¿Qué impacto tendrán los cambios en la certificación Q grader para los profesionales latinoamericanos?
A finales de abril de este año, la Asociación de Cafés Especiales (SCA) y el Instituto de Calidad del Café (CQI) anunciaron la transformación de la certificación Q Grader. Una de las mayores novedades es que, a partir de octubre de 2025, el CQI dejará de participar por completo en las operaciones de la certificación a escala global y solo quedará a cargo la SCA.
Este cambio implica que quienes poseen el Certificado Profesional en Habilidades Sensoriales de la SCA y los títulos Q Grader de Arábica o Robusta, e instructores Q, actuales o vencidos, pueden acelerar el proceso de obtención de su licencia Q evolucionada completando el curso de dos días CVA para catadores antes del 31 de diciembre de 2025.
Se trata de una metamorfosis importante en la metodología de evaluación de la calidad del café y los modelos de comercialización global, dado que los mecanismos para otorgar un puntaje y un precio a los granos dependen, en gran medida, de los parámetros del sistema Q Grader.
Adicionalmente, esta reforma tendrá implicaciones para los profesionales y la industria del café en América Latina, teniendo en cuenta que más del 70 % del café que se produce en el mundo proviene de esta región.
Para conocer cuáles serán los efectos de estas modificaciones en la región, conversé con Dulce Elena Barrera (Guatemala), Octavio Ruiz (México), Víctor Cadenas (Costa Rica), Manuel Fernando Peña y Jayson Galvis (Colombia), todos catadores profesionales ligados a la evaluación de calidad del café.
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¿Un avance en el modelo de evaluación?
La nueva certificación Q Grader implica una evolución tanto en el enfoque pedagógico como en los contenidos del programa. “Lo que se busca es una mayor estandarización y eficiencia, aunque aún está por verse el impacto real en la industria. Los cambios parecen orientados a modernizar la certificación y facilitar su actualización. Esto puede ser positivo si se logra una implementación coherente y justa en diferentes regiones del mundo”, comenta Víctor.
El programa Q evolucionado conlleva cambios profundos, asegura Octavio. “Elimina varias pruebas del sistema anterior, como ejercicios sensoriales fuera de contexto, que eran criticadas por no formar sino excluir. El nuevo enfoque es más pedagógico y está más alineado con metodologías validadas en ciencia sensorial”.
Él agrega que el sistema CVA ofrece una estructura más clara: distingue entre evaluación física, sensorial descriptiva, sensorial afectiva y elementos extrínsecos del café. “Esto permite mirar el valor de un café más allá de una puntuación única, lo que es un paso valioso”.
Dulce destaca que el nuevo sistema enfatiza el fortalecimiento en las competencias sensoriales, la interpretación de los perfiles complejos y la justificación de evaluaciones. “También, incorpora nuevas herramientas, plataformas digitales para el entrenamiento y enfoques más modernos de enseñanza y evaluación, lo que ofrece una formación más personalizada”.
Una novedad interesante es la separación entre lo descriptivo y lo afectivo. Esto abre la puerta a lecturas más contextualizadas del café, algo que podría ser aprovechado por comunidades productoras para reivindicar sus propios parámetros de calidad.
Aunque esta nueva propuesta es sólida en sus aspectos técnicos, la definición de calidad ha estado históricamente centralizada, antes bajo el CQI y ahora en la SCA, sostiene Octavio. “La diferencia aquí no es de forma sino de estructura. Por eso, es crucial que los países de América Latina adoptemos una mirada más crítica, entendiendo que si bien hay avances metodológicos, los profesionales de la región no participamos activamente en la creación de estos marcos de referencia”.

¿Cómo afecta a los profesionales del café en América Latina?
Si bien aún es muy temprano para evaluar la aplicación del nuevo sistema, su adopción, actualmente, conlleva altos niveles de incertidumbre entre los profesionales del café, al menos en el corto plazo. “Muchos catadores, hoy mismo, se preguntan si el nuevo sistema validará de manera justa los conocimientos adquiridos previamente”, comenta Víctor.
“A largo plazo, puede representar una oportunidad de estandarización más global, pero también se puede profundizar la brecha de acceso si no se consideran las realidades socioeconómicas de Latinoamérica. La certificación sigue siendo una herramienta clave de validación y empleabilidad, y su evolución debe ir de la mano de las condiciones del entorno”, añade.
Por su parte, Manuel Fernando considera que estas transformaciones afectarán a los profesionales de la región, aunque no de manera negativa. “Todo cambio genera dudas e incertidumbre, pero poco a poco veremos cómo este sistema irá evolucionando. Considero que debemos ser receptivos y abiertos a conocer e investigar sobre este nuevo sistema y darnos la oportunidad de evaluarlo”.
Él cree que el trabajo de los catadores responde, en último término, a las necesidades del mercado. “Quizá es el propio mercado el que está pidiendo mirar desde otra perspectiva los sistemas de evaluación. Como parte de una industria dinámica, no podemos quedarnos estancados en un solo sistema de trabajo, es bueno evolucionar y adaptarnos al nuevo sistema”.
Según Octavio, el Q Grader evolucionado genera incertidumbre entre los profesionales que invirtieron tiempo y dinero en certificaciones anteriores. “Muchos emprendedores en América Latina invirtieron en infraestructura y equipos costosos que hoy pierden valor por decisiones tomadas desde el ‘alto nivel’, sin consulta ni participación regional. La falta de sensibilidad hacia las realidades de los países productores persiste”.
Algunas de sus consecuencias pueden aportar valor
“Pienso que, a corto plazo, quienes obtengan la certificación Q Grader bajo la nueva modalidad tendrán una ventaja competitiva en el mercado laboral. Esto se debe a que la evolución del sistema propone una mayor estandarización, lo que permitirá a los profesionales con CVA acceder a mejores posiciones en las empresas”, asegura Dulce.
Además, opina que el nuevo sistema fortalecerá la competitividad en la industria. “A medida que más catadores en América Latina obtengan la certificación, el nivel profesional será más alto, lo que puede fomentar una mejora general en la calidad del café”.
Manuel Fernando agrega que si bien esta transformación genera dudas entre los profesionales de la región, no es la primera vez que se ejecutan cambios. “Pasamos de la certificación como jueces SCA a las pruebas y parámetros del CQI, que también han tenido modificaciones y siempre hemos sido capaces de adaptarnos. Este es un cambio más radical, pero solo el tiempo dirá si es la manera más adecuada de evaluar el café o si se debe ajustar”.

¿El nuevo sistema se adapta a las necesidades de los profesionales de la región?
Octavio cree que la nueva certificación, técnicamente, responde a las necesidades de los catadores y profesionales latinoamericanos, aunque plantea una mirada crítica a esta transformación. “El nuevo programa es más coherente, más formativo y menos punitivo que su versión anterior. En términos estructurales, sin embargo, sigue sin resolver las brechas fundamentales de acceso, formación e independencia metodológica”.
Él añade que la circulación del saber aún depende de dos instituciones manejadas desde el Norte Global. “El conocimiento sigue diseñado y administrado por unos pocos. No se reconoce suficientemente el saber local ni se da espacio para crearlo desde los países productores”.
Aunque todavía es pronto para afirmarlo con certeza, el riesgo es que el nuevo esquema no se adapte completamente a las necesidades latinoamericanas. “Esto puede suceder si la evolución no se construye con base en las experiencias y desafíos que enfrentan los profesionales de la región. Es fundamental que haya representación latinoamericana en los procesos de ajuste y retroalimentación de este nuevo modelo”, dice Víctor.
Jayson es más crítico con el sistema general y considera que la evaluación sensorial del café no se puede limitar a un solo formato global.
Según él, “cada país debería certificar a los catadores que compran su café, es decir, que todo origen debería tener su propio código de conducta de calidad. Por ejemplo, si me contratan en una empresa norteamericana para estar a cargo de las compras en Colombia, Costa Rica y México, yo debería tener las tres certificaciones emitidas por cada origen para que me avalen como un catador que comprende las condiciones agroclimatológicas, del beneficio, del secado, la idiosincrasia de la comercialización interna del café y, por ende, su calidad intrínseca”.
Más allá de la certificación Q evolucionada, Jayson afirma: “vamos a seguir en lo mismo, dejando que nos impongan un formato donde lo que se busca es simplemente medir el café con los estándares del mercado donde llega, no del mercado donde nace”.
El costo siempre ha sido un limitante
El debate sobre los costos de los programas Q Grader no es nuevo. Siempre ha sido un limitante debido a la realidad socioeconómica de la región. Aquí, obtener una certificación Q equivale a varios meses de salario.
“Sin duda, esto limita su alcance a una minoría con acceso a recursos económicos o becas. Si no se plantean mecanismos de inclusión, como precios diferenciales, financiamiento o alianzas con instituciones locales, el acceso seguirá siendo desigual. Eso contradice el espíritu de estandarización y desarrollo profesional que la certificación busca promover”, resalta Víctor.
Según Dulce, la adaptación de la certificación dependerá de la capacidad de los catadores para acceder a la formación y la estructura necesaria. “Es fundamental que la SCA y los actores del sector trabajen para que esta certificación sea accesible y relevante para todos los actores de la cadena de valor en la región, con especial atención a las realidades económicas y sociales de los productores”.
Asimismo, Manuel Fernando afirma que para que el programa se adapte a la región debe haber apoyo institucional y empresarial para solventar el financiamiento. “Es muy difícil que todos los profesionales de una empresa o una asociación puedan acceder a la certificación. Esto obliga a tomar decisiones estratégicas de quién va a certificarse para que después pueda compartir ese conocimiento con el resto del personal, que posteriormente pueda ir certificándose paulatinamente”.
¿Es suficiente la respuesta de la SCA?
En un giro inesperado que llamó la atención del sector, el 14 de mayo la SCA anunció un nuevo modelo de precios. Así, según afirma la asociación, garantizan que la educación esté al alcance de más personas.
De acuerdo al comunicado de prensa del anuncio, los costos de la educación variarán según el país, reflejando las realidades económicas locales. En consecuencia, se organizaron a los países en cinco grupos basados en datos del Fondo Monetario Internacional y en el Índice de Paridad de Poder Adquisitivo per cápita. Este enfoque implica que las tarifas de los cursos para alumnos y las tarifas de las licencias para formadores se ajusten de forma justa.
Por ejemplo, señalan que un formador autorizado (AST) del grupo cinco pagará US $975 al año, mientras que uno del grupo uno pagará US $115. Asimismo, un formador del grupo cinco pagará US $50 por curso, mientras que alguien del grupo uno pagará US $8.
A pesar de esta decisión, Víctor afirma que “la reducción de tarifas no resuelve otros obstáculos. Por ejemplo: el transporte, la conectividad, el tiempo libre para estudiar o la traducción de materiales”.
Según él, “la equidad económica requiere más que escalas de precios. Necesita estrategias pedagógicas adaptadas a cada contexto y una distribución más justa de los recursos educativos”.

Conclusiones finales
Si bien la nueva certificación Q Grader plantea una mirada más integral y pedagógica que ofrece una lectura más diversa sobre la evaluación de la calidad del café, se trata de un sistema que llega por imposición de la SCA y el CQI.
Aún se desconoce cuál será su aplicación práctica y el impacto que tendrá en las comunidades cafeteras de la región, pero si no se democratiza su acceso y se toma en cuenta el conocimiento local, sus avances técnicos pueden quedar neutralizados por una estructura que consolida el control de instituciones ubicadas en los países consumidores.
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Créditos de las imágenes: Aldo Merlo – Tostadora de Cafés Extraordinarios, Víctor Cadenas.
PDG Español
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