¿La agricultura de secano ya no es viable para el café?
Puntos clave
- El cambio climático está haciendo cada vez más inestable la agricultura de secano en el café porque afecta las lluvias, las floraciones y la productividad
- El riego tecnificado podría ayudar, pero sigue siendo costoso y poco accesible para los pequeños productores
- La adaptación pasa por fortalecer prácticas como la agroforestería, el manejo de sombra y la conservación de suelos
La agricultura de secano es aquella en la que el ser humano no contribuye a la irrigación de los campos mediante sistemas tecnificados, sino que utiliza únicamente el agua que proviene de las lluvias para el desarrollo de las plantaciones.
El cultivo de café en América Latina, con excepción de Brasil, se extendió históricamente en las zonas montañosas donde la lluvia, la altitud y, en general, el microclima resolvía las necesidades hídricas de los cafetales. Por eso, no nació como un cultivo con sistemas controlados de riego, sino bajo la dependencia de patrones más estables de lluvias que permitieron su expansión en estas regiones montañosas.
Ahora, la realidad es otra. Los ciclos pluviales han sido afectados por el cambio climático, afectando la producción cafetera y abriendo el debate sobre si la agricultura de secano continúa siendo viable para el cultivo del café o si es necesario implementar sistemas de irrigación tecnificada que posibiliten una menor dependencia del clima.
Para profundizar en este tema, conversé con Eugenia Balanta, gerente de Cafexcoop, empresa colombiana de las cooperativas de caficultores en el Valle del Cauca (productores de un café ganador de bronce en los Global Coffee Awards 2025), y Mireya Levy, productora de café en Ecuador y miembro de la Asociación Agroecológica Las Tangaras, enfocada en la regeneración y la diversificación de fincas en esa zona.
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El café y su dependencia histórica de la lluvia
El cultivo de café se ha extendido en las zonas de montaña. Este tipo de geografía favorece su desarrollo por factores de temperatura y humedad, menciona Eugenia. “A la vez, esta topografía hace que construir y operar sistemas de riego sea más caro, fragmentado y técnicamente más difícil que en planicies”.
Mireya señala que para hablar del secano es importante diferenciar dos sistemas productivos de café. Por un lado, está el monocultivo a gran escala con cierto nivel de tecnificación, que incluye la producción de Robusta en zonas bajas y planas. Ahí, el acceso a riego es más factible por la ubicación de las zonas aguas abajo, así como por la mayor posibilidad de inversión en sistemas de captación, distribución y riego.
“Por otra parte, está el café de zonas montañosas, usualmente cultivado por pequeños caficultores, ubicados en zonas húmedo-tropicales con propiedades promedio menor a una hectárea, que han dependido de los regímenes lluviosos para sostener su producción. Aquí conducir agua hacia las parcelas implica un costo no planificado, por lo que el manejo de sombra ha sido una estrategia para sobrevivir”.
La producción en montaña donde crecen los Arábicas está concentrada en pequeños productores, para quienes invertir en embalses, bombeo, tuberías, energía y mantenimiento de sistemas de riego es históricamente difícil por el alto costo.
En consecuencia, “resulta más viable organizar la producción de café alrededor de la lluvia estacional. También, hay influencia del cultivo con sombra o arreglos forestales que ayudan a conservar humedad y moderar la temperatura. La dependencia de la lluvia se da por una mezcla de geografía de montaña, predominio de pequeños productores y baja infraestructura territorial”, afirma Eugenia.
El impacto del cambio climático en los patrones de lluvia
“Lo que estamos viendo en los cultivos por efecto del cambio climático son sequías prolongadas o exceso de lluvias. Esto provoca floraciones desiguales o irregulares, cosechas más espaciadas, dificultades con el llenado del grano, más presión de plagas y aparición de enfermedades en ciertos ciclos”, explica Eugenia.
Asimismo, Mireya dice que el cultivo de café es altamente sensible a los cambios de clima. Al ser una planta originaria de África, responde al estrés hídrico y al calor con la floración.
Posterior a la floración los cafetos requieren cantidades de agua importantes para que el llenado del fruto sea exitoso. Además, los Arábicas tienen limitaciones frente a las altas temperaturas, indicando sufrimiento de la planta a temperaturas superiores a 35 °C.
“El cambio climático y su extrema variabilidad pone a quienes producen café bajo una alta susceptibilidad. Por ejemplo: pérdida de las cosechas, incremento de plagas, enfermedades e incluso riesgos por desastres naturales como deslizamientos, anegación, entre otros problemas”, agrega Mireya.
“Frente a años donde las lluvias son constantes y se extienden más allá de los meses planificados, en épocas de sequía la floración suele ser menor lo que impacta en la cantidad de frutos recolectados. Las condiciones de humedad excesiva incrementan la presencia de enfermedades como el ojo de pollo y la roya. Mientras que los eventos de días sin lluvia fomentan la aparición de antracnosis y frutos que no logran llenarse con éxito”.
Hoy, los patrones de lluvia no son constantes, lo que afecta la planificación agrícola. Por ejemplo, los eventos de lluvias torrenciales ponen en riesgo la caída de fruta y causan deslizamientos. Esto genera afectaciones a la infraestructura y problemas con las carreteras para comercializar el producto.
“En la práctica, eso significa menos estabilidad, más costos y más incertidumbre para el productor. Más necesidad de sombra y manejo de suelo, más presión sanitaria, más dificultad para programar fertilización y cosecha, y más riesgo de perder calidad”, asegura Eugenia.

Limitaciones del secano en el contexto actual
La gran limitación agronómica del secano actualmente es que el productor perdió estabilidad hídrica, sostiene Eugenia. “Antes, aunque variable, la lluvia seguía patrones más previsibles. Ahora, hay déficits más largos y aguaceros más concentrados. En el café eso es crítico porque la disponibilidad de agua regula la floración, el crecimiento del fruto y el llenado del grano. La deficiencia hídrica puede reducir el tamaño del fruto, generar granos vanos o defectuosos”.
Mireya agrega que los pequeños productores están poco preparados para enfrentar condiciones cambiantes en los patrones de lluvia y temperatura, dependiendo directamente de la pluviosidad para sostener su producción. “Esto hace que las cosechas sean irregulares y que se deba buscar diversificación económica fuera de las parcelas porque no se puede depender solo de ellas”.
También, enfrentan problemas nutricionales en los cultivos. La falta de agua dificulta la disolución de fertilizantes y la absorción de nutrientes en la planta. “Además, se genera una limitación sanitaria porque el arbusto se vuelve vulnerable a las plagas. En épocas de sequía se dispara la broca y en épocas de lluvia regresa la roya, el mal rosado, entre otros”, dice Eugenia.
Pese a mejorar la cobertura del suelo, la fertilización y el manejo integral, el acceso al agua es crítico para tener éxito en la producción.
Barreras económicas y ambientales del riego como alternativa
Los sistemas de riego tecnificados pueden ser una opción, pero no una solución universal para la producción cafetera. “En Colombia, la mayoría de fincas siguen dependiendo de la lluvia. Pasar al riego implica inversiones altas en captación, almacenamiento, conducción, bombeo y energía, algo difícil para muchos pequeños productores por falta de financiamiento”, comenta Eugenia.
Además, agrega que el acceso al agua no siempre está garantizado. Una expansión mal planificada puede aumentar la presión sobre las fuentes hídricas ya comprometidas. “Por eso, más que pensar en riego masivo, el camino más realista suele ser el riego suplementario y de precisión, combinado con sombra, coberturas y manejo de suelos”.
“Los sistemas de riego generalmente tienen una alta dependencia de inversión pública. No deben ser pensados solamente desde la eficiencia económica, sino desde el fomento de la agricultura familiar de pequeña escala que al ser sistemas agroforestales cumplen un rol fundamental en la mitigación del cambio climático”, dice Mireya.
Ella agrega que actualmente gran parte del agua de riego es acaparada por grandes productores, industria y minería por lo que sin una redistribución será difícil llegar a un reparto equitativo de este recurso.

Alternativas de resiliencia
Según Eugenia, la resiliencia hídrica del café se construye con un paquete de manejo. Sombra bien regulada, conservación de suelos, cobertura vegetal, agroforestería y elección de materiales genéticos o varietales adaptados al ambiente local.
Según ella, “la medida más inmediata y realista para muchos caficultores es mejorar el suelo para que retenga más agua. En laderas cafeteras, la erosión hídrica es una de las mayores amenazas para la productividad. Otra línea muy importante es la agroforestería bien diseñada. No se trata solo de sembrar árboles. Se trata de elegir especies que le sirvan al café, le den ingresos adicionales al productor y beneficien al ecosistema”.
Antes de invertir en grandes y costosos sistemas de riego se debe abordar la cosecha de agua, el manejo de curvas de nivel, el manejo de sombra, el mejoramiento integral del suelo como un ente vivo y acceso, en general, a mayor crédito, inversión y tecnificación de los pequeños caficultores, afirma Mireya.
“La realidad es que el cambio climático solamente incrementa la situación crítica que vive el sector, dependiente de intermediarios y mercados externos, con poca capacidad de inversión, con conflictos y pugnas frente a intereses extractivos, como la minería y la agricultura de exportación a gran escala”.

Conclusiones finales
En definitiva, frente a los embates del cambio climático, la agricultura de secano en el café debe evolucionar. Hay que pensar de manera integral los sistemas de producción, promoviendo la transición agroecológica que no solo implica prácticas de manejo del suelo, agua, sombra, fertilización, varietales adaptados, cobertura y sistemas de riego tecnificado.
Implica, sobre todo, un cambio de paradigma en la industria global del café: una nueva visión en el mercado, la cadena de suministro y los consumidores, además de la apertura de plataformas para debatir la problemática del campo y el desarrollo de una caficultura más saludable.
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Créditos de las imágenes: Eugenia Balanta.
PDG Español
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