¿Qué aprendizajes deja la crisis arancelaria en el sector cafetero?
La reciente crisis derivada de los aranceles impuestos por Estados Unidos a diferentes productos, incluído el café, generó disrupciones significativas en la estructura operativa y comercial del sector.
Aunque tras meses de incertidumbre el café verde fue excluido de la medida, el episodio dejó al descubierto fragilidades estructurales que van más allá del comercio exterior. Desde la debilidad institucional y la dependencia de un solo mercado, hasta la urgencia de contar con estrategias de diversificación y gestión de riesgo.
La situación fue, en muchos sentidos, una prueba más para productores, cooperativas, exportadores y gobiernos. ¿Qué ocurrió en realidad? ¿Cuáles países de la región latinoamericana absorbieron mejor el impacto y cuáles sufrieron pérdidas más severas? ¿Qué lecciones deja este capítulo para una industria que ya enfrenta presiones por el cambio climático, la volatilidad de precios y la evolución del consumo global?
Para resolver estos interrogantes, conversé con dos expertas de Ecuador y Colombia.
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Un impacto desigual entre los países de la región
Después de varios meses de incertidumbre y pérdidas significativas, el café verde y otros bienes agrícolas fueron finalmente eximidos de los aranceles estadounidenses. A pesar de eso, el impacto ya era una realidad. Las consecuencias para los países productores de la región fueron profundas, asimétricas y, en muchos casos, cuantificables.
A mediados de 2025, la industria cafetera global recibió un golpe inesperado: Estados Unidos impuso aranceles extraordinariamente altos al café verde y procesado. Brasil fue el más afectado. El arancel comenzó en 10 %, pero en julio se sumó un gravamen adicional del 40 %, llevando el total al 50 %.
Esta medida generó una caída acumulada del 20 % en las exportaciones de Brasil hacia Estados Unidos entre enero y octubre, y episodios críticos en los que la reducción mensual superó el 70 %. Según el Consejo de Exportadores de Café de Brasil, solo en octubre los envíos hacia Estados Unidos cayeron 54,4 %. Para los compradores estadounidenses, el costo del café brasileño se encareció entre 10-50 %, lo que aceleró una sustitución temporal hacia otros orígenes.
Colombia también fue incluida inicialmente en el paquete arancelario, con tarifas del 10 % para café verde y 15 % para café tostado. Aunque la medida fue revertida semanas después, el impacto en el flujo comercial fue evidente. Estados Unidos es el destino de alrededor del 40 % de las exportaciones cafeteras colombianas, por lo que incluso este periodo corto de vigencia generó presión sobre contratos, logística e inventarios. Paradójicamente, Colombia se convirtió en uno de los ganadores coyunturales. Entre enero y agosto exportó cerca de 3,3 millones de sacos a Estados Unidos, un aumento del 14 % interanual. El valor total exportado podría superar los US $5000 millones al cierre de 2025.
Pocos se salvaron de los efectos secundarios
Perú y Honduras también enfrentaron distorsiones similares, aunque en menor escala. Para todos los países que no recibieron exenciones inmediatas, el periodo más crítico significó una pérdida estimada de entre 8-15 % en competitividad en el mercado estadounidense. Este deterioro no se explicó únicamente por los aranceles, sino por el aumento de los costos logísticos, la incertidumbre contractual y la necesidad de redirigir café hacia mercados alternativos como China y Argelia.
Deisy Ardila es la CEO del Grupo Cuatro Elementos en Colombia, con sede en Estados Unidos. Ella señala que aunque a comienzos de noviembre el gobierno estadounidense retiró finalmente los aranceles, la volatilidad del episodio confirmó la fragilidad actual del comercio internacional. Las cifras definitivas aún tardarán unos meses en ajustarse, ya que los inventarios del lado estadounidense retrasan la lectura completa del impacto.
Los datos disponibles, sin embargo, muestran con claridad que la región vivió un shock significativo, con Brasil como el origen más afectado y Colombia como uno de los principales beneficiados de la reconfiguración comercial.

¿Las consecuencias pueden ser permanentes?
La eliminación de los aranceles por parte de Estados Unidos no benefició a todos por igual. Para los países productores que pasaron demasiado tiempo bajo el régimen arancelario, las implicaciones son múltiples y en algunos casos permanentes.
Diana Pilar Aguilar, productora de tercera generación de Campo Real en Ecuador, explica que uno de los impactos más inmediatos es la pérdida de competitividad. El café proveniente de estos orígenes ingresó al mercado estadounidense con un sobrecosto artificial, lo que redujo su atractivo frente a competidores que quedaron exentos. Como resultado, los tostadores e importadores migraron rápidamente hacia alternativas más económicas, desplazando a estos países de sus posiciones habituales.
A esto se suma la caída en ingresos y la presión creciente sobre la liquidez interna. Las cooperativas, asociaciones y pequeños productores, especialmente aquellos con menor capacidad financiera, enfrentan inventarios acumulados, contratos suspendidos y flujos de caja insuficientes para atender compromisos como el pago de cosechas o créditos rurales.
Daisy agrega que la reversión abrió la puerta al restablecimiento parcial de la competitividad perdida. Países que enfrentaron los aranceles más altos, como Brasil, recuperaron acceso libre al mercado estadounidense y pudieron reactivar contratos que habían sido pausados, movilizar inventarios retenidos y normalizar gradualmente el flujo de exportaciones. La medida también contribuyó a restaurar la confianza de los compradores norteamericanos, que en muchos casos habían suspendido órdenes, buscado cafés de otros orígenes o acumulado existencias en bodega ante la incertidumbre.
La estabilización toma tiempo
La eliminación de los aranceles permitió igualmente una normalización paulatina de los precios, al retirar una carga impositiva que había encarecido la oferta y reducido la competitividad frente a orígenes. Para los exportadores, esto significó volver a competir en condiciones más equilibradas y aliviar la presión sobre costos ajenos a su control.
“La recuperación de Brasil y de otros países que perdieron competitividad vuelve a poner presión sobre los precios y la cuota de mercado. Para orígenes como Colombia, esto significa que la competencia vuelve. Quienes solo trabajan por precio pueden verse desplazados de nuevo cuando habían tomado cierto protagonismo por menores aranceles”, dice Deisy.
Finalmente, la eliminación de los aranceles no resuelve la volatilidad estructural que marcó el 2025. Factores como el clima, los costos logísticos, la fluctuación cambiaria y la posibilidad de nuevas medidas proteccionistas siguen presentes.

Las grandes lecciones para la cadena de suministro
Si bien la medida arancelaria representó un golpe significativo para la industria, también dejó un conjunto de aprendizajes que que se convierten en una hoja de ruta para enfrentar crisis similares en el futuro. Deysi y Diana las resumen así:
- La importancia de diversificar los mercados
La crisis reforzó la necesidad de diversificar mercados. La concentración excesiva en Estados Unidos dejó al sector expuesto y puso en evidencia la importancia de abrir rutas hacia Europa, Asia, el sur de América Latina y otros mercados emergentes donde crece el interés por cafés con identidad e impacto positivo.
- La calidad y la trazabilidad son escudos contra la volatilidad
Las empresas que están invirtiendo en relaciones comerciales robustas, contratos de largo plazo y propuestas de valor basadas en trazabilidad, sostenibilidad y calidad, resistieron mejor el choque. En un contexto de volatilidad política y comercial, los cafés diferenciados, de procesos especiales y con historias claras demostraron ser más resilientes que los modelos centrados en el commodity.
Esto refuerza la necesidad de construir cadenas de suministro más humanas, que reconozcan el café no solo como un producto agrícola sino como un bien cultural cuyo valor está en su origen y en las personas que lo producen.
- Las instituciones importan
La crisis puso de relieve el papel de gremios, cooperativas, agencias estatales y diplomacia comercial. Países con mejores canales de negociación y representación lograron respuestas más rápidas y menos daños sectoriales.
- El riesgo ya no es solo climático, también es político
El café ha entrado en la órbita de los intereses geoestratégicos. Esto exige capacidades de monitoreo, análisis y respuesta que tradicionalmente no formaban parte del sector.

¿Cómo prepararse para futuras crisis?
Si algo define a la industria del café es su resiliencia: la capacidad de adaptarse, reinventarse y responder a las múltiples crisis que ha enfrentado durante décadas. La medida arancelaria dejó claro que, aunque los países productores no pueden controlar las decisiones políticas de otras naciones, sí pueden reducir su vulnerabilidad y fortalecer su capacidad de respuesta.
Deisy destaca que a nivel país, es fundamental consolidar y defender los acuerdos comerciales que permiten competir en condiciones justas. El caso colombiano lo demostró. Aún teniendo un TLC vigente, se impusieron aranceles, lo que evidencia la necesidad de una diplomacia económica más activa y preventiva. Esto implica trabajar de forma continua, no reactiva, en la estabilidad de las relaciones comerciales.
Además, la región debe aprovechar la experiencia para invertir en infraestructura exportadora, logística eficiente e inteligencia comercial, herramientas que facilitan la diversificación de mercados y reducen la dependencia de un único destino.
A nivel empresarial, especialmente para las pymes cafeteras, la preparación pasa por construir relaciones comerciales sólidas, basadas en confianza y valor agregado, subraya Deisy. Esto significa desarrollar propuestas diferenciadas, comunicar el origen, llevar a los clientes a las fincas, mostrar procesos, cultura y oficio. En otras palabras, sacar al comprador de la lógica del precio y anclarlo a la del valor.

Conclusiones finales
La crisis arancelaria mostró que la industria cafetera no está aislada de la política global. Al contrario, el café es hoy un producto estratégico, vulnerable a decisiones externas que pueden transformar en meses lo que tardó décadas en construirse.
También, demostró que el sector tiene una enorme capacidad de adaptación. Con estrategias más diversificadas, instituciones más robustas y una visión a largo plazo, la cadena cafetera puede resistir los cambios y fortalecerse.
En última instancia, se trata de transformar la cadena de valor: pasar de exportar únicamente café a exportar origen, confianza y propuesta cultural. Esa es la vía para que los países productores no solo resistan futuras crisis, sino que logren liderar la industria desde el origen con mayor poder de negociación y resiliencia.
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Créditos de las imágenes: Yeny Ballesteros, Grupo Cuatro Elementos.
PDG Español
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