¿Todavía necesitamos Q Graders?
- Hay más de 7000 Q Graders en todo el mundo
- La mayoría de ellos están en países no productores de café
- A medida que la industria se esfuerza por lograr una mayor inclusión es importante preguntarse qué tan relevantes son los catadores certificados
El programa Q Grader es la única certificación en la industria del café dedicada exclusivamente a la evaluación de la calidad. Establecido en 2004 por el Coffee Quality Institute (CQI), enseña a los participantes a calificar los cafés objetivamente en función de sus atributos sensoriales y aromáticos.
Una vez certificados, los Q Graders trabajan en diferentes capacidades para evaluar y calificar el café en consecuencia, generalmente utilizando una escala de 100 puntos.
“Recuerdo que antes de convertirme en Q Grader en 2010 había un sentimiento de reverencia por aquellos que los catadores certificaciones en ese momento”, dice Kosta Kallivrousis, gerente de ventas de Algrano en Estados Unidos
Casi veinte años después, el número de Q Graders en todo el mundo ha llegado a más de 7000, un aumento significativo en comparación con la última década. A medida que el programa se ha ampliado, algunos argumentan que ha perdido su sentido de prestigio dentro de la industria.
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Los cambios en la certificación
Además, las percepciones siempre cambiantes sobre la calidad del café plantean un desafío para cualquier cualificación dedicada a cuantificarla.
Esto significa que hay dos preguntas principales para los Q Graders: ¿puede el programa seguir el ritmo de estos cambios y sigue siendo tan esencial como antes?
Cecilia Sanada, Q Grader y consultora de café, enfatiza la importancia de un lenguaje común para la calidad entre productores, exportadores, importadores y tostadores de café. A pesar de eso, cree que el sistema no llega a ser plenamente inclusivo y que su propósito previsto se ha diluido.
“El año pasado, el CQI intentó hacer una calibración anual, principalmente porque los Q Graders lo solicitaron; sin embargo, era una exigencia difícil para quienes viven de contrato en contrato o de cultivo en cultivo en los países productores de café. Simplemente no podían permitírselo, por lo que abandonaron la idea”, dice Cecilia.
En el pasado, te convertías en un Q Grader de por vida pero eso ha cambiado. Los Q Graders ahora tienen que calibrarse cada tres años para demostrar que conocen las tendencias actuales y mantienen los estándares de calidad. Como parte de eso deben realizar exámenes (por los que se debe pagar una tarifa).
Estos recientes cambios de sentido indican que el CQI podría estar lidiando con cómo gestionar eficazmente los estándares de calidad sin dejar de ser relevante en la industria.
¿Quién define la calidad?
A pesar de estos desafíos, definir y cuantificar la calidad juega un papel esencial en la industria del café.
“Calificar correctamente un café es una gran responsabilidad en el mercado”, afirma Cecilia. “Es una forma de negociar el precio de un café según su calidad”.
Dicho esto, los Q Graders son mucho más prominentes en las últimas etapas de la cadena de suministro, una vez que el café sale de la finca. El sitio web del CQI muestra que hay considerablemente más Q Graders en los países no productores, por ejemplo.
Esto pone de relieve un problema fundamental del sistema: la brecha de conocimiento crea un desequilibrio de poder entre compradores y productores cuando discuten sobre calidad.
“Un Q Grader es un ejecutor o guardián de la entidad que [está] representando, a través de puntuaciones y notas”, dice Kosta. “Aunque no puedes decir que eres objetivo como beneficiario de lo que estás calificando”.
“Pensamos que podíamos crear un sistema burocrático e imparcial en torno al sabor al que todos pudieran adherirse: justo para compradores y para vendedores pero, en definitiva, ¿quién determina la calidad? Ni el CQI ni un Q Grader, será el comprador”.
En caso de que haya una disputa de calidad entre comprador y vendedor, Kosta sostiene que siempre será el productor el que capitula.
“Siempre es el productor quien concede al comprador”, afirma. “Incluso si el productor tuviera una licencia de Q Grader y el comprador no, me atrevería a decir que eso se seguiría aplicando”.

Un enfoque inclusivo para definir la calidad
La industria ha avanzado mucho en los últimos años en lo que a inclusión se refiere. Los productores son más prominentes que nunca en las conversaciones y estamos reevaluando cada vez más los mecanismos comerciales que históricamente han estado sesgados a favor de los países no productores.
A pesar de eso, los marcos de calidad y cómo los medimos se han mantenido prácticamente sin cambios.
Los protocolos de clasificación de café verde de la Asociación de Cafés Especiales se han mantenido prácticamente intactos desde principios de la década de 2000. A principios de este año, la organización presentó su Evaluación del Valor del Café con el objetivo de brindar a los profesionales de la industria una “imagen más completa y de alta resolución de un café específico” y al mismo tiempo reducir cualquier posible sesgo en la evaluación.
“No sirve de nada crear algo nuevo si todavía hay una persona en el medio que determina qué es bueno y qué no”, dice Kosta. “Todavía no es un consumidor de café degustando con un productor de café”.
Para algunos los problemas van más allá de cómo definimos la calidad del café. Se trata de cómo funciona todo el mecanismo de fijación de precios en relación con ella.
“Mientras el sabor esté estrechamente relacionado con el valor financiero y permitamos que el mercado dicte qué es bueno y qué no, no habrá manera de que esto funcione”, dice Kosta. “El sabor es tan personal y cultural que no debería estar dictado por el valor financiero”.
En otras palabras, a menos que la industria pueda separar el sabor y el mercado, será difícil alcanzar un enfoque más holístico.
Posibles estrategias a implementar
Según Kosta, hay otras maneras de avanzar. Por ejemplo, un sistema independiente, burocrático e imparcial que evalúe la calidad podría ser preferible a confiar en Q Graders que trabajan para entidades con intereses creados.
Por otro lado, Cecilia no ve la necesidad de desmantelar por completo la certificación Q Grader todavía. Ella sostiene que la mejor manera de crear una conversación más equitativa sobre la calidad y el precio es concentrar esfuerzos en las primeras etapas de la cadena de suministro.

Esencialmente, los productores deberían tener un papel activo en la definición de la calidad, en lugar de limitarse a adherirse a percepciones extranjeras de ella. Con sus voces más prominentes en la industria, los agricultores pueden tener una comprensión integral de lo que significa calidad cuando comienzan a sembrar.
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Traducido por Loreta Moccia. Traducción editada por Alejandra Soto.
Nota editorial: este artículo fue publicado originalmente en inglés en Coffee Intelligence
PDG Español
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