La educación cafetera puede ser un agente de cambio en las poblaciones vulnerables
El sector gastronómico, a nivel mundial, suele abrir puertas a nuevos talentos. La industria del café, sin duda, hace parte de esta tendencia. A pesar de eso, la inserción laboral puede ser complicada cuando no se cuenta con los recursos económicos para formarse, al menos a nivel técnico.
En el caso de los baristas, las capacitaciones y las certificaciones suelen ser costosas, especialmente en Latinoamérica. Aunque algunas instituciones públicas ofrecen facilidades o formación gratuita, acceder a estas oportunidades puede ser complejo a causa de la alta demanda que tienen o de los requisitos que solicitan.
En este contexto, las iniciativas privadas enfocadas en generar un impacto positivo en sus comunidades pueden hacer la diferencia. Para conocer dos ejemplos latinoamericanos que sobresalen por sus resultados, hablé con María Fernanda Pérez, fundadora de Taller la Ola en Argentina, y Paulo Gabriel Maciel da Silva, coordinador de Fazedores de Café en Brasil.
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El contexto social de los países latinoamericanos
La mayoría de las capacitaciones en café con reconocimiento y validación internacional suelen provenir de Estados Unidos o, en menor medida, de Europa. Como sus precios están establecidos en dólares o euros, su costo se define según un nivel socioeconómico diferente al de los países de América Latina.
Sin duda, esto genera que su valor no sea proporcional a los ingresos de la gran mayoría de personas en la región. En Brasil, por ejemplo, el costo de un curso básico de café representa aproximadamente el 60 % de un salario mínimo.
Adicional a esta dificultad, para acceder a ciertas ramas educativas, muchas veces es necesario contar un nivel de escolaridad básico secundario, lo que representa un desafío para los jóvenes en situación de vulnerabilidad.
Como respuesta, Fazedores de Café nació en 2014 con el objetivo de ayudar a esta población en São Paulo. Actualmente, también desarrollan cursos para hijos de productores de café y esperan ampliar el proyecto al resto del país.
Por su parte, Taller la Ola comenzó más o menos en el mismo periodo pero tuvo un punto de partida diferente: las personas con discapacidad. María Fernanda cuenta que ella viene de una familia en la que hay personas diversamente hábiles, a las que les resulta difícil conseguir un empleo. De hecho, ella resalta una estadística preocupante: “cuatro de cada cinco personas con discapacidad en edad laboral no pueden conseguir trabajo en Argentina”.
Posteriormente, el equipo de Taller la Ola llevó su proyecto al Barrio Mugica de Buenos Aires. Después de una larga investigación, comprendieron que la mayoría de las personas en situación de vulnerabilidad de la ciudad se concentran en esa zona. Tras obtener los permisos necesarios y realizar múltiples trámites, lograron establecer su escuela para capacitar a las personas que necesitan un pequeño empujón para salir adelante.

Los desafíos de desarrollar iniciativas educativas en café
Tanto Fazedores de Café como Taller la Ola comenzaron como proyectos autosubvencionados, por eso, ambos entrevistados coinciden en que la parte económica es un importante factor a tener en cuenta para ejecutar estas iniciativas.
Por un lado, Fazedores de Café es un proyecto de la cafetería Sofa Café, que en 2014 comenzó a involucrar a jóvenes en situación de vulnerabilidad en su negocio. Paulo cuenta que comenzaron ofreciendo un cupo gratuito por cada inscripción paga pero después se dieron cuenta de que no era necesario este requisito.
Hoy en día, cuentan con más patrocinadores, desde empresas hasta cafeterías de la ciudad. Estas alianzas no solo ofrecen apoyo monetario sino que comparten sus conocimientos, ofrecen espacios para las clases prácticas de los estudiantes y ayudan a difundir el mensaje del proyecto.
Por otra parte, María Fernanda cuenta que en el caso de las personas con discapacidad es más fácil acceder a ayudas económicas gracias a asociaciones que acompañan a esta población. En contraste, cuando se trata de personas en estado de vulnerabilidad es más complejo conseguir estos patrocinios o establer alianzas.
Adicionalmente, hay que resaltar que el trabajo de estos proyectos no queda limitado a la oferta educativa en café. También, debe complementarse con un acompañamiento en otras áreas. “Consideramos que al venir de situaciones delicadas, los estudiantes tienen varios desafíos personales y para nosotros puede ser complejo ayudarlos. Por eso, siempre contamos con apoyo de asistentes sociales”, cuenta Paulo.
En consecuencia, los costos operativos aumentan y se vuelve fundamental contar con profesionales multidisciplinarios que se sumen a estas iniciativas de manera voluntaria. De lo contrario, su impacto social no tendrá el alcance esperado en estas comunidades.

Impacto social y su papel como agente de cambio
Al hablar de los objetivos alcanzados con sus proyectos, ambos entrevistados se muestran entusiastas con lo que han logrado y con lo que tienen planeado para el futuro.
Paulo resalta que lograron “que el 90 % de las personas salieran del curso con un empleo. Como no hay muchos baristas bien formados en São Paulo, hay mucha oferta laboral”. Asimismo, muchos de los exalumnos de Fazedores de Café, gracias a sus empleos como baristas, pudieron pagar sus estudios superiores y mejorar su calidad de vida notablemente.
Otro dato importante a destacar es que esta iniciativa brasileña resultó ser cinco veces más económica que cualquier otro proyecto estatal. Desde 2014 han capacitado a 10 clases, con un total de 55 alumnos.
En el caso del equipo de Taller la Ola, se ha podido materializar la contratación del 17 % de los estudiantes. Asimismo, pasaron de capacitar a 40 personas por mes en sus comienzos a 70.
Otra cara del café de especialidad
Desde hace varios años, el café de especialidad ha recibido fuertes críticas por ser elitista y poco inclusivo. La escasa representación de ciertas poblaciones en el sector, sumada a la alta segmentación de los consumidores, es uno de los retos que más complejo ha sido de superar.
En ese contexto, que más empresas y profesionales del café se unan para desarrollar proyectos enfocados particularmente en agregar valor y generar impacto en las poblaciones vulnerables, es un camino para empezar a cambiar el componente de desigualdad que enfrenta el sector.
Adicionalmente, democratizar la educación cafetera y capacitar a los jóvenes en diferentes áreas promueve el interés de las nuevas generaciones por el café y contribuye a alcanzar el relevo generacional, algo que resulta crucial sobre todo en los países productores.

El café de especialidad puede ser un gran agente de cambio social en diferentes ámbitos; sin embargo, en las poblaciones vulnerables de los países de Latinoamérica tiene el enorme potencial de transformar la calidad de vida de muchas personas por medio de la educación y, posteriormente, la inserción laboral.
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Créditos de las imágenes: María Fernanda Pérez, Fazedores de Café.
PDG Español
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