¿Puede el café aprender del cacao?
- Los precios del café han aumentado más de 100 % en un año debido a las tensiones generadas por el cambio climático, los riesgos políticos y el caos logístico
- El cacao alcanzó un récord de US $10 000 por tonelada en 2024 y empiezan a surgir paralelismos
- Ambos commodities globales están moldeados por pequeños productores, la especulación y cadenas de suministro frágiles
Durante el último año, la industria cafetera ha sido sacudida. En febrero de 2025, el precio de referencia del Arábica superó los US $4,29 por libra, un aumento de 109 % en un año y de 145 % en cinco años. El Robusta, tradicionalmente más barato, alcanzó en febrero alrededor de US $5849 por tonelada en la Bolsa de Londres, equivalente a US $2,65 por libra.
Varias crisis superpuestas han desencadenado esta volatilidad: fenómenos climáticos en Brasil y Vietnam, inestabilidad política en Etiopía y Myanmar, además de cuellos de botella logísticos en el Mar Rojo y el Canal de Panamá.
Si añadimos aranceles crecientes, inflación y fluctuaciones cambiarias, el resultado es una industria global que ya no puede dar nada por sentado, ni siquiera nuestra taza diaria de café.
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¿Hay una crisis?
La turbulencia es especialmente dolorosa para tostadores y cafeterías pequeñas, que enfrentan mayores costos de compra, retrasos más largos e inventarios impredecibles.
Mientras tanto, las multinacionales se cubren agresivamente o se integran verticalmente, dejando brechas entre actores de la cadena de suministro. Una industria que antes parecía estable ahora se encuentra atrapada entre la especulación y la escasez, con productores y compradores luchando por comprender un mercado que parece cada vez más desconectado de los fundamentos.
En este contexto, algunos miran hacia otro commodity en crisis: el cacao. En diciembre de 2024, el precio del cacao se disparó hasta alcanzar un récord de US $10 000 por tonelada, casi el triple en 18 meses. Aun así, ni los productores de cacao ni los de café necesariamente se están beneficiando de estas ganancias.
“Aunque los precios suban, los pequeños caficultores no ven un aumento en sus ingresos”, explica Pauline Buffle, directora y cofundadora de FFORA. “Por el contrario, con los impactos del cambio climático, deben invertir más tiempo y trabajo en sus fincas”.
Algunos sostienen que los precios altos podrían aprovecharse para aliviar esta presión. Uncommon Cacao advierte sobre el uso del término “crisis de precios” en un artículo de su blog: “la realidad es que los pequeños agricultores han vivido en condiciones de crisis durante años y la posibilidad de precios más altos que les permitan equipar mejor a sus familias y fincas para enfrentar la montaña rusa del cambio climático y la inestabilidad es una luz de esperanza. Dejemos algo claro: precios más altos para los productores de cacao no constituyen una crisis”.
Un fenómeno similar se observa en el café. Los compradores están obligados a adaptarse a una nueva era de precios más que a una “crisis”. Cada vez más voces se preguntan: ¿crisis para quién?
Resiliencia climática y precios más altos están vinculados
El repunte repentino del cacao fue casi una premonición de lo que ocurriría en el sector cafetero y ambos siguen estrechamente ligados.
Las causas inmediatas fueron conocidas: fenómenos climáticos extremos, enfermedades de cultivo y falta de inversión en plantaciones envejecidas en Costa de Marfil y Ghana, que juntas producen más del 60 % del cacao mundial. Una prolongada epidemia de monilia, lluvias erráticas y una ola de calor húmedo extremo diezmaron los rendimientos, provocando la caída de la producción en África Occidental y la subida de los precios.
En la industria del café, Brasil y Vietnam son ejemplos claros del riesgo climático. No solo porque son grandes proveedores globales, sino porque sus volúmenes de producción influyen en los precios internacionales. Aun así, la amenaza del cambio climático se extiende mucho más allá de estos países, poniendo en riesgo al café, y a los caficultores, en todo el mundo.
Ahora bien, el problema de fondo es estructural. Durante décadas, el cacao operó bajo un sistema de precios que dejaba a los productores con márgenes ínfimos, desincentivando la inversión en finca. Aunque la demanda mundial de chocolate aumentaba, la oferta se estancaba.
Un informe reciente, encargado por la European Climate Foundation, argumenta que los grandes fabricantes de chocolate deberían invertir en adaptación climática y en la protección de la biodiversidad en los países productores de cacao.
Poca preparación para enfrentar la nueva realidad
Un artículo reciente de The Guardian, que señala que más de dos tercios del cacao, café, soya, arroz, trigo y maíz importados por la UE en 2023 provinieron de países poco preparados para el cambio climático, plantea que los precios justos están directamente vinculados con la resiliencia climática. “Garantizar que los agricultores reciban un precio justo por sus productos les permitiría invertir en la resiliencia de sus propias fincas (…) Esto no es un acto de altruismo o de criterios ASG, sino un ejercicio vital de mitigación de riesgos para las cadenas de suministro”.
Según Family Farmers for Climate Action (FFCA), una red en crecimiento de 11 organizaciones regionales que representan a unos 95 millones de pequeños productores en el Sur Global, de las 600 millones de fincas familiares en el mundo, el 84 % son minifundios de menos de dos hectáreas. Con todo, en 2021 los pequeños agricultores recibieron apenas el 0,3 % de la financiación climática internacional, pese a destinar miles de millones de sus propios recursos limitados. Además, solo el 19 % de los fondos públicos climáticos para agricultura apoyaron prácticas sostenibles y resilientes.
“Si queremos construir sectores de café y cacao más resilientes, la industria debe empezar por escuchar a los pequeños productores”, dice Pauline. “Ellos son la columna vertebral del suministro global, pero con demasiada frecuencia se les excluye de las conversaciones sobre adaptación al cambio climático. Las soluciones deben diseñarse conjuntamente con ellos, no imponerse desde arriba”.
“Aunque parezca menos urgente para el café, no podemos ignorar la creciente amenaza a los derechos de los agricultores de guardar, usar, intercambiar y vender sus propias semillas. Estas prácticas tradicionales son fundamentales para la biodiversidad, la resiliencia y la soberanía alimentaria, y están cada vez más en riesgo, especialmente en África”.
Una necesidad que no da más espera
“Una de las prioridades más urgentes es el acceso a seguros climáticos justos, accesibles y eficaces. Los pequeños agricultores, incluidos los caficultores, soportan la peor parte de los fenómenos extremos prácticamente sin red de seguridad. Los gobiernos y el sector privado deben garantizar que los productores no carguen solos con todo el riesgo”.
En el sector del cacao de África Occidental, los gobiernos fijaron precios mínimos para proteger a los agricultores; sin embargo, la inflación y la depreciación de las monedas han erosionado esos ingresos reales, mientras que el costo de los insumos se duplicó.
Cuando llegó la crisis, el mercado entró en pánico. Los comerciantes se apresuraron a cubrir contratos. Los procesadores subieron precios o redujeron la oferta. La oleada especulativa fue rápida y autoalimentada. Adicionalmente, como ocurre hoy con el café, las señales de precios llegaron demasiado tarde para rescatar la oferta a corto plazo y fueron demasiado impredecibles para guiar la planificación a largo plazo.
Aquí hay lecciones que el café haría bien en estudiar. Ambos cultivos son intensivos en mano de obra, sensibles al clima y dependen en gran medida de pequeños productores. Ambos se apoyan en cadenas de suministro opacas, donde el valor se acumula de forma desproporcionada en intermediarios y marcas. Además, ambos operan en mercados donde los precios a futuro suelen estar desconectados de la realidad en finca.

Oferta y demanda: cada vez más desconectadas
La idea de que los precios de los commodities reflejan la oferta y demanda reales ha sido durante mucho tiempo un mito tranquilizador en el café. Aunque cada vez es menos cierto.
El precio del café, negociado en los mercados de futuros de Nueva York y Londres, a menudo está determinado más por el sentimiento de los inversionistas, coberturas cambiarias y flujos especulativos que por la escasez física de grano.
Mientras tanto, los costos de flete llegaron a superar el precio de los granos, obligando a los tostadores a reducir calidad o cambiar de orígenes. Lo que está claro es que el precio por sí solo ya no cuenta toda la historia.
Esto no es nuevo. El sector cacaotero de Ghana ha vendido durante años la mayor parte de su cosecha por adelantado para asegurar préstamos: una estrategia que estabiliza precios pero limita las ganancias cuando los mercados suben. En 2024, mientras los precios del cacao se disparaban, los agricultores no pudieron aprovechar las ganancias debido a contratos ya pactados.
Hace años, la chocolatera Tony’s Chocolonely intentó romper con el sistema de commodities fijando precios mínimos más altos para asegurar un ingreso digno a los productores. Irónicamente, con el último repunte del mercado, ahora Tony’s estaría pagando menos por tonelada que sus competidores, obligados a perseguir el mercado. Incluso los modelos de precios bien intencionados tienen sus limitaciones cuando los mercados se desajustan.
Modelos de mercado
Las empresas de café también han probado con comercio directo, primas fijas y contratos anticipados, a veces con resultados mixtos. El problema es la escala. Cuando los precios son bajos, estos modelos ofrecen estabilidad y equidad. Ahora bien, cuando se disparan, pueden generar incentivos perversos o incluso perder acceso a la oferta.
En 2024, el regulador del cacao de Ghana, Cocobod, anunció que dejaría de depender de su tradicional préstamo sindicado para prefinanciar compras de cacao. Este modelo había limitado la capacidad del país de beneficiarse de los picos de precios. Ahora, las empresas compradoras licenciadas (LBC por sus siglas en inglés) deben conseguir financiamiento de manera independiente, principalmente de comerciantes internacionales.
El cambio introduce nuevos riesgos, especialmente para compradores locales con acceso limitado al crédito. Aunque, también, abre la posibilidad de mayor flexibilidad para programar ventas y mejorar el flujo de caja.
Para el café, donde el financiamiento previo a la cosecha también está centralizado y dominado en gran parte por multinacionales, el giro de Ghana ofrece una lección valiosa: repensar la financiación comercial podría reequilibrar el poder y aumentar la resiliencia en toda la cadena de suministro.

Conclusiones finales
La industria en general aún está asimilando este nuevo panorama. Para los consumidores, podría significar precios minoristas más altos y menos consistencia. Para los productores, ingresos extraordinarios un año y desplome al siguiente. Lo que falta es un marco de precios sostenible. Uno que considere no solo la volatilidad, sino la inversión a largo plazo, la resiliencia climática y un reparto más equitativo del valor.
La conclusión parece ser menos sobre si el café puede aprender del cacao y más sobre repensar las cadenas de valor agrícolas que dependen de pequeños productores vulnerables. El progreso dependerá no solo de los mecanismos de precios, sino de la voluntad de enfrentar los problemas de fondo: quién gana, quién asume el riesgo y quién planifica el futuro.
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Traducido por María Romero. Traducción editada por Alejandra Soto.
Nota editorial: este artículo fue publicado originalmente en inglés en Coffee Intelligence
PDG Español
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