Alquilar fincas, en vez de comprar tierras, es un modelo viable para ampliar la producción cafetera
Quizás el mayor reto para un caficultor sea el acceso a capital para iniciar o potenciar su negocio. Usualmente, las líneas de crédito que atienden a los sectores rurales son limitadas y los pequeños productores tienen dificultades para encontrar un financiamiento que les permita generar rentabilidad.
En este escenario, algunos ven al arrendamiento de fincas como una posibilidad para iniciar un negocio cafetero o para ampliar la producción existente sin la necesidad de realizar una gran inversión en la compra de tierras. Quienes optan por este método prefieren usar el capital disponible en otros gastos, como la infraestructura para riego o una central de beneficio, secado y almacenamiento.
Para conocer más sobre esta alternativa, conversé con Óscar Inocente, un especialista en café que trabaja promoviendo el acceso a financiamiento y mercado para pequeños productores en Perú, y Moisés Hernádez, experto en comercialización de café en Guatemala.
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Arrendar tierras agrícolas, una práctica común en América Latina
La práctica de arrendar tierras para cultivos agrícolas es común desde hace décadas. Como en muchos países su posesión está concentrada, no todos los agricultores tienen suficiente acceso a ella.
“En países andinos, como Perú, esta práctica no está muy extendida en la producción de café al ser un cultivo permanente. Aunque sí se acostumbra a arrendar tierras para la siembra de cultivos de ciclo corto o anual. Por ejemplo, la papa, el maíz o el jengibre”, explica Óscar.
Por el contrario, en Centroamérica y Colombia es más común el sistema de arrendamiento en la producción cafetalera, cuenta Moisés. “El arrendamiento es muy popular. Los productores, muchas veces, no están dispuestos a comprar un terreno por su alto costo. Sí lo hicieran, perderían capital que es necesario para el inicio, mantenimiento y producción de una plantación”.
Según Óscar, entre las razones por las que el modelo de arrendamiento de tierras para la siembra de café tiene acogida están:
- La falta de recursos de los caficultores para sembrar de manera técnica e intensiva, en especial la dificultad para obtener recursos para fertilización
- La falta de agua, algunos agricultores prefieren alquilar sus tierras por un período largo a cambio de que los arrendatarios dejen la infraestructura de agua ya instalada (pozos y tuberías)
- La edad avanzada de los propietarios, como ya no pueden ejecutar las actividades de la finca prefieren tener un ingreso por una renta fija
Funcionamiento del modelo
El trabajo del campo requiere de mucho esfuerzo y, en general, no está bien remunerado. Esto, en palabras de Moisés, “hace que muchos propietarios prefieran invertir en adquirir fincas que más tarde pueden alquilar o vender, en lugar de trabajar ellos mismo la tierra. Por otro lado, los arrendatarios no disponen del capital suficiente para comprar una parcela y, al mismo tiempo, iniciar un cultivo de café”.
En consecuencia, “arrendadores y arrendatarios se ponen de acuerdo para, por un lado, contar con un ingreso fijo por la renta de la tierra y, por otro, invertir el poco capital disponible en una plantación de café sin tener que endeudarse con el banco y recibir el retorno de la inversión dentro de tres o cuatro años”, explica.
Óscar comenta que, usualmente, en la región hay tres modalidades en este sistema:
- Alquiler por un monto fijo por ciclo de cultivo
- Alquiler por un monto fijo por cada año de uso de la tierra
- Pago a medias o al partido. Se da cuando el agricultor no cobra un alquiler, cobra la mitad de la cosecha que obtiene la persona que usa su tierra. De esta forma, el dueño de la finca comparte el riesgo con el arrendatario

Múltiples beneficios y aumento de la producción
Bajo este modelo, más allá del rédito económico y directo que recibe la persona que alquila la tierra, la comunidad se beneficia porque se le asigna un valor productivo a la tierra, se genera más empleo, ingresos locales y contribuye al aumento de la producción.
“Es importante decir que si se alquila un bloque de tierras en conjunto, se le puede asignar un mismo paquete de tecnología agrícola. Así, se lograría estandarizar la calidad en campo y reducir drásticamente el riesgo de contaminación con glifosato u otros químicos prohibidos”, subraya Óscar.
Otro beneficio de administrar un bloque grande de tierras es que se puede hacer un monitoreo más eficiente para evitar la deforestación, manteniendo la riqueza de los suelos y el medioambiente que rodea la unidad productiva.
Moisés comenta que “un punto positivo adicional del sistema de arrendamiento es que tanto el arrendador como el arrendatario conservan su capital. Uno, en un inmueble que le genera renta y, el otro, en una inversión a mediano plazo que será recuperada con un margen de ganancia, si es bien administrada.
Óscar considera que este sistema puede ser una manera de mejorar la productividad, realizar un mejor manejo de recursos, como el agua y los suelos, y optimizar el uso del capital sin tener que comprar la tierra. Desde su punto de vista, “bajo este modelo, lo ideal sería que el propietario gane un porcentaje del aumento de la productividad que genera el alquiler en lugar de cobrar por un monto fijo. Eso será un estímulo importante para que también se sienta parte de la inversión y, a la vez, apoye el proyecto”.
Limitaciones y riesgos del arriendo de tierras para producción de café
Como todo modelo, el alquiler de tierras agrícolas también tiene algunas limitantes que deben tomarse en cuenta.
El mayor riesgo en comunidades rurales es la falta de convenios legales firmados ante un notario, señala Moisés. “En latinoamérica aún es muy utilizado el trato de palabra. Esto es un gran riesgo para el propietario y el arrendatario porque no están claramente definidas las obligaciones de cada parte. Esto puede dar pie a malos entendidos y a una ruptura abrupta de los acuerdos, perjudicando a ambas partes”.
Asimismo, Óscar afirma que “la falta de capacidad de los propietarios y los arrendatarios para entender el modelo de negocio y los contratos que deben firmarse presentan un riesgo en el sistema de arrendamiento agrícola”.
Otro punto importante está asociado al tiempo o plazo del arrendamiento. “Este modelo funciona en el mediano plazo. Por eso, un periodo ideal para alquilar una finca para la producción de café sería de entre cinco y diez años. El precio del alquiler debe negociarse en función de las facilidades que ofrece la parcela para que sea un valor justo. Ese tiempo, además, es adecuado para que un productor pueda ver su inversión recuperada junto a un margen de ganancia”, menciona Moisés.

El arrendamiento de tierras para aumentar la producción de café es una opción viable para quienes tengan un capital limitado para adquirir parcelas. El éxito de su aplicación dependerá de que la negociación entre propietario y arrendatario sea clara y legalmente formal en términos de precio, plazo y condiciones.
Siempre será una buena recomendación involucrar al arrendador en el proyecto para que se sienta parte de él y, a la vez, asuma parte del riesgo y los desafíos que presenta la aventura de cultivar café.
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Créditos de las imágenes: Moisés Hernádez, Óscar Inocente.
PDG Español
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