El suministro de fertilizantes para el cultivo de café se ve afectado por la coyuntura política del Golfo Pérsico
Puntos clave
- La crisis en el Golfo Pérsico está elevando los costos y dificultando el acceso a fertilizantes para la caficultura
- Reducir la fertilización por los altos precios podría afectar el rendimiento y la calidad del café en futuras cosechas
- Los modelos regenerativos surgen como alternativas para enfrentar la crisis y proteger la rentabilidad de los productores
La tensión geopolítica en el Golfo Pérsico está dejando en evidencia una fragilidad en la caficultura mundial: la fuerte dependencia de fertilizantes importados para sostener la productividad. El bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz y la inestabilidad en Medio Oriente no solo amenazan el comercio energético global sino el suministro de nutrientes esenciales para millones de productores de café.
En un contexto donde los fertilizantes nitrogenados dependen del gas natural producido en países como Arabia Saudita, Qatar e Irán, cualquier interrupción logística se traduce rápidamente en aumentos de precios, retrasos en las entregas y mayor presión sobre los costos de producción.
Según proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los fertilizantes podrían sufrir un aumento del 15 al 20 % durante el primer semestre del 2026 de continuar la crisis en Medio Oriente. Para miles de caficultores, especialmente los pequeños, esta situación podría comprometer tanto su rentabilidad inmediata como la productividad de las próximas cosechas.
Hablé con dos expertos de Colombia y Venezuela para profundizar en este tema.
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El pulmón de los fertilizantes: la conexión con el Golfo
El Golfo Pérsico es mucho más que el centro neurálgico del petróleo, es el eje central de los fertilizantes nitrogenados globales. Países como Arabia Saudita, Qatar e Irán utilizan sus vastas reservas de gas natural para producir amoníaco, la materia prima esencial para la urea. Se estima que cerca del 30 % de los fertilizantes nitrogenados del mundo provienen de esta región.
Los nutrientes principales que viajan desde el Golfo Pérsico hacia los puertos de América Latina incluyen la urea, el fosfato diamónico (DAP) y el fosfato monoamónico (MAP), vitales para el desarrollo de las raíces y la transferencia de energía dentro de la planta.
Para el café de especialidad, esta dependencia es un factor de riesgo crítico. La urea es el motor del crecimiento vegetativo del cafeto, sin ella la planta no desarrolla la estructura necesaria para sostener una cosecha productiva. Cuando el Estrecho de Ormuz enfrenta bloqueos, el flujo se interrumpe, generando no solo un aumento de precios por escasez, sino un desafío logístico masivo que obliga a los barcos a buscar rutas alternativas más largas y costosas.
Los efectos en origen
El impacto en los países productores ya muestra cifras concretas que afectan las estructuras de costos de forma inmediata. Alberto Vaquiro, caficultor colombiano, analista en The Coffee Quest y productor de un café ganador de plata en los Global Coffee Awards 2025, cuenta que ha habido de un incremento cercano al 15 % en el precio del bulto de 50 kg. Un fertilizante que tradicionalmente costaba US $61,50 ha escalado hasta los US $72.60.
En Venezuela, la situación es aún más volátil. César Cortez, caficultor y gerente técnico en La Lefaria C.A., señala que la urea ha sufrido al menos dos incrementos en un solo trimestre, pasando de un valor de referencia de US $21 a US $31 (bulto de 50 kg). Este salto del 47 % evidencia que los mercados con menor infraestructura logística sufren de forma más agresiva las ondas expansivas de la inestabilidad internacional.
El tiempo es un insumo agrícola tan crítico como el nitrógeno. Un bloqueo en las rutas tradicionales obliga a las navieras a rodear el continente africano, añadiendo semanas de retraso y duplicando el valor de los fletes debido a los seguros contra riesgos de guerra. Para el caficultor, un fertilizante que llega un mes tarde puede significar perder la ventana óptima de aplicación, afectando irreversiblemente el ciclo de floración o el llenado del grano.
La dependencia de las importaciones, que en países como Colombia supera el 75 % de los fertilizantes utilizados, deja al sector a merced de las rutas transoceánicas y la estabilidad en Medio Oriente.

La especulación y el acaparamiento
Más allá de los barcos retrasados, existe una amenaza interna: el pánico del mercado. La psicología del comprador juega un papel destructivo. Ante el temor de la escasez, muchos productores optan por compras impulsivas que vacían los inventarios y disparan los precios.
En consecuencia, disminuye la base de bodega y los intermediarios ajustan tarifas injustificadamente sobre inventarios existentes. “Evitar la especulación es un tema muy importante en estos casos porque es donde radica también la falta de información”, advierte Alberto. Evitar el sobreabastecimiento preventivo es fundamental para no asfixiar la cadena de suministro local.
Por otra parte, ante el alza de precios, surge la tentación de recurrir a productos locales de menor costo. A pesar de eso, la eficiencia química marca la diferencia entre una inversión y un gasto perdido. Alberto afirma que, aunque existan minas locales en regiones como Huila, en Colombia, la calidad no es equiparable a la importada del Golfo.
“La asimilación de la planta con el producto nacional es del 50 %, mientras que con el importado el árbol asimila el 100 % debido a los procesos de tratamiento”, afirma. En términos prácticos, usar productos de baja eficiencia para ahorrar costos resulta en una nutrición parcial, lo que se traduce en granos menos densos, árboles más débiles y tazas de menor puntaje.

Los fertilizantes marcan la diferencia
César explica que la fertilización edáfica (al suelo) representa entre el 35-40 % del costo por hectárea de café. Cuando los precios de los NPK (Nitrógeno, fósforo y potasio) se disparan, el productor se enfrenta a una decisión peligrosa: reducir la dosis o eliminar aplicaciones.
“El caficultor está acostumbrado a realizar dos o tres fertilizaciones al año. Si comienza a disminuir las cantidades, los rendimientos y el desarrollo de la planta se verán severamente afectados”, afirma. El fósforo y el potasio, cuya materia prima suele viajar largas distancias desde regiones en conflicto, son vitales para la movilidad de nutrientes y el llenado del fruto.
En agronomía, existe el concepto de hambre oculta: la planta sufre deficiencias nutricionales mucho antes de mostrar síntomas visibles como hojas amarillas. La nutrición del cafeto tiene un efecto residual, la fertilización de hoy garantiza la cosecha de mañana.
Si bien las cosechas actuales pueden estar aseguradas por las aplicaciones realizadas a inicio de año, el riesgo se traslada a la cosecha de 2027. Si la crisis persiste y el productor reduce la nutrición para recuperar la planta tras el esfuerzo de la recolección actual, la afectación en la producción futura será inevitable. Una planta mal nutrida pierde sus defensas naturales, quedando vulnerable ante enfermedades como la roya y los eventos climáticos extremos.
En este escenario, la bioestimulación emerge como una herramienta de resiliencia. César enfatiza que, aunque los foliares no sustituyen al abono de suelo en cafetales adultos, son vitales para gestionar el estrés fisiológico.
El uso de extractos de algas, aminoácidos y microorganismos eficientes permite que la planta optimice los recursos existentes en el suelo y mantenga su metabolismo activo. Es, en esencia, un seguro de vida que permite a la planta soportar la crisis mientras se normaliza el suministro global de fertilizantes granulados.
¿El mercado de especialidad como refugio financiero?
La especialidad ha dejado de ser una categoría de lujo para convertirse en una estrategia de supervivencia. Mientras el café comercial lucha por centavos en la bolsa, el café diferenciado ofrece el margen necesario para absorber los costos operativos inflados.
Alberto sugiere que la clave para absorber estos costos extra es la diferenciación y la venta directa. “Si uno se enfoca en calidad y varietales (como Geisha o Bourbón rosado), y busca exportadoras que compren directo al productor, el margen permite asumir bultos más caros. El café de especialidad puede pagar un precio que da un ‘colchón’ al caficultor”, concluye.
Esta visión es respaldada, por ejemplo, por la realidad del mercado venezolano. César señala que los precios del café verde de especialidad rondan los US $12 por kilogramo, pudiendo alcanzar cifras superiores según el proceso.
Para él, la especialidad exige un compromiso que va más allá del cultivo. “Para ser un caficultor de especialidad, en mi opinión, debes tratar de cubrir todo el proceso”. Esta integración vertical permite al productor defender su precio y mantener la línea de trabajo a pesar del entorno.

Conclusiones finales
La crisis en el Estrecho de Ormuz deja claro que la caficultura latinoamericana enfrenta una vulnerabilidad estructural: depender de insumos importados cuyo precio y disponibilidad pueden cambiar por factores completamente ajenos al productor. Más allá del impacto inmediato sobre los costos, esta coyuntura obliga al sector a replantear la sostenibilidad económica y agronómica de su modelo productivo.
En este contexto, fortalecer la salud del suelo, diversificar las estrategias de nutrición vegetal y avanzar hacia sistemas más resilientes deja de ser solo una aspiración ambiental para convertirse en una necesidad competitiva.
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PDG Español
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