5 de junio de 2026

Los tostadores deben evitar los cafés de baja rotación para reducir riesgos financieros

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Puntos clave

  • La volatilidad del precio del café está elevando el riesgo financiero para los tostadores, especialmente cuando invierten en microlotes
  • Si bien el interés por el café de especialidad sigue creciendo, muchos consumidores son ahora más sensibles al precio
  • Para adaptarse, muchos tostadores priorizan compras más flexibles, portafolios equilibrados y estrategias que mejoren la rotación del inventario

Parte de la identidad del café de especialidad se ha construido alrededor de la exclusividad. Microlotes limitados, variedades exóticas y procesos experimentales se han convertido en símbolos de valor dentro de una industria impulsada por la diferenciación.

A pesar de eso, el panorama global del café ha cambiado. El aumento del precio C, los costos logísticos, la volatilidad del mercado y la creciente competencia han elevado de forma considerable el riesgo financiero de comprar café. Al mismo tiempo, en muchos mercados el consumidor enfrenta una disminución del poder adquisitivo, lo que obliga a replantear hasta qué punto sigue dispuesto a pagar más por una taza premium. 

Como consecuencia, algunos tostadores comienzan a enfrentar el riesgo de acumular inventarios de cafés de alto valor que no siempre rotan con la velocidad esperada. Para saber más, hablé con dos expertos de Colombia y Argentina.

Lee también: El dilema del tostador moderno: diferenciación sensorial vs. consistencia comercial

Secado de café bajo sol

Una presión generalizada

Durante los últimos años, el precio C alcanzó algunos de los niveles más altos y volátiles de su historia. En 2020, llegó a cotizarse por debajo de US $1,10/lb, pero a comienzos de 2025 alcanzó picos cercanos a US $4,25/lb. Detrás de este aumento hay varios factores: problemas climáticos en Brasil y Vietnam, déficit mundial de la oferta, presión especulativa sobre commodities agrícolas y tensiones políticas.

Aunque posteriormente el mercado registró correcciones, los precios continuaron moviéndose en niveles históricamente altos y con una fluctuación considerable, afectando la capacidad de planificación financiera de tostadores, importadores y compradores.

Ese incremento elevó el costo base incluso para cafés comerciales, reduciendo los márgenes de muchos tostadores que antes lograban compensar el riesgo de los cafés especiales con líneas más accesibles. Juan Ignacio Aguerregaray, tostador en Mendoza, Argentina, explica que en su país el impacto se volvió todavía más complejo por la inflación, la devaluación de la moneda, las restricciones cambiarias y el aumento de los costos financieros asociados a la importación de café.

A esto se suma la creciente competencia por microlotes diferenciados. El auge de variedades exóticas, fermentaciones experimentales y cafés con perfiles sensoriales complejos ha impulsado una carrera por adquirir lotes capaces de sobresalir en un mercado saturado. En muchos casos, los tostadores terminan pagando precios difíciles de recuperar después en ventas, especialmente cuando el consumidor muestra más sensibilidad al precio final.

Juan Diego Amaya, fundador de la tostaduría Ave de Paso en Bogotá, Colombia, participante de los Global Coffee Awards 2025, señala que la necesidad constante de diferenciarse también ha incrementado otros costos menos visibles dentro de la operación. Ahora, no basta con ofrecer un buen café, muchas marcas sienten la presión de construir narrativas alrededor del origen, desarrollar una identidad visual atractiva y crear experiencias en tienda para mantenerse relevantes.

Producción de microlote de café

¿El consumidor todavía está dispuesto a pagar más?

La desaceleración económica en distintos países está transformando los hábitos de consumo. Aunque existe un segmento comprometido con la calidad, la trazabilidad y el origen, no muchos están dispuestos a asumir incrementos constantes. 

En Australia, por ejemplo, reportes recientes muestran una caída significativa en las ventas de café para llevar debido al aumento del costo de vida. Datos citados por The Guardian indican que más del 50 % de los consumidores australianos empezó a recortar gastos considerados no esenciales, incluyendo café.

Otros análisis advierten que muchas personas están reduciendo el gasto en bebidas premium y salidas a cafeterías como respuesta a la inflación global y al encarecimiento general del consumo. 

Esto no significa, sin embargo, una pérdida de interés por el café de calidad. Según el informe 2025 de la Asociación Nacional del Café de Estados Unidos, el 46 % de los adultos estadounidenses consumió café de especialidad el día anterior, superando por primera vez al café tradicional (42 %). Lo que parece estar cambiando no es el interés por la especialidad, sino la forma en que el cliente evalúa el valor de la compra como un intento de racionalizar el consumo. 

Juan Diego percibe precisamente ese cambio en sus clientes. Para él, el problema no es únicamente el precio, sino la creciente distancia entre ciertos cafés ultraexclusivos y el consumo cotidiano. “Creo que están demasiado caros. Siento que el café es una bebida que se toma todos los días y no debería ser tan inaccesible”.

Él explica que los cafés exóticos o de precios muy elevados generan curiosidad inicial, pero no sostienen una demanda constante. “La gente se aburre del precio. Está bien tener uno que otro café exótico o un proceso más elaborado, pero no creo que ese sea el futuro del café”.

El riesgo de excesos de inventario

En el café de especialidad, la frescura no es solamente un atributo sensorial, es un componente económico. Cada semana que un café permanece inmóvil en inventario puede representar una disminución en su valor percibido, en su potencial de venta y, eventualmente, en la rentabilidad del tostador.

Cuando un negocio acumula existencias de cafés de alto costo el impacto va más allá del espacio físico ocupado en la bodega. El primer problema es el capital inmovilizado. El dinero invertido en café almacenado deja de estar disponible para nuevas compras, operación diaria, nómina, mantenimiento o expansión. En pequeños y medianos tostadores, donde el flujo de caja suele ser limitado, tener inventario detenido se convierte en una presión financiera.

Juan Ignacio señala que este problema se vuelve todavía más grave en economías inestables. “El capital inmovilizado es crítico en Argentina por inflación o por contextos económicos pocos favorables que impactan en el bolsillo de la gente. Tener stock parado destruye el flujo de caja. Obliga a hacer descuentos en cafés comprados originalmente como exclusivos, erosionando márgenes y posicionamiento”. 

Además del impacto financiero, mantener café detenido durante largos periodos aumenta riesgos operativos como la oxidación, la pérdida de intensidad aromática, la aparición de defectos por almacenamiento e inconsistencias en taza.

No todos los cafés enfrentan el mismo nivel de riesgo dentro del inventario. Algunos perfiles parecen particularmente expuestos a perder velocidad comercial. Uno de los casos más evidentes es el de los microlotes extremadamente costosos, especialmente aquellos asociados con variedades exóticas o procesos experimentales, expresa Juan Ignacio. Aunque generan interés y visibilidad en redes sociales, muchas veces tienen un mercado limitado debido a sus precios elevados o perfiles sensoriales poco familiares para el consumidor promedio.

Extraccción de café en Chemex

¿Cómo están respondiendo los tostadores?

La industria ha demostrado una gran capacidad de adaptación frente a contextos adversos, por eso, muchos tostadores están replanteando la forma en que compran, venden y construyen sus portafolios. Más que apostar por grandes inventarios de cafés exclusivos, la tendencia comienza a orientarse hacia modelos más flexibles, estratégicos y ajustados al comportamiento real del mercado y del consumidor. 

Compras más pequeñas y mayor flexibilidad

Una de las principales estrategias consiste en realizar compras más pequeñas y frecuentes, especialmente cuando se trata de microlotes o cafés de alto valor. Esto permite medir la reacción de los consumidores antes de comprometer una inversión mayor.

En paralelo, están ganando relevancia los contratos más flexibles y las relaciones comerciales que permiten ajustar volúmenes de compra según las condiciones del mercado. 

Diversificar para sostener la operación

En lugar de depender exclusivamente de cafés ultrapremium, muchos tostadores buscan equilibrar su oferta con cafés más accesibles, mezclas de rotación constante y algunos microlotes especiales.

Juan Ignacio reconoce que son precisamente las mezclas estables las que ayudan a sostener el flujo de caja y la estabilidad operativa del negocio, mientras que los cafés más exclusivos funcionan como productos de diferenciación y posicionamiento.

El auge del omni-tueste

Dentro de esos cambios también aparece el auge de los perfiles omni-tueste. Esta práctica busca desarrollar cafés capaces de funcionar tanto para espresso como para métodos filtrados.

Juan Diego explica que comenzó a implementar esta estrategia después de notar que muchos consumidores en Colombia no distinguen necesariamente entre perfiles específicos para espresso o filtrado. Según él, esto no solo ayuda a simplificar inventarios y aumentar la rotación de los cafés, sino a construir una relación más sencilla con el consumidor.

Modelos de suscripción

Las preventas y los modelos de suscripción se consolidan como herramientas útiles para reducir la incertidumbre. Estos sistemas permiten estimar mejor la demanda antes de realizar compras y ayudan a mantener un flujo de caja más estable en momentos de alta volatilidad.

Educar para democratizar el consumo

La educación del consumidor sigue siendo una pieza clave. Explicar por qué un café cuesta más, qué implica determinado proceso o cómo influye el origen en la taza puede fortalecer la percepción de valor y reducir la resistencia a ciertos precios. Asimismo, la narrativa de la especialidad necesita comunicar calidad y diferenciación sin convertir el café en un producto complejo, elitista o inaccesible para el consumo cotidiano.

Consumo de café de especialidad

La industria atraviesa un momento de ajuste que obliga a replantear muchas de las lógicas que impulsaron su crecimiento durante la última década. La exclusividad, los microlotes y la diferenciación siguen siendo elementos centrales, pero hoy conviven con un entorno marcado por precios históricamente altos, consumidores más cautelosos y una presión financiera cada vez mayor para tostadores y cafeterías.

El reto ya no parece ser únicamente encontrar cafés excepcionales, sino construir modelos de negocio capaces de sostenerse en el tiempo, priorizando estrategias más flexibles. 

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Créditos de las imágenes: Tatiana Guerrero.

PDG Español

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