Café, niños y controversias culturales
- Algunas personas influyentes de Occidente insisten en evitar el consumo de café en niños y adultos. Aunque las bebidas energéticas con alto contenido en azúcar y cafeína no son objeto de tanto escrutinio
- En mercados como el brasileño, el consumo de café en edades infantiles es una tradición arraigada
- Demonizar el café puede alterar y remodelar los mercados mundiales, dando ventaja a las bebidas con alto contenido en azúcar
El consumo de café en edades infantiles es un concepto que provoca indignación, orgullo o indiferencia. Todo depende del lugar del mundo en el que te encuentres.
Personas influyentes en el ámbito de la salud y el bienestar, sobre todo en el Norte Global, suelen despreciar el café, especialmente ante un público joven. Las redes sociales están plagadas de consejos que advierten a los padres que no dejen que sus hijos tomen ni una taza de espresso.
“¿Qué cantidad de cafeína es segura para los niños? No hay suficientes estudios para determinarlo, pero muchos médicos responderán lo mismo: ninguna”, dice un artículo del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia.
La Academia Norteamericana de Pediatría aconseja que los niños menores de 12 años eviten todos los productos con cafeína, incluidos el café, el té, los refrescos y las bebidas deportivas. En el caso de los adolescentes entre 12 y 18 años, la ingesta debe limitarse a menos de 100 miligramos al día, lo que equivale aproximadamente a una taza pequeña de café tradicional.
Estas opiniones suelen agrupar el café con las bebidas energéticas y azucaradas. El consumo de cafeína en cantidades elevadas es perjudicial para los niños y también para los adultos. Ahora bien, ¿es el café el principal culpable?
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La aprobación social de otros productos
El café no es lo único que provoca un subidón de cafeína. Según una investigación de Consumer Reports, algunas bebidas deportivas pueden contener hasta 250 miligramos de cafeína por botella, dependiendo de la marca. Una taza de té puede contener hasta 47 miligramos, mientras que los refrescos light suelen tener alrededor de 46.
El chocolate también contribuye a la ingesta de cafeína, cuyo contenido aumenta en las variedades más oscuras. Por ejemplo, un puñado de granos de café recubiertos de chocolate puede aportar 336 miligramos de cafeína, según informa el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.
La demonización del café contrasta fuertemente con la aceptación por parte de la sociedad de otros productos para el consumo infantil que podrían considerarse más problemáticos.
“Los refrescos azucarados y las bebidas energéticas, cargados de sabores artificiales y sustancias químicas perjudiciales para la salud, gozan de mayor aceptación que el café, el cual es natural y está respaldado por investigaciones que demuestran sus posibles beneficios para la salud”, afirma Lina Granados, ejecutiva comercial de la empresa exportadora colombiana Racafé.
¿Un trato desigual?
Las bebidas energéticas como Prime, con alto contenido en azúcar y cafeína, se han convertido en un producto de moda entre los niños a pesar de las crecientes evidencias de sus efectos adversos para la salud. Un estudio de 2024 encontró pruebas que respaldan la prohibición de la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años. A pesar de eso, sigue siendo un mercado en auge y hasta un tercio de los niños de Reino Unido consume este tipo de bebidas semanalmente.
Coca-Cola, un producto ultraprocesado cargado de azúcar y aditivos, goza desde hace décadas de un gran éxito comercial dirigido al público más joven.
Incluso la leche de avena, aclamada por algunos padres como una alternativa más saludable, suele estar enriquecida con azúcar. En consecuencia, podría decirse que carece de los beneficios nutricionales de la leche entera.
Los mensajes contradictorios acerca del café aumentan la ansiedad de los padres. En Estados Unidos y en algunas partes de Europa, el consumo de café en edades infantiles es casi un tabú.
Los titulares advirtiendo sobre retrasos en el crecimiento o comportamientos nerviosos garantizan que el café siga siendo una bebida “para adultos”. ¿Es realmente tan perjudicial como dicen? ¿Por qué se ha convertido en un tema tan polémico cuando otros productos, probablemente más nocivos, no son cuestionados?
Contextos culturales y percepciones
En muchos países productores de América Latina, por ejemplo, la idea de que el café no es adecuado para los niños probablemente causaría sorpresa.
Dentro de estas regiones, el café suele estar muy presente en la vida cotidiana. Se introduce a los niños desde una edad temprana, aunque en formas más suaves.
En Brasil, no es raro que los niños tomen una mezcla de café con leche azucarada que se sirve en los desayunos familiares. Ofrecer un cafezinho, una taza pequeña de café fuerte al que se le añade azúcar o rapadura, el azúcar sin refinar de Brasil, es una parte importante de la cultura brasileña, que se extiende también a los niños.
“En países productores como Brasil, especialmente en regiones como Minas Gerais, iniciar a los niños en el consumo de café es una tradición habitual”, afirma Isabelle Mani, consultora de relaciones públicas y comunicación para la industria del café, originaria de Brasil. “Algunas familias incluso dan café con azúcar a los bebés antes de la leche materna, ya que creen que ayuda a prevenir los cólicos”.
“Beber café es algo normal durante la etapa de crecimiento. Recuerdo que, cuando era niña, con cuatro o cinco años, mis padres y tías me dejaban tomar café. A menudo estaba diluido con leche o con una capa de nata. En las ciudades más grandes y globalizadas de Brasil, como São Paulo, la actitud hacia el consumo de café por parte de los niños varía y suele ser menos habitual. Este contraste refleja la diversidad de la cultura y de las tradiciones brasileñas en torno al café”.
Una parte integral de la vida
En Colombia, ciertos médicos sostienen que el café es permisible para los niños. De hecho, algunos niños se están formando como baristas para salvar la cultura cafetera del país.
“Crecí en el epicentro cafetero de Colombia, en una familia que se dedica al cultivo del café desde hace cuatro generaciones”, dice Lina. “El café ha formado parte de mi vida desde que nací. Recuerdo que mi madre servía ‘pintao’ (café con leche) para desayunar todas las mañanas. A lo largo del día, el café de filtro era un imprescindible que se ofrecía en todas las oficinas, fincas o casas que visitábamos, a menudo endulzado con panela o azúcar de caña. Beber el café que ofrece un anfitrión se considera de buena educación, una lección que las madres colombianas inculcan desde muy temprano”.
“Crecer en este entorno nos enseñó que el café es más que una bebida. Es un gesto de hospitalidad, una forma de conectar y un motivo de orgullo. A diferencia de la perspectiva occidental, donde el café puede verse simplemente como un hábito o un estimulante, los colombianos lo consideran una parte positiva e integral de la vida y la cultura”.
El papel del marketing
La percepción negativa del café para los niños parece derivarse en gran medida de las normas culturales occidentales. Históricamente, el café se comercializaba como una bebida para adultos que simbolizaba la productividad, el estado de alerta y la sofisticación. Algunos críticos lo califican de droga social legal.
La publicidad reforzó la idea de que el consumo de café era un indicador de madurez, inadecuado para los niños.
Además, las campañas de salud pública en el mundo occidental se han centrado con frecuencia en los posibles peligros de la cafeína. No ofrecen un debate equilibrado sobre la cantidad, el contexto o los matices culturales.
Irónicamente, muchos de los mismos países que condenan el café no tienen ningún problema en comercializar cereales azucarados o bebidas energéticas cargadas de productos químicos para los niños. Estos productos, fuertemente promocionados por las empresas, a menudo escapan al escrutinio al que se somete el café, a pesar de su relación más directa con la obesidad infantil, la diabetes y los problemas de comportamiento.
Las marcas de cuidado de la piel dirigidas a preadolescentes o las cadenas de comida rápida que crean “menús infantiles” rara vez reciben el mismo nivel de crítica.
Las expectativas sociales en torno a la crianza de los hijos también agravan el problema. En muchas sociedades occidentales, los padres están sometidos a una presión constante para garantizar que sus hijos consuman solo los alimentos y las bebidas más saludables y nutritivas.
Ofrecer café a un niño, incluso con moderación, conlleva el riesgo de que se considere una mala práctica parental, a pesar del contenido relativamente bajo en azúcar de la bebida y de sus posibles beneficios para la salud cuando se consume en cantidades controladas.

Las implicaciones más amplias de la demonización del café
La división cultural sobre la aceptabilidad del café para los niños pone de relieve tensiones más amplias en el mercado mundial de alimentos y bebidas.
Mientras que los países productores normalizan la exposición temprana al café, el consumo en muchos países importadores está impregnado de inquietudes sobre la salud y el estilo de vida, y más desde la pandemia. Esto tiene implicaciones en la forma en que se comercializa, se percibe y se consume el café en todo el mundo.
En consecuencia, la demonización del café podría frenar su atractivo para las generaciones más jóvenes en los mercados occidentales.
Si el café se presenta como poco saludable o inadecuado, la demanda futura podría desplazarse hacia alternativas percibidas como más seguras o modernas. Por ejemplo: los refrescos con cafeína o las bebidas lácteas con sabores artificiales. Esta tendencia podría limitar las oportunidades de crecimiento de las empresas cafeteras, en particular las que dependen de una clientela más joven.
“Para mí, esto se debe a una importante falta de educación de los consumidores y a los persistentes mitos sobre el café que se han transmitido de generación en generación sin base científica ni un contexto suficiente que enmarque las advertencias”, afirma Lina.
“La educación y la información precisa son fundamentales para cambiar las percepciones. Es responsabilidad de la industria del café desmitificar estos conceptos erróneos y promover un consumo informado”.
Por el contrario, la representación errónea del café también supone una oportunidad para reformular la narrativa.
El café es rico en antioxidantes, tiene potenciales beneficios cognitivos y, cuando se consume de forma responsable, supone menos riesgos para la salud que muchas alternativas ultraprocesadas dirigidas a los niños.
Un cambio de imagen
Destacar su papel en las prácticas tradicionales y su condición de producto natural, en contraposición a los brebajes artificiales que saturan el mercado, podría ayudar a rehabilitar su imagen.
Incluso en Brasil, donde el café está ampliamente aceptado, también entre los niños, ha sido objeto de cierto estigma en los últimos años.
“En Brasil y en gran parte de Sudamérica, la asociación entre el café y el azúcar está profundamente arraigada en la historia, debido especialmente al legado del cultivo de la caña de azúcar en la región durante la colonización”, afirma Isabelle.
“El consumo excesivo de azúcar era un problema de salud importante, especialmente para los niños, ya que provocaba problemas dentales generalizados. Esto dio lugar a la fuerte cultura del cuidado dental en Brasil, que ahora es una de las más avanzadas del mundo”.
Esta conciencia histórica sobre el azúcar se extiende más allá de Sudamérica. Llega a partes de Europa, donde equilibrar el amargor de los tuestes oscuros de baja calidad con azúcar se convirtió en una norma cultural. No es por el café en sí mismo o si se trata o no de una mala práctica parental, sino que es la asociación con el azúcar lo que suscita preocupación. Por ejemplo, el tradicional cafezinho brasileño suele contener hasta un 20 % de azúcar, lo que pone de relieve el arraigo de esta práctica”.

Conclusiones finales
En definitiva, la estigmatización del café para el consumo infantil refleja inconsistencias sociales más amplias en nuestra forma de abordar la nutrición y la crianza de los hijos.
Si bien es razonable cuestionar la idoneidad del café para los niños, vale la pena preguntarse por qué otros productos más nocivos siguen escapando a un escrutinio similar. La experiencia de las culturas productoras de café sugiere que esta bebida, cuando se consume con moderación, puede formar parte de una crianza equilibrada y socialmente significativa.
El verdadero reto puede residir en enfrentarse a las fuerzas, ya sean culturales o corporativas, que dan forma a estos debates en primer lugar.
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Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.
Nota editorial: este artículo fue publicado originalmente en inglés en Coffee Intelligence
PDG Español
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