Las normas de no incumplimiento en los contratos de café necesitan contexto
Puntos clave
- Los contratos de café se están rompiendo bajo la presión: los precios oscilaron casi 40 % en un año
- Las rígidas normas de “no incumplimiento” están dejando al descubierto a quienes asumen realmente el riesgo
- La sostenibilidad requiere un riesgo compartido. Hasta el 90 % del valor sigue sin llegar a los productores, lo que socava la cadena de suministro de la que dependen
Los contratos tienen por objeto proporcionar una certeza legalmente exigible en un sector incierto. En el caso del café, un producto cuyo precio puede oscilar anualmente hasta 40 % o más a merced de las condiciones meteorológicas, las fluctuaciones monetarias o los fondos especulativos, la certeza es un lujo que compradores y vendedores anhelan.
Por eso, para la industria del café, los contratos han sido durante largo tiempo el punto de referencia que ayudan a gestionar el riesgo en un mar de inseguridad y volatilidad. Los tostadores quieren calidad y entregas garantizadas; los comerciantes, márgenes predecibles, y los productores, compromisos de compra que justifiquen la siembra de la próxima cosecha.
En un entorno donde los precios del café se disparan y se desploman, los contratos y compromisos inamovibles están demostrando tener cada vez menos sentido desde el punto de vista empresarial para todas las partes implicadas. Un debate cada vez más intenso cuestiona si un régimen inflexible de “no incumplimiento” realmente hace que los mercados sean más seguros o si simplemente traslada el riesgo hacia los más vulnerables.
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La repartición de ganancias
El incumplimiento estratégico se produce cuando un cambio en las condiciones del mercado, como el precio del café, hace que resulte más ventajoso abandonar un contrato en favor de otra venta.
“Los periodos de precios altos deberían suponer una ganancia inesperada para los productores. Una oportunidad para recuperarse tras años de vender por debajo del costo”, afirma Ashlee Tuttleman, responsable global de café en VOCAL Network. “El hecho de que solo unos pocos puedan beneficiarse pone de manifiesto la desigualdad del sistema”.
“Las prácticas de adquisición suelen trasladar el riesgo de los compradores a los agricultores, quienes ya de por sí corren el mayor riesgo. Cuando los compradores cancelan contratos o retrasan pagos, se socava la estabilidad no solo de los productores, sino de la cadena completa. Todo está conectado: un sistema que protege a un extremo debilitando al otro resulta, en última instancia, contraproducente”.
La edición de 2020 del Coffee Barometer revela que el valor medio de las exportaciones de café verde representa menos del 10 % de los ingresos de entre US $200 000 y US $250 000 millones generados en el mercado minorista del café. Eso supone un 90 % del valor que sigue sin trasladarse a los países productores, lo que justifica la necesidad de compartir el riesgo en las cadenas de suministro.
La vulnerabilidad de los productores
Detrás de las estructuras legales y las normas de intercambio se esconde una cruda realidad: la industria agroalimentaria no siempre sigue las cifras de las hojas de cálculo. Cuando los contratos fallan, los medios de vida y las cadenas de suministro pueden desmoronarse. Cuando se aplican de forma rígida, el resultado es igual de perjudicial.
“El riesgo económico recae directamente sobre los productores. Esto resulta profundamente injusto cuando ya asumimos todo el riesgo de producción derivado del clima y las condiciones meteorológicas”, afirma Irene Villavicencio, productora de café de quinta generación y directora de marketing y estrategia de marca de MAV Coffee en El Salvador. “En El Salvador solo tengo una cosecha al año, una oportunidad de obtener beneficios. Aun así, a menudo apenas alcanza para mantener la finca en funcionamiento”.
“La mayoría de fincas apenas rozan el umbral de rentabilidad. En MAV Coffee, cualquier pequeño beneficio se destina directamente a los salarios, a las comunidades y a la mejora de las variedades. Incluso vendemos la madera de poda como leña para llegar a fin de mes. Mientras tanto, los compradores de los países consumidores tienen poder de negociación, por lo que la carga financiera y de cumplimiento recae sobre nosotros. El resultado son ingresos menos predecibles, menor inversión y mayor vulnerabilidad cuando los precios vuelven a caer”.
Tres tensiones definen la cuestión actual de los contratos y los incumplimientos: dónde recae la responsabilidad, de quién se gestiona el riesgo y si la sostenibilidad (de los agricultores, las empresas o los ecosistemas) puede construirse sobre el miedo a la ruina financiera.
Responsabilidad sin resiliencia
En el foro de la Asociación Suiza del Comercio del Café celebrado en Basilea, comerciantes, tostadores y financieros hablaron sobre la colaboración, la empatía y la confianza. Al mismo tiempo, las conversaciones derivaban con frecuencia hacia una postura más dura: incluir en una lista negra a los productores que incumplen sus obligaciones y negarse a volver a trabajar con los que no pueden ajustarse a las entregas.
La lógica se basa en la claridad contractual. Cuando productores, exportadores, importadores y tostadores firman un contrato a un precio determinado, están obligados a cumplir su compromiso, incluso si el mercado evoluciona en su contra. Muchos en el sector sostienen que esto es justo. Cuando los productores compran materias primas a bajo precio y venden a un precio elevado, se embolsan ganancias extraordinarias. Aunque en los últimos 30 años esto ha ocurrido en menos del 10 % de los casos. Cuando el ciclo se invierte, como ocurre periódicamente, deben cumplir sus compromisos incluso a un costo doloroso.
Para el importador, el riesgo que debe gestionar ante el incumplimiento de un contrato por parte de un exportador o productor es entregar al tostador un café que cumpla con sus requisitos de calidad y origen, precio y plazos, lo que no siempre es una tarea fácil. Los incumplimientos también pueden provenir del tostador. En ese caso, el importador debe gestionar el riesgo de asumir la pérdida y la improbable situación de encontrar un nuevo comprador para el café.
“La liquidez es el eslabón perdido”, afirma Ashlee. “Incluso cuando los precios suben, la mayoría de productores no pueden acceder al efectivo con la rapidez suficiente para beneficiarse. El pago suele llegar meses después de que el café salga de su lugar de origen. Esto obliga a los agricultores a pedir préstamos a tipos de interés exorbitantes solo para cubrir los costos”.
“Los compradores podrían cambiar esta situación mediante pagos más rápidos, prefinanciación o ampliaciones de crédito. No son ideas radicales, sino formas justas de compartir la responsabilidad financiera en una cadena de valor que depende de la resiliencia de los productores”.
Lo que hay detrás de los incumplimientos
La liquidez en origen ni es estable ni está garantizada. En América Latina, financiar una cosecha puede requerir préstamos informales a tipos de interés anuales de hasta el 30 %. Una subida repentina en el mercado C puede duplicar los precios locales de los granos de la noche a la mañana. Cuando aparece un intermediario que paga mejor, la disyuntiva es: cumplir un contrato y perder dinero o incumplirlo para sobrevivir otra temporada o compensar años de pérdidas.
En noviembre de 2021, un artículo de Reuters señalaba que Brasil, Colombia y Etiopía, los tres mayores productores de Arábica del mundo, estaban registrando un aumento de los incumplimientos contractuales por parte de los agricultores. A finales de 2021, Euronews informó que, solo en Colombia, no se habían entregado hasta un millón de sacos de café debido al incumplimiento de contratos. Según Reuters, varios comerciantes de café de gran renombre, entre ellos Louis Dreyfus Company y Volcafé, demandaron a cientos de caficultores brasileños por no suministrar el producto según lo acordado.
“La sostenibilidad tiene que pasar de ‘demostrar y cumplir’ a ‘coinvertir y evolucionar'”, afirma Irene. “El riesgo compartido es lo que hace que los agricultores sean resilientes y que las cadenas de suministro sean estables. En su ausencia, todo permanece frágil”.
“Esto se traduce en medidas concretas: financiación precompetitiva para que los compradores puedan ofrecer pagos a plazo con seguridad, contratos de riesgo compartido que mantengan la previsibilidad y mejores organizaciones de productores capaces de capear la volatilidad. Incluso pequeños pasos, como los fondos de reserva o la inversión real en trazabilidad, pueden marcar una gran diferencia. Cuando los compradores coinvierten, todos salen ganando”.

¿De quién se gestiona el riesgo?
La gestión de riesgos en el sector del café suele referirse a la cobertura y a los derivados. Estas herramientas protegen a los comerciantes y a los grandes tostadores de las fluctuaciones de precios.
En el foro de Basilea, los mercados de bolsa de materias primas fueron elogiados en repetidas ocasiones como la “estrella polar de la confianza”. A pesar de eso, como señaló la especialista en sostenibilidad Ashlee Tuttleman, estos mecanismos son “ajenos a la mayoría de productores y están alejados de la realidad de la agricultura”.
Los agricultores gestionan riesgos diferentes. Precipitaciones impredecibles, brotes de plagas, la tenencia de la tierra, el costo de los fertilizantes e incluso la aceptación social para seguir cultivando. La mayoría de esos riesgos nunca se incluyen en el contrato. Lo que sí se incluye es la obligación de entregar la mercancía, respaldada por sanciones.
Cuando los mercados se disparan, el valor de esa obligación contractual se dispara. Aquí el momento oportuno lo es todo. Un comerciante puede haberse cubierto meses antes, asegurándose un margen sólido, por lo que el incumplimiento de un productor amenaza sus cuentas, no su supervivencia. Mientras tanto, el agricultor se enfrenta a la insolvencia si se ve obligado a entregar su producción a un mercado en el que los precios han rebasado con creces el precio acordado.
Una lógica desigual
Los grandes tostadores e importadores insisten en que rara vez llevan a la quiebra a sus socios más pequeños. Entre otras cosas, porque “matar a la vaca agota el suministro de leche”. Aunque la amenaza de ser incluido en una lista negra persiste. Las sanciones reputacionales pueden ser tan duraderas como las legales.
El efecto es desigual. Cuando la subida de precios favorece a los exportadores, los beneficios se acumulan en las oficinas comerciales de Hamburgo o Ginebra. Cuando castiga a los productores en origen, los incumplimientos provocan medidas disciplinarias. La asimetría es evidente a lo largo de toda la cadena de valor.
Como sostiene Tuttleman, “las subidas de precios a corto plazo no son soluciones a largo plazo”. Una cosa es cubrirse frente a la volatilidad, otra muy distinta trasladarla sistemáticamente a la explotación agrícola.
La sostenibilidad no está sujeta a un simple acuerdo
La retórica sobre la sostenibilidad del café ha evolucionado rápidamente. Las marcas ahora comercializan historias sobre la regeneración del suelo, el empoderamiento de los agricultores y la resiliencia climática.
El flujo de valor, sin embargo, sigue concentrándose lejos de aquellos que aparecen en las campañas de marketing. La prima que se aplica a las “historias de los productores” no suele revertir en quienes las cuentan.
Una cultura rígida que no admite incumplimientos puede socavar las mismas alianzas de las que depende la sostenibilidad. Si una cooperativa quiebra por pérdidas contractuales, se esfuman años de inversión en agronomía, trazabilidad o calidad. La confianza ganada a duras penas se desvanece, los prestamistas se vuelven cautelosos y la cosecha de la próxima temporada puede reducirse.
“El hecho de que solo algunos productores puedan cosechar los beneficios de estos precios elevados pone de manifiesto problemas estructurales del sector. En especial, el papel de una serie de prácticas de adquisición o compra por parte de los actores de la cadena de valor que compensan el riesgo para los compradores a corto plazo, o al menos eso creen, en detrimento inmediato de los agricultores y, en última instancia, en su propio perjuicio debido a los impagos”, afirma Ashlee.
“Todo está conectado y la cadena es tan fuerte como su eslabón más débil. La inacción a la hora de ayudar a compensar los riesgos de los demás, especialmente cuando los compradores tienen el poder de hacerlo en beneficio de los productores, resulta en última instancia contraproducente”.
Hay mucho más en juego que los ingresos. Si las sanciones por incumplimiento empujan a los agricultores a abandonar el sector del café, los tostadores podrían descubrir que mantener la integridad de los contratos les ha costado el propio suministro futuro.
Fortalecer la cadena de suministro
Algunos tostadores y comerciantes están probando cláusulas más flexibles: mecanismos de renegociación cuando los contratos fijos o diferenciales se desvían más allá de los márgenes acordados, apoyo al acceso al capital vinculado a la entrega o costos de cobertura compartidos. Se trata de pasos incipientes, pero reconocen una verdad que los mercados suelen ignorar: los contratos firmados bajo coacción no son instrumentos fiables de seguridad a largo plazo.
“Tenemos que alejarnos de los modelos de cumplimiento paternalistas y avanzar hacia contratos que fomenten la flexibilidad y compartan los beneficios, como los acuerdos indexados con un precio mínimo”, afirma Irene.
“Los comerciantes y los financieros también podrían dar un paso al frente ayudando a los agricultores a adaptarse a las nuevas normativas y ofreciendo un respaldo financiero real, a través de garantías o financiación de existencias. Ese tipo de colaboración protege tanto la seguridad del suministro como la resiliencia de los agricultores”.
El cumplimiento de los contratos es importante, pero un mundo que insista en que se cumpla cada contrato independientemente de las circunstancias corre el riesgo de crear una cadena de suministro frágil. Una que parezca sólida en las hojas de cálculo, pero que se quiebre ante las presiones del mundo real.
“Los contratos deben ir más allá de las transacciones y orientarse hacia la colaboración”, afirma Ashlee. “Eso significa incluir cláusulas de margen compartido, mecanismos de ajuste de precios o garantías de precio mínimo que protejan a los productores de las crisis a la baja, al tiempo que ofrecen seguridad a largo plazo a los compradores”.

Conclusiones finales
“Las instituciones financieras también tienen un papel que desempeñar. Reconocer a los productores como una clase de activos en la que se puede invertir, ofrecer crédito que no dependa de garantías y ampliar los períodos de gracia. La mayoría de los pequeños agricultores ni siquiera tienen contratos, solo acuerdos al contado. Por lo tanto, el primer paso es formalizar el comercio y acortar las cadenas de suministro para establecer una verdadera rendición de cuentas”, resalta Ashlee.
El futuro del café no depende de eliminar el riesgo de impago, sino de comprenderlo: sus causas, sus consecuencias y quién asume el costo. La cuestión ya no es si se cumple un contrato, sino si los contratos pueden evolucionar para reflejar que, en el sector cafetero, al igual que en la propia agricultura, la certeza presenta matices y la sostenibilidad exige que el riesgo se comparta, no que simplemente se asigne.
¿Disfrutaste este artículo? Entonces lee sobre cómo se están adaptando tostadores y productores a los cambios en los precios del café
Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.
Nota editorial: este artículo fue publicado originalmente en inglés en Coffee Intelligence
PDG Español
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