De vuelta a lo básico: el éxito duradero del pumpkin spice latte
Puntos clave
- El pumpkin spice latte de Starbucks, lanzado por primera vez en 2003, es su bebida de temporada más popular de todos los tiempos
- En 2024, el día de su lanzamiento disparó 24 % las visitas a las tiendas
- A pesar de que los aranceles incrementaron los costos del café y las especias, Starbucks afirma que el 10 % de las ventas proviene ahora de “clásicos que vuelven”, como el pumpkin spice latte
Cada otoño, Estados Unidos lleva a cabo el mismo ritual. Los supermercados se llenan de velas con aroma a canela, los perfiles de Instagram se inundan de hojas anaranjadas y las cadenas de cafeterías lanzan al mercado el latte de calabaza y especias (PSL por sus siglas en inglés).
Lo que comenzó como un experimento estacional de Starbucks en 2003 se ha convertido en un icono cultural. Mientras que la competencia busca la novedad, con sabores como el matcha, el ube, la lavanda o el pistacho, el PSL perdura. Su lanzamiento en 2025 fue recibido con una afluencia de clientes casi idéntica a la de 2024, lo que consolidó su estatus como el atractivo estacional más constante en el sector minorista alimentario estadounidense.
Lejos de convertirse en una parodia, el PSL se ha vuelto icónico porque apela a algo más profundo: la nostalgia, el consuelo y un símbolo cultural. En un sector sacudido por las subidas de precios y los gustos cambiantes, la perdurabilidad del PSL es una lección sobre el poder de lo básico.
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Apelar a la nostalgia
El PSL nació hace casi dos décadas, cuando los desarrolladores de productos de Starbucks combinaron el espresso con sabores de pastel de calabaza. La mezcla de especias en sí misma no es nueva: ya en la década de 1950, el fabricante McCormick comercializaba la “mezcla de especias de calabaza” en los supermercados. Aunque Starbucks hizo algo diferente: fusionó la cultura del espresso con la obsesión estacional de Estados Unidos por el otoño, ofreciendo un sabor familiar en la emblemática taza de una cadena global.
Los resultados fueron asombrosos. Starbucks la considera su bebida de temporada más popular de todos los tiempos. Las visitas a las tiendas se dispararon 24 % el día de su lanzamiento en 2024 y se estima que los estadounidenses gastan ahora alrededor de US $32 al mes en productos con sabor a especias de calabaza durante la temporada otoñal, los millennials gastan el doble. Desde 2005, el precio de un PSL grande casi se ha duplicado, superando con creces la inflación general, pero la demanda no ha disminuido.
“Cuando hablamos del pumpkin spice latte, creo que claramente nos referimos al ritual”, afirma André Eieirmann, innovador global en el sector del café y estratega de marketing. “Su perdurabilidad radica en la forma en que conecta a las personas con una época muy concreta del año”.
Calidez y familiaridad
“La ciencia sensorial nos dice que los sabores son algunos de los desencadenantes más potentes de la memoria. La canela, la nuez moscada y el clavo transportan a la gente a cocinas acogedoras, a las vacaciones en familia y a la primera mañana fría en la que te pones un suéter. El PSL es un puente hacia esa sensación, y ese es un atractivo para el consumidor que va más allá del precio. Starbucks y otras marcas siguen generando expectación en torno al regreso del PSL cada otoño. Es estacional, limitado y, por lo tanto, especial. Para mí, esta escasez refuerza su papel cultural”.
Parte del atractivo reside en el propio sabor: un espresso suavizado con leche, redondeado con calabaza, canela, nuez moscada y clavo. Se trata de sabores reconfortantes, arraigados tradicionalmente en las cocinas estadounidenses y en los rituales festivos, lo que tiene una connotación interesante dadas sus violentas raíces históricas coloniales. Las especias asiáticas aportan una calidez y familiaridad que ni el amargor herbáceo del matcha ni la intensidad perfumada de la lavanda logran igualar.
Si bien los aranceles encarecieron la canela o el clavo, Starbucks mantuvo estables los precios del PSL en 2025, poniendo de manifiesto lo estratégica que se ha vuelto esta bebida.
No es solo una bebida: un símbolo cultural
El PSL no es solo una cuestión de sabor. Es sinónimo de un momento cultural: las hojas que caen, los suéter de punto y el tan utilizado meme del “otoño de las chicas cristianas“.
Se le ha satirizado como “la Taylor Swift del mundo de las bebidas de temporada“, básico pero omnipresente, y se le ha ridiculizado y acogido con igual intensidad. Starbucks supo sacar partido de ello mediante una colaboración con la cantante para promocionar la bebida.
De hecho, ese estereotipo es engañoso. Los datos de MarketWatch muestran que el 47 % de los compradores de PSL son hombres, frente a solo el 34 % de los compradores de café con leche sin aditivos. Una encuesta de Ipsos de 2018 reveló que uno de cada cinco estadounidenses disfruta tomando un PSL y otro 21 % está dispuesto a probarlo. Aun así, su identidad cultural se ha visto afectada de forma desproporcionada por comentarios basados en el género, en los que se tilda a las mujeres de consumidoras frívolas. Tal y como informó Vice, incluso los hombres a los que les gusta a veces sienten cierto rechazo al pedir uno.
En un panorama de consumo fragmentado, ser objeto de burlas puede incluso potenciar su influencia. Elegir un PSL es participar en un ritual estacional y declarar lealtad a un ciclo cultural. Refinery29 lo describió en una ocasión como “autoaceptación estacional”: el momento en el que el cliente lo pide no con vergüenza, sino con orgullo, con nata montada y todo.
Un punto de referencia seguro
“La idea de que el PSL es ‘básico’ nunca le ha perjudicado realmente”, afirma André. “Al contrario, lo ha hecho aún más visible. Lo que empezó como una broma se convirtió casi en una insignia de pertenencia. Muchos amantes del PSL podrían incluso decir: ‘¡si ser básico significa amar el otoño y la especia de calabaza, entonces estoy encantado de ser básico!’”.
“La percepción de que el PSL era ‘para mujeres jóvenes’ puede haber marcado su imagen inicial, pero en la práctica el ritual se ha generalizado, traspasando todas las barreras demográficas. El PSL es un capricho asequible. No es barato, pero en comparación con la moda o la tecnología, es mucho más accesible. Cualquiera puede sumarse al ritual. Así que, para mí, los estereotipos le han dado al PSL una identidad más fuerte. Lo ‘básico’ se ha convertido en algo con lo que la gente se identifica y esa identificación se ha transformado en un ritual cultural que ahora acogen personas de todos los orígenes”.
Otras bebidas han tenido momentos virales, como el frappuccino unicornio, los lattes de matcha con pistacho o el té de burbujas, y todas han pasado de moda. El PSL perdura porque supone un agradable descanso de la rutina, pero también porque es un clásico recurrente. En un mundo en el que los gustos van y vienen con cada ciclo de las redes sociales, el PSL se ha convertido en un punto de referencia seguro tanto para los consumidores como para el propio Starbucks.

Consuelo en una época de incertidumbre
Esa previsibilidad resulta valiosa en un momento en el que el sector cafetero se enfrenta a una profunda incertidumbre.
Los futuros del Arábica se mantienen volátiles. Rabobank prevé una desaceleración del consumo estadounidense, una señal preocupante para un sector que durante largo tiempo se ha visto impulsado por una demanda constante. Incluso Starbucks ha reducido sus experimentos, retirando discretamente aquellos que han fracasado, como el latte oleato con aceite de oliva.
En este contexto, apostar por lo básico parece lo más racional. Starbucks afirma que el 10 % de sus ventas proviene ahora de los “clásicos recurrentes”, una categoría dominada por el PSL. Los competidores siguen su ejemplo: Dunkin’ ha ampliado su gama de productos de calabaza, mientras que las cafeterías independientes promocionan sus propias versiones. La estrategia es clara: cuando la demanda es frágil, apostar por los rituales que vinculan a los clientes con sus hábitos funciona.
Las especias de calabaza también aprovechan las peculiaridades de la cultura de consumo en Estados Unidos. Los consumidores estadounidenses valoran especialmente el tamaño, el valor percibido y las experiencias estacionales. Si bien Europa y Asia no han mostrado el mismo nivel de entusiasmo por el PSL, donde ha tenido éxito, se ha interpretado como una expresión de la cultura estadounidense amplificada por las redes sociales y la influencia de Hollywood.
El consumidor estadounidense, más que ningún otro, ansía bebidas reconfortantes y ritualizadas que pueda degustar a lo largo del día: el tipo de bebidas que ocupaban un lugar central en los sitcoms de los 90 y en los memes dedicados a ellas, populares en redes sociales. El PSL ofrece eso mismo, a gran escala. Cuando llega agosto, muchos estadounidenses incluso buscan productos para el hogar, como ambientadores o difusores de aroma con olor a especias de calabaza.
Parte de la infraestructura cultural
Su perdurabilidad también refleja una lógica de consumo más profunda. Las bebidas sirven ahora como indicadores de estilo de vida, además de como preferencias gustativas. Los batidos de proteínas evocan fuerza, el matcha promete energía tranquila y las bebidas con colágeno prometen belleza y eterna juventud. El PSL no compite en cuanto a propiedades funcionales para la salud. Ofrece algo más escaso: el sentido de pertenencia estacional.
Al hacerlo, elude las modas pasajeras y se integra en la infraestructura cultural.
“El PSL demuestra lo poderosos que pueden ser los rituales estacionales, pero no creo que las cadenas se queden estancadas con los clásicos de siempre”, afirma André. “Lo que veo es más innovación que nunca, con la generación Z como principal impulsora. Quieren bebidas que sean divertidas, sorprendentes y que merezca la pena compartir”.
“Fíjate en los últimos ejemplos: Luckin Coffee entrando en Estados Unidos, con formatos novedosos, cadenas de café que mezclan conceptos del té de burbujas o Dutch Bros triunfando con creaciones de menú divertidas. Son señales de que nuestro sector está evolucionando rápidamente, no retrocediendo. Para mí, el PSL sigue siendo una referencia atemporal, la gente lo espera con ilusión cada año, pero la verdadera oportunidad para las marcas reside en encontrar el equilibrio entre la comodidad y la novedad”.

Conclusiones finales
Puede que el PSL nunca vuelva a estar de moda, si es que alguna vez lo estuvo, pero ¿acaso era ese el objetivo? Su genialidad reside en ser predecible, repetible y universal. En un sector del café cada vez más desesperado por la estabilidad, la perdurabilidad del pumpkin spice latte puede ofrecer la lección más básica y, a la vez, más profunda de todas.
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Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.
Nota editorial: este artículo fue publicado originalmente en inglés en Coffee Intelligence
PDG Español
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