formación, la inversión y la mejora de la calidad serán claves para consolidar a Puerto Rico como origen

La historia del café puertorriqueño es una de fortaleza y resiliencia. Esta isla caribeña, que en su día fue el séptimo mayor productor del mundo, alberga hoy en día unas 2000 fincas cafeteras que han sabido sobreponerse a las adversidades, desde huracanes devastadores hasta una historia de opresión colonial.

Tanto los productores como los tostadores y los baristas están revitalizando la industria cafetera de la isla gracias a una decidida apuesta por el café de especialidad, que está redefiniendo el futuro del café puertorriqueño.

Para saber más, hablé con Omar Torres y Kathy Muir de Gustos Coffee en Puerto Rico.

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Productores de café puertorriqueño

Historia del café puertorriqueño

El café ha sido una parte fundamental de la cultura puertorriqueña desde sus orígenes.

“Nos sentimos muy orgullosos de nuestro café, forma parte de nuestra cultura y lo llevamos en la sangre”, afirma Omar Torres, director general de Gustos Coffee, empresa fundada por Omar y su esposa, Grisel León, en 1999. La finca de Gustos se encuentra en Yauco y la planta de tueste en San Juan.

“Casi todas las familias de Puerto Rico tienen, o han tenido en algún momento, un miembro de la familia trabajando en el sector cafetero”, añade.

En la isla se cultiva café desde la década de 1730, cuando las autoridades coloniales españolas lo introdujeron como cultivo comercial. Durante esa época, la mayor parte del café cultivado se consumía a nivel local.

En la década de 1890, la isla se había consolidado como una potencia internacional del café. En su apogeo, cultivaba más de 13,6 millones de kg. “Fue la época dorada del café”, afirma Omar, pero le siguió un período de marcado contraste.

La producción cafetera puertorriqueña sufrió un duro golpe en 1899, cuando el Gobierno de Estados Unidos anexionó la isla, que hasta ese momento había estado bajo el dominio colonial español. Desde entonces, se incentivó a los agricultores puertorriqueños a cultivar caña de azúcar y la producción de café se redujo significativamente.

Los fenómenos climáticos

Los huracanes también han desempeñado un papel inevitable en la historia del café de la isla.

La tormenta tropical San Liborio fue una de las primeras tormentas registradas y devastó las plantaciones de café del suroeste de la isla en 1815. A principios del siglo XX, una oleada de huracanes asoló Puerto Rico, con consecuencias desastrosas para su sector agrícola.

Además, podría decirse que el impacto económico y socioeconómico de los huracanes se agravó tras la anexión por parte de Estados Unidos. A principios del siglo XX, los huracanes azotaban con frecuencia unas fincas agrícolas que ya se encontraban en dificultades. Los aranceles impuestos por las naciones europeas casi paralizaron las importaciones de café puertorriqueño, mientras que Brasil se convirtió en el principal proveedor de Estados Unidos.

La resiliencia caracteriza al sector cafetero de la isla

Con sus plantaciones de café destruidas, Puerto Rico comenzó a depender en 1929 del café importado para satisfacer la demanda local. En 1950, la importación se había consolidado como una industria y, a día de hoy, alrededor de dos tercios del café que se consume en la isla sigue llegando de fuera.

“Aquello se percibió como el principio del fin de las fincas cafeteras puertorriqueñas”, afirma Omar.

En la década de 2010, la producción de café de la isla ya se encontraba en su nivel más bajo de la historia. Entonces, en 2017, los huracanes Irma y María azotaron la isla, destruyendo más del 90 % de los cafetos.

“Los árboles y las fincas quedaron diezmados”, relata Omar. “Recuperarnos de eso fue muy difícil porque no estábamos preparados”.

El huracán Isaías alcanzó la isla en 2020 y fue un nuevo golpe para la producción cafetera.

Actualmente, las fincas cafeteras de Puerto Rico se asemejan bastante a los paisajes anteriores al paso de María. Aun así, persiste el temor que se produzca otro huracán.

Un esfuerzo por renacer

A pesar de todo, los productores siguen luchando. Cuando las fincas cafeteras quedaron devastadas por el huracán María, Gustos Coffee trabajó durante casi dos años para rehabilitar los árboles que quedaban en pie e iniciar los esfuerzos de replantación. La empresa cultivó y distribuyó 100 000 árboles a los agricultores de Yauco, junto a 70 000 paquetes de suministros básicos.

“Tras el paso de un huracán, es habitual que las comunidades que viven en las montañas abandonen la zona porque allí no hay nada que les permita subsistir”, explica Omar. “Necesitábamos apoyar a esas comunidades, proporcionándoles alimentos y servicios básicos, para evitar que se marcharan y animar a los agricultores de la zona a replantar sus fincas”.

Estas iniciativas dieron lugar a la Fundación Gustos, que ha apoyado los esfuerzos de replantación en la isla. Gustos Coffee también abrió un centro en las montañas de Yauco, donde los agricultores tienen a su disposición ordenadores e impresoras para solicitar subvenciones y reembolsos agrícolas.

Tueste de café de Puerto Rico

Por qué persisten los principales retos de producción

Los costos de producción se dispararon cuando la isla pasó a ser un estado libre asociado de Estados Unidos, sujeto a numerosas barreras comerciales impuestas por la Ley Jones. Los aranceles de exportación, por ejemplo, hacen que el café puertorriqueño prácticamente triplique en precio a los cafés de calidad comparable procedentes de otros países.

Las normativas comerciales proteccionistas de Estados Unidos también dificultan y encarecen la importación de café verde para los tostadores. Los Departamentos de Agricultura de Estados Unidos y de Puerto Rico son las únicas entidades que pueden importar legalmente café verde a la isla.

Un oligopolio de grandes tostadores compra la mayoría del café importado para mezclarlo con granos cultivados en la isla. A los tostadores independientes se les prohíbe en gran medida importar café verde y la importación de café semitostado o tostado conlleva aranceles astronómicos.

Los costos de producción se ven agravados por la escasez de mano de obra en las fincas cafeteras, lo que provoca que el café sin recolectar se pudra en los árboles. Las fronteras insulares, rodeadas por mar, así como las políticas de inmigración de Estados Unidos, limitan el flujo de mano de obra migrante, tan necesaria. Muchos recolectores de la isla están acostumbrados a cosechar cerezas verdes para obtener volúmenes rentables.

Además, los propietarios de las fincas deben pagar a los recolectores el salario mínimo federal de Estados Unidos, lo que garantiza, básicamente, que todo el café puertorriqueño sea de comercio justo, pero esto dispara los costos.

La estructura agrícola de Puerto Rico también mantiene bajos los precios del café y desincentiva a los agricultores. Desde la segunda mitad del siglo XX, muchos han abandonado la producción de café en favor de cultivos más rentables o han dejado la agricultura por completo.

Cómo los puertorriqueños están revitalizando su industria cafetera

Empresas como Gustos han ayudado a los productores remunerando los granos de alta calidad por encima de los precios habituales. Esto ha contribuido a atraer a una nueva generación de agricultores jóvenes al sector cafetero.

Tras décadas de programas de ayuda fallidos y la falta de apoyo gubernamental, muchos propietarios y trabajadores de fincas han perdido la esperanza de que se produzca un cambio significativo en las políticas a corto plazo.

Aun así, están encontrando formas de invertir en el sector cafetero de su isla.

“El café puertorriqueño es más que un cultivo, es un símbolo de nuestro patrimonio y nuestra resiliencia”, afirma Omar. “Hemos pasado por muchos huracanes y siempre nos levantamos al día siguiente”.

Como prueba de esta perseverancia, Gustos Coffee reanudó sus operaciones a los tres días del huracán María, a pesar de carecer de electricidad, combustible para los camiones de reparto y los generadores, y de techumbre en sus almacenes y oficinas.

Durante más de un cuarto de siglo, Omar y Grisel han invertido en la producción de café de especialidad, promoviendo su consumo en Puerto Rico. La empresa comenzó vendiendo máquinas expendedoras de café y máquinas de espresso, pero pronto amplió su actividad al cultivo y al tueste para ganar control sobre su cadena de suministro.

“Me di cuenta de que no podía conseguir café de calidad de los tostadores locales, así que empecé a tostarlo yo mismo”, explica Omar. “Queríamos elevar la calidad del café en Puerto Rico y, al mismo tiempo, deseábamos apoyar a los agricultores locales”.

Gustos Coffee Company

El futuro de la industria cafetera de Puerto Rico está en la especialidad

Productores, tostadores y baristas coinciden en que el futuro de la industria cafetera de Puerto Rico depende de la mejora de los estándares de calidad. La innovación en las fincas, las prácticas comerciales equitativas y la formación son fundamentales para estos esfuerzos.

Apenas una fracción del café cultivado en la isla cumple los estándares de café de especialidad y la mayor parte del que sí los cumple se exporta. Un grupo reducido pero apasionado de productores espera cambiar esta situación.

Algunos están innovando con prácticas agrícolas adaptadas al clima, nuevas variedades y métodos de procesamiento experimentales, optando por asumir los elevados costos de producción. Este esfuerzo ha impulsado un renacimiento de la industria cafetera puertorriqueña, que produce un café de especialidad aclamado internacionalmente.

El optimismo también se respira entre los productores puertorriqueños, ya que los aranceles comerciales globales de Estado Unidos podrían dar a su café una ventaja competitiva en el mercado mundial. Puerto Rico no solo está exento de gravámenes a la importación en el mercado estadounidense, sino que los precios récord del café están reduciendo la brecha entre el precio que reciben los agricultores puertorriqueños y sus costos de producción, aunque sin cerrarla por completo.

Avances en calidad

Estos avances económicos graduales pueden beneficiar al creciente número de agricultores puertorriqueños que se esfuerzan por producir microlotes experimentales de especialidad.

Gustos Coffee es un ejemplo de la estructura comercial necesaria para impulsar el café de especialidad puertorriqueño. Un aspecto fundamental de su filosofía es pagar a los agricultores precios que les resulten rentables de inmediato. Esto contrasta radicalmente con el modelo comercial histórico de Puerto Rico, en el que el Gobierno garantizaba a los agricultores la venta de su café, pero normalmente a un precio muy inferior al costo de producción. Los agricultores tenían que depender de los incentivos y las subvenciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos para cubrir gastos.

Para reforzar su apoyo a los agricultores, la empresa también ha invertido en una planta de procesamiento.

“Tenemos un control total sobre la calidad del café desde el momento de la cosecha hasta que lo tostamos y lo servimos”, explica Omar. “Cuando hablo con los agricultores, su ánimo y entusiasmo son muy grandes, y cada año aumentan los acres que replantan”.

Sala de eventos de Gustos Coffee

Invertir en educación

Al igual que en muchos mercados internacionales, mejorar el acceso a la educación es fundamental para impulsar el crecimiento del café de especialidad.

En 2019, Gustos Coffee inauguró la Academia de Café, el segundo centro certificado por la Asociación de Cafés Especiales de Puerto Rico, que ofrece principalmente clases en español.

“Dado nuestro enfoque en el café de mayor calidad, teníamos que abrir una academia para formar no solo a las personas a las que vendemos nuestro café, sino al público en general”, afirma Omar, y añade que, históricamente, algunos puertorriqueños han carecido de acceso a información sobre los costos más elevados del café de especialidad y la percepción sensorial.

“Los profesionales locales del café están deseosos de dar un paso adelante y representar a Puerto Rico”, afirma Kathy Muir, directora de la Academia de Café de Gustos Coffee.

Un número creciente de caficultores asiste a las clases de la academia para conocer mejor las tendencias y demandas de los consumidores, lo que los ayuda a acceder a nuevos mercados y, potencialmente, a aumentar sus ingresos. Por eso, Gustos Coffee prioriza que sus clases sean asequibles para los productores.

“Una formación de alta calidad tiene un precio, pero este debe ser justo para que los productores se sientan cómodos y puedan invertir su dinero en aprender”, afirma Kathy y añade que algunos ya han obtenido un retorno de la inversión gracias a los talleres.

Kathy también destaca cómo la formación crea consumidores de café más conscientes y abre la puerta a más clientes potenciales. “Los baristas domésticos han sido el grupo más numeroso y entusiasta de la academia”, cuenta. “Los prosumidores reconocen que invertir en formación los ayuda a sacar el máximo partido a su equipo de barista en casa”.

Baristas en cafetería de Puerto Rico

Conclusiones finales

Está claro que el café tiene un profundo significado para Puerto Rico y su cultura. A pesar de años de dificultades y retos, el sector sigue mostrando su resiliencia e innovando continuamente.

Si bien la isla ya se está consolidando como origen de café de especialidad, se necesitará más tiempo e inversión antes de que pueda aumentar sus niveles de producción y exportación.

Mientras tanto, la formación, el apoyo continuo y una mejor representación siguen siendo clave para el éxito.

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Crédito de las imágenes: Gustos Coffee

Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.

PDG Español 

Ten en cuenta: Gustos Coffee es patrocinador de Perfect Daily Grind

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