24 de noviembre de 2021

Cómo adaptar una finca de café para el turismo

Convertirse en recolector de café por un día, visitar una finca y conocer al caficultor que produce el café que se disfruta es ahora una realidad y cada vez se hace más asequible, gracias al turismo cafetero que se está impulsando en los países de origen. 

La volatilidad del precio internacional del café, la reducción de hectáreas del cultivo y una economía basada en la subsistencia, han motivado a los productores a buscar alternativas para diversificar sus ingresos, sin perder su tradición cafetera. Una de ellas es convertir sus fincas en destinos turísticos en donde se pueden vivir experiencias alrededor del café.

Entonces, ¿cómo puede una finca de café ofrecer servicios turísticos? Para saber más, hablé con tres líderes de proyectos agroturísticos en Honduras, Colombia y Perú. Sigue leyendo para conocer más.

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¿Por qué el café y el turismo son una buena combinación?

El café es una de las bebidas más consumidas en el mundo y el interés de los consumidores por conocer la procedencia de los productos que adquieren está en aumento. 

Los paisajes de las fincas con su vegetación exuberante y los surcos de cafetales están experimentando una creciente demanda por parte de un público interesado en vivir experiencias auténticas. Esto representa una oportunidad potencial para los caficultores.

Juan Pablo Echeverri Londoño es caficultor de cuarta generación y gerente de la Hacienda Venecia, ubicada en Manizales, Colombia. Desde 2009, su finca de 160 hectáreas de cultivos de café se dedica al agroturismo. 

Él me dice que tanto el productor como el visitante pueden beneficiarse de la relación que surge entre el turismo y el café. Además de convertirse en una alternativa para el caficultor cuando los precios del café son bajos, el entorno también puede verse impactado de forma positiva.

“Es una diversificación cruzada muy valiosa, porque al final utiliza uno el mismo territorio, el mismo producto y actividad, no necesariamente con la misma infraestructura, porque le toca montar una que atienda el turismo”, agrega Juan Pablo. 

Para satisfacer la demanda de un mercado que está exigiendo un café más amigable con el medio ambiente, los productores se preocupan por implementar prácticas sostenibles. Juan Pablo me dice que estos principios también se aplican al turismo, basándose en una regeneración sostenible, en la cual los visitantes tengan un efecto positivo en el territorio, la economía y la cultura, dejándolas mejor de lo que las encontraron.

“En lo productivo, entonces, uno empieza a trabajar la biodiversidad, las aves, las plantas, los árboles y empieza a sembrar uno y a verle sentido de regenerar activamente lo que tenemos, definiendo y delimitando las zonas a las cuales va a reforestar y eso lo hace también la agricultura como el turismo”. 

Beneficios para la comunidad 

El turismo es un catalizador de progreso y crecimiento para las comunidades rurales. Cuando los productores empiezan a requerir más personal, pueden contratar a los habitantes de su región o familiares de quienes trabajan en la finca, generando una economía más sólida para su comunidad y evitando las migraciones. 

Las personas aprenden o se dedican a otras actividades distintas a la de producción y forjan relaciones interculturales.

Un ejemplo es Lina Marcela Navarro, quien se dedica a servicios generales en la Hacienda Venecia. Antes era recolectora de café. “La verdad es una oportunidad de trabajo grande. He estado muy estable porque llevo mucho tiempo, entonces me ha generado ingresos. Recibo mi sueldo mensual, con eso puedo ir ahorrando”, me cuenta Lina. 

Preservar las tradiciones

El turismo es una buena razón para proteger el patrimonio arquitectónico y cultural en torno a la caficultura. Juan Pablo me cuenta que los ingresos que generan las visitas a su finca se invierten en el mantenimiento y la regeneración de la arquitectura tradicional de la hacienda. 

“Si fuera con el café, sería muy difícil y ahora con el turismo no solamente es posible, sino necesario. Una de las razones por las cuales hacemos turismo es para poder mantener esas cosas en óptimo [estado]”.

Otro ejemplo es la gastronomía. En las fincas se suele ofrecer a los turistas una alimentación típica local, para preservar las recetas tradicionales y aprovechar otros productos agrícolas y pecuarios que se complementan con el café, como el plátano, la yuca, los cítricos, las gallinas, entre otros.

“Eso también nos da un voto de confianza en lo nuestro, cuando uno logra conquistar los paladares más sofisticados del mundo, porque nos llega la gente más sofisticada del mundo, que ha comido en los restaurantes más valiosos del mundo y los conquistamos con ajiaco, fríjoles o sancocho [platos típicos de Colombia]”, apunta Juan Pablo. 

Oportunidades para los productores

Quienes se encuentran más adelante en la cadena de valor del café ya no se limitan a tomar la bebida y comprobar su calidad. Han empezado a visitar el origen, comprender los procesos de cosecha y poscosecha, conectar con los primeros eslabones de la cadena y entender sus necesidades. 

Esta tendencia puede significar una oportunidad económica para el productor, porque puede promover su marca de café, estimular el comercio directo o convertir a los turistas en clientes potenciales. 

Juan Pablo explica que en el turismo existen distintos nichos, cada uno con una necesidad y expectativa distinta. Entre estos, se encuentran “el tostador o el barista que quiere saber de dónde viene su café. Empieza a haber un flujo de todos estos profesionales de toda la cadena, que vienen específicamente a entender el café de donde lo están comprando. En ese caso se vuelve un modelo, que hay una sinergía completa de mercadeo de su propio producto con el comprador, sabiendo que es un comprador recurrente y valioso”. 

Las redes sociales han demostrado ser una buena herramienta para promocionar los destinos turísticos, por lo que la visita de un foráneo, especialmente si tiene muchos seguidores puede resultar beneficiosa. 

“Hay una dinámica nueva que en turismo tiene una velocidad muy particular, muy diferente a la venta de productos físicos”, añade Juan Pablo. 

Valentín Moscoso es ingeniero agrónomo y lidera el proyecto Rainforest Adventure, en el cual se ofrecen paquetes turísticos que incluyen visitas a fincas cafetaleras, en Villa Rica, Perú. 

Él me dice que alrededor del 75% de los turistas que reciben en el distrito son motivados por el café. Este interés ha dinamizado la compra del grano, que beneficia al agricultor y a los puntos que distribuyen el producto. 

Valentín señala que hay productores que no brindan servicios turísticos, pero son proveedores de café tostado en cafeterías, supermercados, tiendas, etc. “Si llega un turista sí o sí se va a llevar un café. Esos cafés al ser consumidos se mueve la parte económica del agricultor porque va a seguir proveyendo esa tienda.”

“Por ejemplo, para el 28 de julio de este año, la producción que muy pocos habían apostado por el tema de tostar un café, les quedó chico, faltaba el café”, recuerda Valentín. 

Modelos de negocio en torno al turismo cafetero

Cuando un turista visita una finca cafetalera, necesitará una serie de servicios durante su estadía. Esto también representa una oportunidad de negocios. Algunos de estos son la alimentación, el alojamiento, el transporte, un guía turístico para la finca o el área en general, la compra de artesanías, la venta de café, souvenirs, catas, entre otras. 

Antes de emprender un proyecto alrededor del turismo, es fundamental realizar un análisis de las necesidades y expectativas del cliente, la ubicación geográfica, la conectividad de la finca para elevar el servicio y la hospitalidad a otro nivel. 

“La conectividad es una condición necesaria. Es la forma o la facilidad de llegar sea factible, fácil. Eso quiere decir que caficultores que están muy lejos de una conectividad no va a ser fácil atraer el flujo necesario”, explica Juan Pablo. 

Juan Pablo recuerda que previamente invitó a turistas extranjeros para que conocieran la finca de forma gratuita, con la condición de que ellos le dijeran si valía la pena convertirla en un destino turístico. “Era como mi pequeño análisis de mercado, ensayo y error, tabulando cosas”.

Eliza Welches es la encargada del mercadeo y comercialización en Cafés Welchez. Su familia es propietaria de la finca Santa Isabel, ubicada a 30 kilómetros de Copán Ruinas, en Honduras. 

Ella me dice que no necesariamente debe involucrarse el café, se pueden aprovechar los escenarios del paisaje cafetero para ofrecer experiencias a todo tipo de público. 

“Se puede hacer un círculo completo de ecoturismo. Más que del proceso de café, hacer senderos si [se encuentra] en alguna ubicación bonita, para que la gente pueda hacer sus trekkings, tours, aparte de los coffee tours, se pueden hacer cataciones dependiendo de la cantidad que quiere invertir el productor ”.

Una forma de educar a los consumidores

El turismo cafetero tiene un impacto directo que involucra al consumidor final y puede tener efecto positivo en el consumo interno en los países productores de café. 

Juan Pablo me dice que una de las frases más frecuentes que recibe de los visitantes, una vez conocen el trabajo que implica la producción de café es: “voy a valorar más mi tacita de café cada vez que me la tome”. 

Probablemente, después de una experiencia turística en la finca, el consumidor estará dispuesto a pagar un precio más justo por su café.

Eliza está de acuerdo. Ella indica que la labor educativa dirigida a sus clientes ha mejorado la percepción de valor del grano. “Recurrentemente, tenemos esos comentarios de los hondureños que nos visitan y nos dicen: ¡Wow!, no me imaginaba que el café llevara tanto trabajo”.

¿Se requiere una gran inversión?

La inversión que se debe hacer para la adecuación y transformación de la finca es una de las mayores preocupaciones del caficultor. Juan Pablo considera que para empezar, el productor no necesita de un gran capital. “Por definición, si es caficultor, ya tiene un atractivo que es el café, la plantación, es su forma de vida”. 

Surgirán nuevas necesidades a medida que aumenta el volumen de visitantes. Por ejemplo, en algún momento será necesario contar con baterías de baño. Si el caficultor y su familia no pueden atender a los visitantes, deben contratar más personal. 

“No es la condición necesaria para empezar, es la condición necesaria para poder continuar. Posiblemente hay que [adecuar la infraestructura], limpiarla un poquito, una señalización por si se necesita, que sea cómoda, que no sea peligrosa, que si se van a resbalar”. 

Es clave que el caficultor defina las funciones del personal que contrate, aprenda a ocuparse del mercadeo, entienda la cadena de valor del turismo y administre de forma correcta su negocio. 

“Saberle hacer eco a esa reputación positiva y saber leer cuando hay una experiencia que no es tan positiva, cómo leerla y corregirla para que no se vuelva una bola de nieve”, apunta Juan Pablo.  

Si se piensa apostar al turismo internacional, será necesario dominar el inglés u otro idioma, dependiendo de la interacción que se tenga con el cliente. “Si es que hay que dar una información precisa, una alineación de expectativas, una explicación precisa, posiblemente el inglés sea una herramienta valiosa”. 

La ubicación de la finca también es un indicador. Sí está cerca de la ciudad no será necesario ofrecer posibilidad de alojamiento. Asociarse con los vecinos para hospedar a los clientes es una opción. 

Rainforest Alliance solicita a las fincas que sus cafetales estén en óptimas condiciones, sin malezas, transitables y al final del recorrido, que “tengan por lo menos una mesita o brinden una degustación de café de su finca. En su humildad, no necesita uno grandezas”, agrega Valentín.

Eliza recomienda a los caficultores hondureños vincularse al programa Ruta Turística del Café, liderado por IHCAFÉ, para recibir apoyo y orientación. 

Trámites necesarios

Antes de iniciar un proyecto turístico, debes informarte acerca de los requerimientos legales que validen los servicios que ofrecen, de manera que brinden confianza a los visitantes. Cada país tiene una regulación para el sector. 

En el caso de Colombia, Juan Pablo me explica que si el productor es operador turístico, es necesario tramitar el Registro Nacional de Turismo.

Por otra parte, en Perú, si se tiene un negocio visible, se tendrá que solicitar ante la municipalidad del distrito una licencia de funcionamiento. “Tienes que sustentar el tamaño del espacio que estás usando para hacer el negocio”, me dice Valentín.

Es importante informarse también acerca de los costos que implican estos trámites. 

Convertir las fincas cafetaleras en atracciones turísticas es acercar más a los eslabones de la cadena de valor del café. Las experiencias alrededor del grano y su producción invitan a valorar el esfuerzo y el arduo trabajo de los caficultores. 

El turismo es una gran oportunidad para los productores para diversificar sus ingresos y promover su marca a nivel local e internacional. No se necesita un gran presupuesto para iniciar. Se trata de una mejor organización del espacio, una buena comunicación y coordinación con los trabajadores de la finca. Además, de cumplir con los requisitos legales que se exigen en cada país para ofrecer un servicio de calidad y percibir todos los beneficios.

¿Disfrutaste este artículo? Entonces conoce cómo es administrar una tienda de café rural.

Crédito de las fotos: Tatiana Guerrero.

PDG Español

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