5 de octubre de 2021

Impacto de los disturbios civiles en el sector del café de Colombia

A principios de este año, Colombia se vio sacudida por una oleada de protestas como no se había vivido en el país en los últimos tiempos. Todo comenzó con el proyecto de reforma fiscal a finales de abril, el cual sacó a cientos de miles de colombianos a las calles. 

Ante una oposición tan feroz, a principios de mayo el gobierno retiró rápidamente las reformas propuestas. Pero en lugar de aplacar la disidencia, las protestas se convirtieron en un movimiento más amplio, con ciudadanos que protestaban por la corrupción, la desigualdad y el devastador impacto económico de la COVID-19. 

Como resultado, muchas carreteras y puertos estuvieron bloqueados o solo parcialmente accesibles durante mayo y junio. Los manifestantes levantaron barricadas y las fuerzas de seguridad restringieron la circulación en algunas zonas. Esto afectó a la circulación de mercancías y de mano de obra, incluso en el sector del café.

Estos disturbios civiles coincidieron con el punto álgido de la cosecha de media estación (o traviesa) en el país. Y aunque a principios de julio se restableció una frágil paz, el impacto total en la industria cafetera del país todavía se está desarrollando. Continúa leyendo para conocer más.

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woman picking coffee cherries

Un contexto más amplio: el café de Colombia en 2020 y 2021

Antes de analizar el impacto de los disturbios sociales en el sector, es importante observar qué más ha ocurrido hasta 2020 y 2021. 

En primer lugar, los precios internos ofrecidos a los productores han aumentado a un ritmo significativo desde el inicio de la pandemia. Los precios por carga (125 kg de pergamino seco) en febrero de 2020 alcanzaron un mínimo anual de COP 813.000 (USD 210). Apenas un mes más tarde, se dispararon a un máximo anual de COP 1.315.000 (USD 340) cuando el impacto global de la pandemia se hizo sentir por primera vez. 

Los precios se han mantenido comparativamente altos desde entonces, con un promedio de COP 1.080.806 (USD 279) de marzo a diciembre de 2020. Este es un aumento significativo en comparación con el promedio de 2019 de COP 787.473 (USD 204).

Estos cambios de precios se produjeron por una serie de razones. Entre ellas, la preocupación mundial por la oferta, el clima impredecible en las regiones cafeteras vecinas, los contratos de futuros que deben cumplirse y el hecho de que el peso haya perdido casi un 20 % de su valor frente al dólar. 

Este último punto, en particular, significaba que compradores como la FNC podían aprovechar la diferencia de tipo de cambio y ofrecer a los productores más dinero, asegurando el suministro para cumplir los contratos existentes.

Estos aumentos continuaron hasta justo antes de las protestas, alcanzando cifras en torno a los COP 1.319.000 por carga (USD 341) cuando la cosecha comenzó a aumentar. Sin embargo, los precios subieron mucho más una vez que el impacto de las protestas comenzó a sentirse.  

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Guerra de ofertas e inflación de los precios

Tras las protestas, muchas de las principales rutas de suministro fueron bloqueadas en todo el país durante mayo y junio. Esto dejó a muchos productores de café sin poder transportar su producto después de la cosecha.

Cristian Raigosa es uno de los fundadores del Proyecto Renacer. “Colombia no tiene una extensa red de carreteras”, dice. “Esto significa que si una sola carretera está bloqueada, puede causar enormes problemas a toda una región”.

Algunos productores tuvieron el café retenido en las fincas hasta dos meses. Esto, inevitablemente, comenzó a tener un impacto en los precios, ya que los compradores estaban “persiguiendo” una oferta cada vez menor de café listo para la exportación.

Felipe Trujillo es productor de la Finca La Ventolera en Santa Bárbara, Antioquia. Él dice: “Dejamos de exportar durante dos meses”.

“Eso generó un desequilibrio en todos los suministros de nuestros proveedores, nuestros clientes y los clientes de nuestros clientes. Esto, a su vez, llevó a la especulación de precios y a mucha incertidumbre”.

El resultado ha sido un periodo de inflación de precios sin precedentes, impulsado por las guerras de ofertas, ya que los exportadores trataban de cumplir los contratos pendientes. 

“Los precios del café se dispararon”, dijo Cristian. “La poca oferta que había en el mercado fue comprada por grandes exportadores con grandes billeteras”.

Las cifras hablan de lo mismo. Tras el máximo de abril de COP 1.319.000 (USD 341), el precio interno que pagaba la FNC en julio llegó a COP 1.905.000 (USD 493), un aumento del 44 % en solo tres meses.

man holding coffee beans

Los costos aumentan para los productores

A los productores se les habrían ofrecido sumas récord si hubieran podido vender en el momento de mayor demanda y si las vías de suministro hubieran estado abiertas. Sin embargo, en general, este ha sido un periodo increíblemente turbulento y costoso.

Don Juan Guillermo Londoño es productor de café en la Finca Las Brisas. Él dice: “Ha causado un enorme daño a muchos caficultores y trabajadores del campo, quienes no han podido vender sus productos”.

Los problemas de suministro y los bloqueos no solo afectaron a la exportación de café. Al no poder importar fertilizantes ni otros productos agrícolas esenciales, las existencias locales disminuyeron durante mayo y junio. Los productores tuvieron que hacer frente a la inevitable inflación que siguió. 

Paula Concha es productora de la Finca Santa Elena en Ciudad Bolívar, Antioquia. Ella dice: “Para los que pudieron conseguir fertilizantes, hubo enormes aumentos de costos de hasta un 20 %”.  

Para colmo, muchos productores no pudieron traspasar el aumento de los costos de producción a sus precios de venta, ya que habían negociado los precios antes del inicio de los disturbios sociales.

“Tuvimos que mantener nuestro precio de venta, pero nuestros costos aumentaron en general”, explica Felipe. “Esto ha tenido un gran impacto”.

Además de que el aumento de los costos de producción redujo los márgenes, los productores también vieron aumentar el costo de vida, y el bloqueo de las rutas de abastecimiento hizo que disminuyera el suministro de alimentos.

“Hubo un notable aumento del costo de vida durante los disturbios civiles”, dice Paula. “El precio de los alimentos básicos aumentó considerablemente para todos los trabajadores del campo”.

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Dificultades en el cumplimiento de los pedidos de café de Colombia

Sin embargo, no solo los productores han recibido un fuerte golpe financiero. Los exportadores se han visto incluso más afectados en algunos casos. En muchas ocasiones, esto se ha debido a las dificultades para cumplir los contratos expirados, con el café atascado en la finca.

“Nuestros socios exportadores acabaron perdiendo dinero solo para poder cumplir con los pedidos anteriores de los clientes”, dice Cristian. “Los costos de transporte aumentaron drásticamente en algunos casos, y tuvimos que recurrir al transporte aéreo en lugar del transporte por carretera, solo para llevar el café a los puertos”. 

Es comprensible que los productores estén preocupados por el posible efecto dominó de las pérdidas de los exportadores y por la repercusión de ese costo en los precios futuros.

“Nuestros clientes han asumido un mayor costo logístico”, dice Felipe. “Eso también nos afecta a nosotros en un futuro próximo”. 

Esto se debe a que los exportadores tendrán que aumentar los márgenes en la siguiente cosecha para recuperar las pérdidas. A su vez, esto presionará a la baja los precios que ofrecen a los productores. 

Sin embargo, esto solo se aplica a los casos en los cuales ha sido posible cumplir los contratos existentes. En muchos casos, los productores y exportadores se han visto obligados solo a entregar los pedidos con serios retrasos. Algunos han quedado totalmente incumplidos, según Cristian.

man drying coffee cherries

Mirando al futuro

Más allá del costo financiero inmediato, también preocupa el impacto a largo plazo que tendrá en la industria. La influencia de estos aumentos de precios podría dejarse sentir durante algún tiempo.

Aparte del impacto económico, también está el problema más intangible, pero no menos importante, del daño a la reputación de los productores. Muchos productores se han enfrentado a la cancelación de contratos y entonces los compradores han buscado a otros proveedores capaces de garantizar la entrega.

“Los contratos anuales que teníamos con los clientes se cancelaron porque querían esperar a ver cómo evolucionaba la situación de la seguridad”, dice Felipe. “Entrar en esas relaciones con los compradores lleva mucho tiempo para empezar, así que perder algún comprador tendrá un gran impacto a medio plazo”.

También ha habido un impacto en los precios. Aunque las rutas de suministro vuelven a funcionar ahora que ha pasado lo peor de los disturbios civiles, los precios siguen siendo extremadamente altos.

A principios de agosto, la tasa ofrecida a los productores por la FNC era de COP 1.638.000 por carga (USD 420), y al parecer se ofrecían contratos de futuros por encima de esa tasa.

Sin embargo, junto a los efectos residuales de los disturbios sociales de principios de año, este aumento se debe también a las fuertes lluvias que han dificultado la producción nacional, al igual que a las heladas en el vecino Brasil.

coffee cherries in hands

Entre los disturbios civiles y otros factores ambientales, podemos esperar que los precios en Colombia se mantengan altos, al menos a mediano plazo, incluso si las huelgas y las protestas no se reanudan en todo el país. Esto debería dar un respiro a los productores, siempre que la inflación de los costos de los materiales y los fertilizantes no supere este aumento de precios.

Sin embargo, si las manifestaciones sociales a gran escala se reanudan durante este periodo, y se vuelven a cortar las rutas de suministro, entonces podríamos llegar a un territorio más inexplorado en los precios. En este escenario, la barrera psicológica de los COP 2.000.000 de (USD 513) podría ser una posibilidad real, a pesar de que era una propuesta absurda hace solo 18 meses. 

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Crédito de las fotos: Those Coffee People

Traducido por Tati Calderón. Traducción editada por María José Parra.

PDG Español

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