10 de junio de 2026

¿La ayuda a la exportación de Brasil marcará el inicio de una era de subvenciones para el café?

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Puntos clave

  • Brasil puso en marcha una línea de crédito de US $5550 millones para proteger a los exportadores de los aranceles estadounidenses, que alcanzaron hasta el 50 %
  • Brasil suministra alrededor de un tercio del café mundial y marca la pauta para los precios del Arábica
  • El café que, a diferencia de productos como el vino, hace tiempo que no recibe subvenciones, podría estar entrando en una era de nuevas políticas

En respuesta a los aranceles estadounidenses de hasta el 50 % sobre una amplia gama de productos brasileños, entre ellos el café, el Gobierno presentó un plan de rescate y refuerzo para los exportadores: una línea de crédito de unos US $5550 millones.

Este crédito se canalizó a través del Fondo de Garantía a la Exportación (FGE) ya existente, gestionado por el banco estatal de desarrollo BNDES, e incluyó US $823 millones adicionales destinados a las empresas más pequeñas.

El plan, denominado Brasil Soberano, estaba disponible para cualquier sector que se enfrentara a la barrera estadounidense. Ofreció préstamos asequibles, exenciones fiscales y otras medidas, dando prioridad a las pequeñas empresas y a los negocios de alimentos perecederos. A pesar de eso, las implicaciones para el café fueron evidentes. Brasil suministra aproximadamente un tercio del café mundial y es quien fija el precio del Arábica. Además, Estados Unidos se encuentra entre sus mayores compradores. 

La iniciativa se diseñó para amortiguar dos golpes a la vez: la financiación y el riesgo. Los exportadores afectados por la incertidumbre arancelaria se enfrentaron a ciclos de venta más largos, mayores necesidades de capital circulante y coberturas más caras.

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Sacos de café verde brasileño

¿Una reacción necesaria?

Estudios revelan que la incertidumbre comercial frena el crecimiento de las exportaciones al poner a prueba el capital circulante de las empresas, especialmente cuando las transacciones dependen del pago por adelantado. También, lleva a los bancos a desviar el crédito de los pequeños exportadores hacia los grandes importadores y las empresas de la cadena de valor global, lo que amplifica el impacto de las crisis comerciales en el conjunto de la economía.

El BNDES pudo suavizar esos picos asegurando las cuentas por cobrar, descontando contratos de exportación y concediendo crédito vinculado al dólar con diferenciales subvencionados.

“En principio, una línea de crédito considerable y garantías de reparto de riesgos pueden aliviar las presiones de liquidez, reducir los costos de financiación para la cobertura y el capital circulante, así como ayudar a flexibilizar los calendarios de envío”, afirma el equipo de estadísticas de Coffee Intelligence de la Organización Internacional del Café. 

“Este apoyo es especialmente relevante si se tiene en cuenta que, de media entre 2020 y 2024, el 30 % de las importaciones totales de café a Estados Unidos provenían de Brasil, mientras que el 18 % de las exportaciones de café de Brasil se dirigió a ese país”.

El apoyo nacional

La provisión adicional destinada a las pequeñas y medianas empresas marca un cambio intencionado para ofrecer un apoyo nacional más amplio. La línea de crédito refuerza a los comerciantes de tamaño medio cuyos balances son demasiado ajustados para los bancos comerciales en momentos de incertidumbre.

Si el objetivo es mantener el flujo de café mientras compradores y vendedores renegocian sus relaciones, la herramienta es adecuada para su propósito. La medida también subraya que el café sigue siendo una prioridad para Brasil y no solo a la luz de los aranceles.

“En mi opinión, los aranceles han hecho saltar las alarmas, tanto para los exportadores como para los productores”, afirma Augusto Borges Ferreira de Capadocia Coffees en Brasil. “Lo que ha estado sucediendo últimamente es que el cambio climático está hablando mucho más alto que los aranceles, la geopolítica y las guerras”.

Un análisis de las ayudas al sector vinícola europeo

El café lleva largo tiempo envidiando las políticas públicas del vino. Los viticultores europeos se benefician enormemente de las ayudas gubernamentales: desgravaciones fiscales, subvenciones para la reestructuración, fondos de promoción y, cuando es necesario, programas de financiación para la destilación de crisis con el fin de absorber los excedentes de vino. En mayo de 2025, la Comisión Europea aprobó €5000 millones para un programa francés destinado a facilitar la exportación de vinos y bebidas espirituosas a Estados Unidos, a raíz de los aranceles estadounidenses.

Los productores de café, por el contrario, se enfrentan principalmente al mercado. Tras el colapso del régimen de cuotas del Acuerdo Internacional del Café en 1989, los precios pasaron a depender del clima, las divisas y la especulación. 

Los países europeos productores de vino subvencionan a sus productores. Mientras tanto, los países que producen café, a menudo economías en desarrollo, no tienen la capacidad de hacer lo mismo. En su libro Coffee and Wine: Two Worlds Compared, Morten Scholer señala que las subvenciones al café son demasiado complejas para calcularlas o evaluarlas.

Vanúsia Nogueira, directora ejecutiva de la Organización Internacional del Café, sugirió en un artículo publicado en 2023 que, si bien las subvenciones ayudan a mantener la competitividad de los viticultores europeos, ponen de relieve la ausencia de un apoyo similar para los productores de café. A diferencia del vino, que se beneficia de políticas específicas de la UE, el café se cultiva en su mayor parte en países en desarrollo cuyos gobiernos carecen de la capacidad para subvencionar la producción, lo que lo convierte en un caso claro de economías ricas frente a economías pobres.

¿Realidades opuestas?

De hecho, la edición de 2020 del Barómetro del Café cita a OLAM afirmando que “si el café fuera un producto del mundo desarrollado, se habría establecido algún mecanismo de estabilización de precios o, como mínimo, habría habido subvenciones a precios bajos”. 

El tamaño de las empresas del sector también varía significativamente. Algunas compañías cafeteras son gigantescas y controlan una gran parte del mercado mundial. Las mayores empresas vinícolas, por el contrario, representan solo una fracción del sector global.

Aún existen algunas redes de seguridad para los productores de café: las operaciones de precio mínimo vigentes desde hace mucho en Brasil, el crédito rural en condiciones favorables (el Plano Safra) y el fondo Funcafé destinado específicamente al café, han ofrecido financiación estacional, apoyo al almacenamiento y cierta estabilización de los ingresos. 

El impuesto sobre el café de Colombia financia la investigación y la extensión; Vietnam apuesta por el crédito barato y las infraestructuras. Ahora bien, las sumas y las certezas nunca han rivalizado con la política vitivinícola de Europa.

En ese contexto, la nueva red de seguridad para las exportaciones de Brasil marca una transición desde el apoyo “en origen” hacia una política “fronteriza”: seguros, garantías y liquidez que se centran en la interfaz comercial en lugar de en el campo. Las amenazas arancelarias amplifican la demanda de fiabilidad por parte de los compradores de primera línea. Aunque la financiación puede compensar la erosión de los márgenes y evitar las ventas precipitadas de existencias. 

Otros países podrían seguir el ejemplo

Adicionalmente, cambia la dinámica competitiva dentro de Brasil. Las grandes empresas suelen poder repartir el riesgo y recurrir a líneas de crédito bancarias globales, algo fuera del alcance de las cooperativas y los exportadores regionales. Una garantía respaldada por el Estado aporta amplios beneficios, preserva la competencia y, con el tiempo, la innovación, incluyendo, por ejemplo, instalaciones de café soluble, mejoras de calidad y formatos de tueste en origen.

La pregunta es si esto será un bálsamo puntual o el inicio de una política industrial para el café similar a la del vino. 

El café está ligado a gran cantidad de puestos de trabajo en Brasil, los exportadores gozan de visibilidad y la cuota de Brasil en el suministro mundial confiere a cualquier política un impacto desmesurado. Una vez instaurados, los sistemas de garantía son difíciles de revertir. Los prestamistas privados fijan sus precios en función de ellos, las empresas planifican con ellos en mente, y los gobiernos dependen de su peso estratégico como herramientas de política económica exterior. 

Es posible que otros productores tomen nota. Países como Colombia, Vietnam, Etiopía y Uganda podrían ser los siguientes. Algunos apuntan a un mayor valor añadido en origen y a inversiones vinculadas a garantías para desarrollar su capacidad de tostado y producción de café soluble. 

Selección de cosecha de café en Brasil

¿Un nuevo modelo de política cafetera?

Como consecuencia de los elevados aranceles que Estados Unidos aplicó al café brasileño, muchos tostadores replantearon sus mezclas. Se decantaron por café de Colombia, Centroamérica y Robusta de Indonesia o Uganda.

De volver a enfrentar una medida como esta, los precios de esos orígenes subirían, los diferenciales se dispararían y la sustitución llegaría a sus límites, ya que los granos brasileños son la base de muchas mezclas. Esto provocaría un aumento de los precios al por menor y de malestar entre los consumidores.

Brasil, por su parte, desviaría un mayor volumen hacia Europa, China, el Sudeste Asiático y Oriente Medio. En estos mercados los exportadores ya tienen presencia y los regímenes de importación parecen más favorables. La línea de crédito del BNDES favorece precisamente ese giro: reduce el costo de esperar a que se disipe la incertidumbre mientras se profundizan los lazos en otros lugares.

“En los últimos años, países productores como Colombia han estado comprando mucho café de Brasil, tanto comercial como de especialidad”, afirma Augusto. “Creo que con los aranceles, estas compras aumentaron, ya que la tasa de Colombia era del 10 %, al igual que la de Alemania, que también reexporta”.

“Por otro lado, tenemos a China, que ha duplicado sus compras de café brasileño, como lo demuestra la rápida aprobación de las exportaciones a ese país. Los aranceles fueron, para Estados Unidos, una forma de cavar su propia fosa, ya que la oferta de café es menor que la demanda global a corto y medio plazo. Los aranceles funcionan en ambos sentidos, y los productores y exportadores deben cambiar de rumbo y ajustar las ‘velas del barco’”.

Implicaciones para los productores

Para los productores, un ecosistema rico en garantías tiene dos implicaciones. En primer lugar, recompensa la capacidad organizativa. Las cooperativas que puedan demostrar trazabilidad, financiación y logística obtendrán una mayor parte de los beneficios de las subvenciones, consolidando los clústeres regionales. En segundo lugar, fomenta la valorización en origen. Si los exportadores pueden financiar las existencias durante más tiempo y cubrir el riesgo a un menor costo, la creación de líneas de café soluble, molinos para cápsulas e incluso el tueste en origen para mercados cercanos se vuelve menos arriesgado. 

A nivel mundial, un modelo brasileño orientaría la política cafetera hacia las fronteras. En lugar de precios garantizados en el interior, que pueden fomentar la sobreproducción, los gobiernos asegurarían las transacciones, respaldarían el crédito comercial y cofinanciarían la logística. 

“Los aranceles estadounidenses hicieron saltar las alarmas no solo para Brasil, sino también para otros países”, afirma Augusto. “Demuestran que a veces es necesario dar un paso atrás para poder dar dos pasos adelante. Desarrollar políticas cada vez más centradas en el origen real de la producción es la solución para reducir la dependencia de países como Estados Unidos.”.

“Si el productor es fuerte, el país es fuerte. Si el productor es débil, el país es débil. Al final, todo se reduce a la oferta y la demanda. Una buena política garantiza, en teoría, estabilidad a los productores para producir, pero la mayoría de las veces no llega hasta ellos”.

Procesamiento de café en finca de Brasil

Conclusiones finales

Parece poco probable que el apoyo de Brasil desaparezca ahora que pasaron las tensiones arancelarias. El Gobierno ha descubierto una herramienta que respalda una exportación clave, aleja el comercio de los mercados hostiles y ayuda a las empresas más pequeñas a sobrevivir a las crisis. El riesgo es la complacencia. Las garantías no pueden solucionar la volatilidad climática, la escasez de mano de obra o la necesidad de ascender en la cadena de valor. 

La oportunidad es estratégica: si se utiliza para acelerar la eficiencia y la creación de valor añadido, y no para congelar el statu quo, la medida de Brasil podría marcar un cambio decisivo en la política cafetera.

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Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.

Nota editorial: este artículo fue publicado originalmente en inglés en Coffee Intelligence

PDG Español 

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