20 de octubre de 2021

El resurgimiento de la caficultura de Norte de Santander, Colombia

En medio de serranías, páramos, mesetas y cerros se encuentra Norte de Santander, una región que fue vital para el desarrollo de la caficultura en Colombia. 

El departamento ocupa un lugar importante en la historia del país, por ser entre otros aspectos, la cuna de las leyes y de la industria comercial del café. Sin embargo, tras la aparición de la broca, el conflicto armado, el olvido estatal y otros fenómenos políticos y administrativos, la caficultura perdió fuerza en la región, en comparación con otros departamentos productores del país. 

Para conocer más sobre la producción y la cultura cafetera de Norte de Santander y el resurgimiento del sector, hablé con varios actores de la industria del café local. Sigue leyendo para conocer más.

Conoce cómo ha cambiado la industria del café en Colombia

Llegada del café a Colombia 

Existen varias versiones acerca de la llegada del café a las tierras de Norte de Santander. La más popular se resume en el Manual del Cafetero Colombiano, edición 1979, realizado por la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC). 

En el libro, se afirma que antes de que la semilla se introdujera en el departamento, existían plantaciones en otras regiones como Popayán, Sierra Nevada de Santa Marta y Boyacá.

Sin embargo, en el Siglo XIX, el presbítero Francisco Romero, párroco del municipio de Salazar de las Palmas, reconoció las bondades económicas del cultivo e impulsó la siembra de café de forma masiva y con fines comerciales en los santanderes, una región comprendida por los departamentos de Santander y Norte de Santander. Para lograrlo, imponía como penitencia a quienes se confesaban, la siembra de un cierto número de plantas de café.

De acuerdo con el Comité Departamental de Cafeteros, Salazar de las Palmas se convirtió en el primer punto exportador de café en el país, cuando envió en 1835, a través del Lago Maracaibo, los primeros 2.592 sacos de café hacia Venezuela. 

Con el paso de los años, las exportaciones fueron creciendo, lo que contribuyó a que la zona pudiera superar la crisis del cacao y se convirtiera en una de las regiones más prósperas. Adicionalmente, el café también impulsó avances en materia industrial, como la navegación a vapor, la construcción de puentes y sobre todo, la creación de ferrocarriles. 

Sin embargo, la industria comenzó a debilitarse a principios del siglo XX. Las exportaciones empezaron a disminuir, pues la tasa de crecimiento era del 5,9% en promedio. Antioquia se había convertido en la nueva mayor región cafetera de Colombia. 

La situación empeoró debido a los cierres de fronteras que iniciaron los gobiernos venezolanos y la destrucción de los cafetales en los conflictos bélicos, especialmente en la Guerra de los Mil Días, que inició en 1899 en Santander y que duró más de tres años, dejando al país devastado. 

Adicionalmente, los precios del café descendieron, debido a que los comerciantes incurrieron en la práctica de mezclar café lavado con café defectuoso o de baja calidad, lo que deslegitimó la reputación del grano. 

Explorando las causas que deterioraron la industria 

A mediados del siglo XX, las dinámicas sociales y políticas propiciaron escenarios adversos que contribuyeron a deteriorar la producción de café del departamento.

Víctor Carreño Amaya es el coordinador de Café Don Antón, una marca impulsada por la Cooperativa de Caficultores del Catatumbo (Cooperacafé), en Ocaña, Colombia. Él me dice que a diferencia de otras regiones productoras, como el Eje Cafetero y Antioquia, Norte de Santander se ha visto inmerso en problemas sociales, políticos y ambientales que han tenido un efecto directo en el sector cafetero.

La región ha sido una de las más golpeadas por el conflicto armado en el país, que comenzó con la llegada de grupos insurgentes en la década de 1990. Su ubicación, en la frontera con Venezuela se ha convertido en un punto estratégico para las rutas del narcotráfico. Esto llevó a la quiebra a muchos agricultores, que no tuvieron otra opción que cambiar de actividad productiva, abandonar sus fincas o migrar a cultivos ilícitos. 

“Prácticamente, nuestros municipios hasta hace muy poco eran municipios impenetrables”, anota Victor y explica que esto impidió el desarrollo de sectores como el turismo,

A esto se suma, que las zonas rurales del departamento, principalmente las que conforman la región del Catatumbo, han presentando un alto índice de Necesidades Básicas Insatisfechas que reflejan el abandono en términos de inversión social e infraestructura por parte de los gobiernos departamentales y nacionales. 

“Uno ve tanta inversión en [otras zonas productoras], cuestiones de carretera que eso los favorece hoy en día, porque la infraestructura han invertido realmente. Aquí no hay inversión. Eso marca una gran diferencia y nos aleja bastante de las posibilidades económicas y de ser competitivos realmente con el café. Aquí cuesta más producir el café”, indica Victor. 

Lina Ximena Sánchez, coordinadora de Mercadeo Café de Cooperacafé, agrega que los cultivos se vieron afectados por la aparición de la broca en la década de 1990, obligando a los caficultores a dedicarse a otras actividades agrícolas como el pastoreo de ganado y la siembra de cítricos. 

El renacimiento de la producción de café

A pesar de las grandes dificultades a las que se han sometido los caficultores nortesantandereanos, la industria ha demostrado ser resiliente con el tiempo y el café continúa constituyéndose como el principal producto agrícola de la zona. 

Actualmente, el 90% del área total de Norte de Santander se destina a la caficultura. De los 40 municipios que tiene la región, 36 suman 26. 000 hectáreas en cultivos. Arboledas, Cucutilla, Salazar de Las Palmas, Toledo, Convención, San Calixto y Lourdes son los municipios que tienen una extensión mayor de cafetales, con más de mil hectáreas. La comunidad indígena Barí también se dedica a esta actividad, en una menor proporción. 

Según datos de la FNC, el sector está a cargo de 16.027 mil caficultores, en su mayoría de pequeña escala, que producen 25,5 millones de kilos de café pergamino seco anualmente, dejando ingresos que alcanzan más de USD 66 millones al año. 

“Ha venido teniendo un crecimiento significativo, debido a que los precios han sido favorables, pero también algo muy importante desde la parte técnica, es que han hecho muchas renovaciones”, apunta Lina. 

“En el caso de la Cooperativa que venía acopiando, si lo comparamos con años anteriores, pasar de 7 millones de kilos a 10 millones, a 8, hemos estado en esos promedios”.

El departamento viene realizando desde el 2010 un esfuerzo por mejorar las condiciones de calidad del café, especialmente mediante la obtención de distintas certificaciones de sostenibilidad. De acuerdo con Lina, a la fecha hay 11.074 caficultores que producen 24 millones de kilos entre cafés especiales y con certificaciones como el Código Común 4C, Rainforest y C.A.F.E. Practices. 

Lina agrega: “Empezamos en esa tarea, no fue nada fácil. Pero sí empezamos con el tema de certificaciones, de separar cafés por calidad, de ir identificando esos atributos en taza especiales en Norte de Santander como desde el 2010, en forma, porque siempre se había hecho, pero se empezó a formalizar más a raíz de la exigencias del cliente en el exterior”.

Aumentando la calidad del café de Norte de Santander 

Esta apuesta por la calidad, ha arrojado como resultado un mayor reconocimiento internacional para el café de la región. El origen ha atraído el interés de empresas como Community Coffee de Estados Unidos y Goutier Coffee de Corea.

El premio más reciente lo obtuvo en la sexta versión del concurso Colombia, Tierra de Diversidad, organizado por la FNC y en el cual se inscribieron 236 caficultores con pequeños lotes, de los cuales pasaron 31 a la etapa final. El productor Domingo Torres Angulo, de la finca El Roble en Ragonvalia, fue el ganador de las categorías de suavidad y el café más exótico. 

Este reconocimiento le permitió vender su café de variedad Geisha, con un puntaje de taza de 89, a un precio de USD 41 la libra, en una emocionante subasta en la que participaron 114 compradores de distintos países. 

Domingo me cuenta: “La experiencia fue con mucho trabajo, dedicación con la variedad Geisha. El único que lo produce acá en el Norte de Santander soy yo. Eso ha sido con mucho cuidado en el beneficio, ya que tenemos un clima que nos ayuda, porque esta finca está en los 1.950 metros”. 

Condiciones favorables para el cultivo de café 

Norte de Santander está ubicado al noreste de Colombia, en la región andina. Tiene una geografía muy variada, con municipios que se ubican a diferentes alturas, adecuadas para el cultivo de café. 

Según un estudio de caracterización realizado por el Comité de Cafeteros, el 33,10% de la caficultura se encuentra por debajo de los 1.300 metros; un 64,35%, entre los 1.300 m.s.n.m y 1.900 m.s.n.m y el restante, por encima de los 1.900 m..s.n.m.

En este territorio se pueden encontrar los pisos térmicos cálidos, medio, frío y páramo, con una temperatura predominante que oscila entre los 16 °C y 26 °C. 

La sequía que se presenta en los primeros meses del año en esta zona, produce floraciones que fomentan la época de cosecha en el segundo semestre, exactamente en los meses de octubre, noviembre y diciembre. Sin embargo, en algunos municipios la recolección de café se concentra en marzo y junio. 

El café bajo semisombra es uno de los sistemas de producción más comunes en esta zona, comparado con los cafetales bajo sombra o expuestos al sol, que solo alcanzan un 36% de los cultivos. 

La mayor parte de los caficultores llevan a cabo un proceso de beneficio lavado tradicional, realizan la clasificación del grano de forma manual y combinan los métodos de secado al sol: algunas veces en el patio y otras emplean la marquesina. 

Variedades de café comunes en la región 

Norte de Santander es un reflejo de otros orígenes de Colombia al momento de hablar de las variedades más cultivadas. Víctor me dice que tradicionalmente se han sembrado variedades de Arábica, como Típica, Colombia y Caturra, ya que se destacan por ser altamente productivas, pero son susceptibles a las enfermedades y plagas. 

Lina me dice que actualmente, casi el 98% de los productores cultivan las variedades Castillo y Cenicafé 1, porque debido a su resistencia a las plagas y enfermedades, son las que más recomiendan los extensionistas. 

“[Cafés] exóticos muy poco, creería que en algunos lugares tenemos Geisha, Bourbon, pero son muy pocas cantidades y algo de Caturra, pero pues tiende a desaparecer porque no es una variedad resistente”, agrega Lina. 

Domingo reconoce que el departamento presenta un déficit en variedades exóticas, porque existe un temor sobre los riesgos, el costo y los resultados que se puedan obtener en taza. Sin embargo, él representa un ejemplo para otros productores. Luego de enterarse de su participación en la subasta y el precio que obtuvo por su café, algunos caficultores se han interesado por cultivar café de variedad Geisha. 

“Todo mundo por acá me decía que eso no, porque ese café el kilo valió USD 92, el que yo compré para semilla. Entonces, mucha gente decía: ‘eso le pegaron fue un robo, porque un kilo de café tradicional aquí vale unos USD 6”, recuerda Domingo. 

“Por ahora ya empezaron, porque yo he vendido semillas, he vendido aproximadamente unas 200 mil plantas. Entonces, creo que en unos dos años ya va a haber una producción de café [Geisha]”. 

El café de esta zona se caracteriza por tener unas notas achocolatadas, acarameladas, con una acidez media. En su fragancia y aroma se perciben notas herbales y frutales. 

Tiendas de café de especialidad

El movimiento de la tercera ola del café apenas empieza a explorarse en Norte de Santander. 

Juliana Jiménez Amado es copropietaria y gerente de Fruto Bendito, una cafetería de especialidad ubicada en Cúcuta. Ella señala que este nicho poco a poco ha ido creciendo, debido a las propuestas innovadoras y de experiencias que han sido impulsadas por los emprendedores. 

“Los consumidores también están más interesados en mejorar el café que están tomando y han surgido varias propuestas”, agrega Juliana. 

“Es próspero también debido a que en la región ha vuelto a tomar fuerza al café que se está produciendo. Ya tenemos por ejemplo un ganador nacional en otra variedad, a la que los caficultores están siempre acostumbrados a sembrar, que es Castillo. El nombre de la región está sonando bastante en cuanto al café que producimos”. 

Cúcuta, por ser la capital del departamento, es donde más se concentran estos negocios de café. Sin embargo, en Ocaña, la segunda ciudad con más población, también han empezado a surgir algunas cafeterías de la tercera ola. 

“Va muy bien y veo que han surgido bastantes, no solo en Cúcuta, sino ya se habla de café especial en otra zonas del departamento”, anota Juliana. 

“Falta mucho y es un camino largo por recorrer. Ya nosotros como Cooperativa tenemos una marca que se llama Café Don Antón y allí tenemos dos líneas de producción: tradicional, la línea de consumo; y está la línea Supremo, que es una línea gourmet y vemos que hemos ido creciendo. ”, complementa Victor. 

Al trabajar por mejorar la calidad de su café, Norte de Santander está recobrando la importancia que alguna vez tuvo como región productora de Colombia.

A pesar de haber sido superado por otras regiones del país en la caficultura, turismo y gastronomía debido a muchos años de conflicto, y a la reticencia de los caficultores a cultivar nuevas variedades de café, los esfuerzos de los actores de la industria local están mejorando la calidad y aumentando el volumen de producción para devolver el departamento a su antiguo esplendor.

En pocos años, seguramente veremos cada vez más a Norte de Santander en los menús de café de especialidad de todo el mundo y a los colombianos orgullosos del potencial de esta región cafetalera.

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Crédito de Fotos: Tatiana Guerrero, Finca El Roble, Fruto Bendito y Coopercafé.

PDG Español

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