¿El auge de las cafeterías de coworking está cambiando el concepto de hospitalidad?
Puntos clave
- Los teletrabajadores están transformando las cafeterías en oficinas informales y económicas, lo que supone un reto para la dinámica del tercer espacio
- Las cafeterías de coworking combinan un café de calidad con servicios específicos para el espacio de trabajo
- Los modelos de suscripción aumentan el gasto por persona y reducen las fricciones con los clientes, contribuyendo a mantener la hospitalidad tradicional
- Este formato requiere una inversión considerable, lo que limita su escalabilidad para los establecimientos independientes
Entra en casi cualquier cafetería una mañana entre semana y es probable que encuentres la misma escena: filas de personas con el portátil abierto, auriculares puestos y, de vez en cuando, atendiendo llamadas en voz baja.
Los nómadas digitales y los trabajadores a distancia no cesan de aumentar desde la pandemia. Algunos estudios revelan que, solo en Estados Unidos, el nomadismo digital aumentó 131 % entre 2019 y 2022.
“Su presencia cambia la dinámica de una cafetería”, afirma James Leigh, propietario de una en Preston, Reino Unido. “Cuando la gente permanece mirando las pantallas en lugar de hablar entre sí, el local se queda en un silencio sepulcral”.
Este cambio también genera tensión entre los propietarios de las cafeterías. Los trabajadores a distancia suelen alargar una sola bebida durante horas, ocupando una mesa que, de otro modo, podría rotar dos o tres veces en el mismo periodo. Según un estudio de Square, el trabajador a distancia medio en una cafetería gasta significativamente menos por hora que un cliente tradicional.
Por este motivo, las restricciones y las prohibiciones totales del uso de portátiles seguirán siendo un debate recurrente en el sector del café, sobre todo en los negocios independientes más pequeños, donde los márgenes ya son ajustados.
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¿Por qué están en auge las cafeterías de coworking?
En lugar de limitarse a expulsar a los que acuden a trabajar, un número creciente de locales está haciendo lo contrario. Están rediseñando sus espacios para darles cabida y, al hacerlo, están creando una nueva categoría de local: la cafetería de coworking. El objetivo es mantener la hospitalidad tradicional mientras se atiende a una fuerza laboral cada vez más móvil.
El modelo de combinar trabajo y ocio no lo inventaron las cafeterías. Empresas como WeWork se expandieron rápidamente en las principales ciudades a finales de la década del 2010, demostrando que la gente estaba dispuesta a pagar un sobreprecio por un espacio de trabajo flexible y bien diseñado que resultara más acogedor que una oficina tradicional.
WeWork y sus competidores ofrecían algo más que un escritorio. Era un ambiente distintivo, café seleccionado de tostadores locales y la energía social de un espacio compartido. La pandemia aceleró los modelos de trabajo híbridos en la mayoría de sectores e impulsó la demanda de espacios de trabajo flexibles fuera del hogar y de la oficina convencional.
La calidad del café ha sido una parte fundamental del éxito de WeWork y otros espacios de coworking. Un estudio de Nestlé Professional reveló que los trabajadores de oficina mencionan sistemáticamente el café de calidad como un factor significativo en la satisfacción laboral y la productividad diaria.
“Las cafeterías de coworking basan su oferta en eso”, afirma James. “Entienden que los trabajadores quieren un café excelente, así que sacan partido de ello, pero saben que el negocio debe dar la misma prioridad a los clientes que buscan una experiencia de cafetería tradicional”.
¿Cómo funcionan?
Hay variedad de modelos. Algunas cafeterías de coworking adoptan un sistema de pago por uso, designando ciertas zonas como aptas para la utilización de portátiles o restringiendo dicho uso a horarios específicos para preservar la experiencia social del resto de clientes.
Otros venden pases diarios o abonos mensuales que incluyen un número determinado de bebidas, lo que proporciona una fuente de ingresos predecible al tiempo que ofrece a los trabajadores remotos la estabilidad que buscan. Este segundo modelo acerca más la cafetería de coworking a un espacio de trabajo compartido tradicional. Al mismo tiempo, conserva el ambiente de cafetería que la hace más atractiva que una oficina.
Costa Coffee ha abierto zonas de trabajo específicas en su local de West Hampstead, en Londres. Mientras tanto, en ciudades como Mánchester, locales como Social Refuge y Northern Pour (antes Foundation Coffee House) han adoptado enfoques similares, integrando wifi estable, numerosas tomas de corriente y zonas tranquilas para llamadas junto a su configuración habitual de cafetería.

¿El coworking merma la cultura de las cafeterías?
El argumento comercial a favor de las cafeterías de coworking es sencillo. Diversifican los ingresos, aumentan el gasto medio por cliente, establecen expectativas claras sobre cómo se utiliza el espacio y reducen las tensiones provocadas por las reglas tácitas sobre cuánto tiempo puede permanecer alguien sentado con una sola bebida. Si se hace bien, también pueden conservar ese ambiente de tercer lugar que originalmente atrae a la gente a las cafeterías. El espacio se percibe como intencional y no forzado.
La cuestión cultural es más difícil de responder. Las cafeterías han sido históricamente lugares de conversación, espontaneidad y comunidad. Formalizarlas como espacios de trabajo, con zonas designadas y niveles de afiliación, cambia su carácter. Existe un argumento razonable según el que las cafeterías de coworking cumplen una función diferente a la de las tradicionales, aunque ambas sirvan café al público.
También, cabe señalar que el modelo requiere una inversión considerable. Se necesita espacio, una infraestructura fiable y personal que comprenda tanto la hospitalidad como las expectativas de un entorno de trabajo. Esta combinación no está al alcance de todos los negocios independientes, lo que significa que las cafeterías de coworking probablemente sigan siendo un formato de nicho en lugar de un cambio generalizado.

Las cafeterías de coworking no están sustituyendo ni a las cafeterías tradicionales ni a las oficinas. Ocupan un espacio específico entre ambas y están dirigidas a personas que buscan un café de calidad, una conexión wifi decente y un ambiente social tranquilo.
Que ese espacio crezca o siga siendo de nicho dependerá, en parte, de cómo evolucione el trabajo híbrido en los próximos años y, en parte, de si el modelo de negocio resulta rentable para más operadores.
Preguntas frecuentes sobre las cafeterías de coworking
¿Qué es una cafetería de coworking?
Una cafetería de coworking combina el ambiente de una cafetería con servicios propios de un espacio de trabajo, como wifi de confianza, enchufes y zonas tranquilas para hacer llamadas. Algunas cobran pases diarios o cuotas de socio, otras simplemente habilitan zonas adaptadas para el uso de portátiles dentro del local.
¿Por qué las cafeterías están imponiendo restricciones para los portátiles?
Los trabajadores a distancia suelen gastar menos por hora que los clientes habituales, lo que reduce unos márgenes ya de por sí ajustados. Las restricciones sobre el uso de portátiles ayudan a los propietarios a conciliar las necesidades de los clientes que van a trabajar con las de los visitantes que acuden únicamente para socializar o comer, protegiendo así los ingresos y el ambiente del local.
¿Suponen las cafeterías de coworking una amenaza para la cultura tradicional de las cafeterías?
No directamente. Tienen una finalidad diferente y requieren una inversión considerable en espacio e infraestructura, por lo que se adaptan a un tipo concreto de local. Es más probable que las cafeterías tradicionales y los cafés de coworking coexistan a que compitan entre sí.
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Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.
PDG Español
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