Posiblemente el café tenga raíces en la Etiopía prehistórica pero ¿descubriremos algún día su verdadero origen?
Si preguntas a profesionales y entusiastas del sector sobre la procedencia del café, seguramente recibirás respuestas diversas. Muchos señalan a Etiopía y Uganda como la cuna del Arábica y el Robusta, respectivamente. Otros creen que en Yemen, Somalia, la República Democrática del Congo o Sudán del Sur están las raíces genéticas del café.
Según un estudio publicado recientemente en Nature Genetics, investigadores de la Universidad de Búfalo (Nueva York) han rastreado los orígenes del Arábica hasta Etiopía. Esto respalda las afirmaciones sobre que África oriental fue el primero en cultivar café. Según el estudio, se calcula que el Arábica tiene entre 610 000 y un millón de años. De ser así, sería más antiguo que nuestra especie (Homo sapiens).
Dado que numerosos trabajos científicos citan a varios países africanos o de Oriente Medio como los primeros productores de café del mundo, es posible que nunca lleguemos a conocer su auténtica procedencia. A pesar de eso, es fundamental fomentar y apoyar este tipo de investigaciones para reconocer y celebrar las raíces genéticas del café.
Para saber más, hablé con Bartholomew Jones, cofundador de Cxffeeblack, y Jennifer “Vern” Long, directora general del World Coffee Research.
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Un nuevo estudio reafirma las raíces del café en Etiopía
El café es apreciado en todo el mundo. La gente lo consume desde hace siglos y, por lo tanto, tiene un enorme valor cultural, especialmente donde se cultiva.
Como es natural, el café y su historia resultan fascinantes. Muchos estamos familiarizados con el relato (o mito) de Kaldi, un pastor de cabras etíope que descubrió el café alrededor del año 850 a. C. Se dice que Kaldi vio a sus cabras comiendo las cerezas directamente de las ramas del cafeto. Después, él mismo las probó y se sorprendió con la energía que sentía.
La historia cuenta que Kaldi compartió su descubrimiento con un monje local, que al principio consideró que las cerezas del café eran demoníacas. Tras infusionar las cerezas y comprobar los beneficios de la bebida, el monje también corrió la voz. A partir de ahí, el resto es historia.
Independientemente de la veracidad de la historia de Kaldi, existen numerosas investigaciones científicas que confirman que Etiopía es la cuna del café. Recientemente, un estudio genético realizado por la Universidad de Búfalo (Nueva York) descubrió que el Arábica se puede rastrear hasta los bosques de Etiopía de entre 610 000 y un millón de años. Esto podría situar al café en una época anterior a la del ser humano.
Los investigadores secuenciaron los genomas de 39 variedades de Arábica, entre ellas un espécimen del siglo XVIII. Según afirman, es el genoma de mayor calidad de la especie Coffea Arabica hasta la fecha.
Además, el equipo rastreó los orígenes del Arábica hasta un cruce natural entre Coffea Canephora y Coffea Eugenioides, que ha causado sensación en las competiciones de café de los últimos años.
La disputa del verdadero origen genético del café
Aunque muchos señalan a Etiopía como el primer productor de café del mundo, otros países también reivindican ser la verdadera cuna del café.
Muchos creen que Yemen fue el primer país en descubrirlo, mientras que otros afirman que el primer origen fue Somalia. Asimismo, algunos trabajos académicos corroboran que Sudán del Sur es el centro de origen del Arábica.
Teniendo en cuenta que Somalia y Sudán del Sur limitan con Etiopía, mientras que Yemen se encuentra al otro lado del Mar Rojo, es comprensible el debate sobre las raíces genéticas del café.
Esto podría implicar que nunca sabremos de cuál de estos países procede realmente el café. Aunque rastrear sus orígenes hasta esta región del mundo sigue siendo relevante.
Bartholomew Jones es cofundador de Cxffeeblack, un tostador y empresa social que se dedica a reivindicar las raíces negras del café. A su vez, reconoce y celebra la cultura negra en el café de especialidad.
“Cuando hablamos de café, ¿a qué nos estamos refiriendo? Hay más de 130 especies diferentes y generalmente nos referimos solo al Arábica”, afirma. “Creo que el grueso de la investigación genética demuestra que la variedad Arábica más amplia y diversa está en el sur de Etiopía. También, hay cientos de especies distribuidas por todo el continente africano”.
“África es la cuna del ser humano”, añade. “Así que siendo el café uno de los alimentos, bebidas o medicinas más antiguas que tiene la humanidad, es lógico que sea originaria de África. Para mí, es importante honrar ese origen de muchas maneras. Cuando no honramos ni reconocemos las raíces genéticas del café, podemos perder fácilmente el acceso a él”.

¿Por qué es importante reconocer los orígenes genéticos del café?
Aunque cada café, ya sea por su origen, variedad o método de elaboración, pueda tener un sabor diferenciado, el café no es una especie genéticamente diversa. De hecho, un estudio de 2020 publicado en Nature afirmó que el suministro mundial de Arábica procede de una única planta.
Esto puede implicar muchas cosas, aunque quizás la más obvia es que hace del café un cultivo comercial increíblemente vulnerable. A medida que el cambio climático sigue afectando a la industria, sobre todo a las explotaciones agrícolas, cada vez más productores se ven obligados a encontrar nuevas formas de adaptarse, lo que puede suponer abandonar por completo el cultivo del café.
Sin lugar a dudas, esto significa que es especialmente importante invertir en el futuro sostenible de la producción de café.
Jennifer “Vern” Long es CEO de World Coffee Research, una organización sin ánimo de lucro que lleva a cabo y apoya programas de mejora genética del café.
“Rastrear los orígenes del café sienta las bases para explorar su historia de domesticación, así como para examinar su apasionantes dimensiones sociales, culturales e históricas”, afirma. “La naturaleza nos dio especies de Coffea (como Arábica y Robusta), mientras que los humanos nos han dado variedades autóctonas y modernas, garantizando que los agricultores dispongan de las variedades pertinentes que necesiten para el futuro”.
Teniendo en cuenta que aproximadamente el 60 % de las especies silvestres de café están en peligro de extinción como consecuencia de la crisis climática, resulta aún más crucial apoyar e invertir en la investigación de las raíces genéticas del café.
Las raíces antropológicas del café
Estas cuestiones van más allá de la ciencia y la genética. Bartholomew ofrece una perspectiva mucho más holística.
“Cuando examinamos los debates sobre la procedencia del café, a menudo prestamos tanta atención a los argumentos científicos que pasamos por alto los argumentos antropológicos, como qué país tiene la cultura más antigua de consumo de café”, afirma. “¿Qué culturas consumían café antes del colonialismo y hasta dónde podemos remontarnos?”.
“Ya hablamos de esto en nuestro último Programa de Intercambio de Baristas: el pueblo oromo de Etiopía ha desarrollado todo un sistema cultural y social en el que el café forma parte integral de las prácticas espirituales, filosóficas, familiares y medicinales”, añade. “Creo que hay todo un mundo de innovación cultural y culinaria que la industria del café se pierde por tener una perspectiva neocolonialista que no permite que las raíces de las culturas africanas e indígenas tengan espacio para desarrollarse en todo su potencial”.
El respeto a los productores
Además de reconocer a las comunidades y culturas indígenas que han contribuido a nuestra comprensión del café, es importante que los productores estén a la vanguardia de ese reconocimiento.
“Incluso desde el punto de vista genético, hay mucho miedo ahora mismo sobre cómo preservar el futuro del café, cuando en realidad las personas que lo han mantenido de forma natural durante siglos nunca han recibido una compensación justa, se trate de Etiopía, Yemen, la RDC o Sudán del Sur”, afirma Bartholomew. “Tenemos que proteger a los agricultores africanos cuyas prácticas autóctonas han preservado durante años la singularidad de las variedades y especies de café, así como su acceso a los mercados”.
Bartholomew también explica cómo muchos productores, sobre todo los pequeños, suelen obtener pocos beneficios del cultivo y la venta de cafés de mayor singularidad genética.
“Cada vez hay más variedades raras y nuevas en las competiciones, pero hay muchos agricultores que no reciben los frutos de estos cafés”, afirma. “Por lo que yo sé, el mercado de Eugenioides beneficia muy poco a las comunidades indígenas de África que han conservado esta especie en estado silvestre durante siglos”.
“Los agricultores africanos y las comunidades afroafricanas necesitan comercializar sus propios cafés”, añade. “Por ejemplo, la Autoridad Etíope del Café y el Té presentó patentes de marca para los cafés cultivados en Yirgacheffe, Sidamo y Harar. Esto podría servir para generar más ingresos para las comunidades que quieren vender variedades raras. Sobre todo, en un momento en que el sector del café de especialidad está ávido de nuevos perfiles de sabor, cafés novedosos y alternativas al Arábica”.

Conclusiones finales
Aunque es posible que nunca lleguemos a conocer la verdadera respuesta sobre esta cuestión, es importante profundizar en el conocimiento de los orígenes genéticos y la diversidad del café, así como rendir tributo a los países que lo cultivan.
“Creo que, por el bien de los pueblos indígenas africanos que cultivan café, debemos reconocer y honrar las raíces del café y nuestras propias raíces en África, así como la interconectividad dentro de la industria cafetera, para mantener una relación equilibrada por el bien del futuro de la especie Coffea“, concluye Bartholomew.
¿Disfrutaste este artículo? Entonces lee nuestra guía de tueste para el café de Etiopía
Traducido por Almudena Torrecilla Aznar. Traducción editada por Alejandra Soto.
PDG Español
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