16 de julio de 2021

¿Es el modelo “de la finca a la taza” el futuro del café en Nueva York?

Los habitantes de Nueva York son ávidos consumidores de café. Se trata de una tradición arraigada en la ciudad desde el siglo XVIII, cuando comenzaron a aparecer las primeras cafeterías en la ciudad. La imagen del neoyorquino con su taza de café de la mañana rumbo al trabajo, se ha hecho popular en muchas películas y series de televisión

Al ser una ciudad donde conviven un sinfín de culturas, entre las muchas de tiendas de café y tostadurías que se encuentran en la gran manzana, existen varios negocios de emprendedores provenientes de los países productores de café que buscan involucrarse directamente en varias fases de la cadena de suministro, a menudo con granos de sus países de origen o incluso, de sus propias fincas. Pero, además de ofrecer café, ¿cuál es su aporte a la cultura local y a la industria en general? ¿Puede ser un elemento distintivo? 

Para conocer más, conversé con Héctor Carvajal de Don Carvajal Café, y con Emilio Baltodano de Eleva Coffee, sigue leyendo para saber lo que me dijeron acerca de ser un empresario del café hispano en Nueva York y cómo funcionan sus negocios. 

Lee también: Cómo los latinos diversifican la escena del café en Los Ángeles, CA.

¿Cómo llega el café a Nueva York?

El consumo de café se arraigó paulatinamente en la ciudad. A mediados del siglo XVIII, la bebida llegó a la población de Nueva Ámsterdam, que más tarde los colonos británicos bautizarían como Nueva York.

Algunos cronistas de la ciudad refieren que la primera cafetería se abrió en 1696. Su nombre era Kings Arm, y se encontraba en lo que actualmente es Broadway.

Un siglo más tarde, habrían abierto cafeterías en diversos sectores. Al igual que en muchos otros lugares, en ellas se solían concretar negocios y organizar revoluciones. Incluso, en la Nueva York del siglo XVIII, muchas transacciones comerciales se llevaban a cabo en los establecimientos de Tontine Coffe House, en lo que hoy se conoce como Wall Street, el distrito financiero de la ciudad. Y así como crecieron los edificios en Manhattan, también lo hizo su gusto por el café.

Décadas después, al bajo Manhattan se le conoció como el distrito del café, porque allí se establecieron los primeros importadores del grano en la ciudad. 

Para 1876, un tercio del café del mundo ingresaba, en mayor medida, por el puerto de la ciudad de Nueva York, y para inicios del siglo XX, el 86 por ciento del producto se distribuía desde ese mismo puerto a todos los Estados Unidos. El bajo Manhattan constantemente olía a café tostado. 

Del mismo modo, entre las calles de la ciudad, podían apreciarse tiendas innovadoras de café como Porto Rico Importing Company, que abrió sus puertas en 1902, y lograron destacarse con una bebida aromática en Greenwich Village. 

En una reseña literaria sobre el libro de Erin Meister, New York City Coffee: A Caffeinated History, se puntualiza que las manos de inmigrantes italianos y griegos, ayudaron a esparcir la cultura cafetera en la ciudad. La influencia cultural del mediterraneo incidió en la manera en que se disfruta la bebida. 

En su constante evolución, la ciudad ha acogido a la tercera ola del café, con empresas y cafeterías icónicas, las cuales han contribuido a dar forma a su cultura cafetera. Entre ellas, varios negocios de emprendedores provenientes de países productores de café han llevado el modelo “de la finca a la taza” a lo largo de los años, y se caracterizan por ofrecer cafés únicos, específicamente seleccionados.

finca de café

Una manera alternativa de hacer café

La ciudad de Nueva York alberga un número significativo de inmigrantes hispanos y sus emprendimientos suelen marcar una diferencia en la cultura local. 

Don Carvajal Café surgió como un proyecto de clases en la Universidad de Rochester, me dice su fundador, Héctor Castillo Carvajal, oriundo de República Dominicana. La tostaduría provee granos de café tostado de República Dominicana y otros orígenes a distintos establecimientos de la ciudad de Nueva York. 

La historia de este joven de 24 años ha sido reseñada por diversos medios neoyorquinos, que destacan el crecimiento y la tenacidad de su idea. En la actualidad, produce 1.500 libras de café al mes y surte a 55 supermercados en la ciudad de Nueva York, y continúa con su expansión. 

“Lo que hace diferente a Don Carvajal Café es algo interesante, porque [en Estados Unidos] no se conocen a muchos hispanos en la industria del café, en el área de tueste o distribución”, me explica.

La iniciativa ayudó a visibilizar los emprendimientos hispanos en la industria del café neoyorquino, asimismo, su empresa se singulariza por las raíces latinoamericanas que presenta. 

“El café para mí era interesante, porque se producía en mi país y es algo mundialmente reconocido, además de ser una de las mercancías más comercializadas del mundo”, me dice.

finca cafetalera

Desde muy temprano Héctor se levanta para ir a Nueva Jersey y retirar el café verde en el almacén, luego regresa a la ciudad de Nueva York, y en la tarde se encarga de ir él mismo a tostarlo, para luego finalizar la jornada empaquetando. Al día siguiente, distribuye los granos a sus clientes. 

La labor obedece el claro sentido de hacer llegar a más personas su producto, e incluso, poder generar una nueva manera de experimentar el café, porque como él mismo señala: “En la industria todos agregamos una perspectiva o una manera diferente”. 

“Cuando los hispanos lleguemos a posiciones en la que podamos cambiar la manera de beber café, usando métodos no tan tradicionales, podremos crear una nueva expectativa del café”, dice. 

Además, sostiene que está abierto a difundir una manera muy tradicional de preparar café, usando métodos conocidos por todos los países de habla hispana, como lo es la media de café o filtro de tela. 

“En Estados Unidos siempre se busca una oportunidad para mejorar (…) yo siempre la he procurado”, reflexionó Héctor.

“Quiero que siga creciendo la compañía al punto que tengamos tiendas de café; también quiero producir nuestro propio café o hacer una alianza con caficultores para crear programas en la que podamos crear cafés de alta calidad”.

Consolidar negocios responsables

Emilio Baltodano fundó Eleva Coffee con una alta sensibilidad social. Él me explica que el café fue una de las actividades económicas que ha influido significativamente en Nicaragua, su país de origen.

“Siempre tuve como meta personal contribuir al desarrollo económico y social de Nicaragua y por eso decidí trabajar en café. Yo estoy convencido de que el desarrollo sostenible tiene que venir del sector empresarial”, señala.

Eleva Coffee abastece de granos de Nicaragua, Guatemala y Etiopía a 24 locales en la ciudad de Nueva York y en varios estados. Actualmente, tiene 5 tiendas de café, 4 en Nueva York y 1 en el Estado de Virginia.

Además, detrás de esta marca de café yace un arduo trabajo que inicia en las fincas en los países productores. Nada más en Peñas Blancas, Nicaragua, 40 fincas le suministran granos minuciosamente escogidos a Emilio, quien contribuye asegurar una mejor calidad de vida a los caficultores al adquirir directamente sus granos.

Se pueden obtener buenos resultados cuando las empresas y las comunidades productoras de café gozan de una buena relación. Capacitar al personal en la finca o invertir en  maquinaria mejora de manera significativa la calidad del café.

Emilio consolidó su deseo de fusionar sus conocimientos sobre el café con el impulso por “la sustentabilidad y la creencia en el emprendimiento social. El nombre surgió porque queríamos ‘elevar’ la calidad de vida de las familias cafetaleras”.

Además, me dice que con su emprendimiento fusiona responsabilidad social, junto con las responsabilidades que siente hacia la comunidad de Nueva York. Es una simbiosis que puede servir de ejemplo para otros negocios. 

“El mundo del café ya no es dominado por un par de marcas”, me dice y agrega que “existen grandes oportunidades para nuevos entrantes”.

Conoce cómo las inversiones en infraestructura fortalecen las relaciones y mejoran la calidad del café.

¿Qué motiva a los emprendedores latinoamericanos? 

Emilio me explica que el café tiene una larga historia en América Latina, y que además, varios de los mejores granos de café en el mundo son cosechados en la región. “Los hispanos tenemos que tener un rol importante en no solo la producción, sino en toda la cadena, hasta la entrega de una taza de café al consumidor. Estamos en la mejor posición para contar la historia del café”.

Además de ofrecer un café de buena calidad en Nueva York y en los Estados Unidos, el principal objetivo de Emilio es involucrarse directamente en las fincas.

“La huella que deseo dejar es que se logre contribuir a la promoción del consumo responsable, la protección del medio ambiente, el desarrollo económico, y la creación de oportunidades para todos”.

“La tendencia es hacia la calidad y transparencia. El consumidor quiere gozar de un producto de alta calidad y alta sostenibilidad”, dice.

Con respecto al futuro de los latinoamericanos en la industria del café en Estados Unidos, él cree que es muy esperanzador, afirma que “vamos a continuar viendo un crecimiento en la cantidad de marcas de café impulsadas por hispanos”. 

De la misma manera en que Héctor y Emilio ofrecen una nueva experiencia en la cultura cafetera de Nueva York, existen otras empresas hispanas que han forjado su reputación no solo por la calidad de su café, sino por involucrarse en varias fases de la cadena de suministro, como Café Devoción, y Café Integral, entre muchas otras.

Por otra parte, varias bebidas con influencia hispana han llegado a formar parte de la escena cafetera local. Emilio dice que entre ellas se pueden encontrar el latte de horchata, y el cortado. “La verdad es que el cortadito, es la bebida inspirada por los hispanos que se volvió convencional”, agrega.

Entre los objetivos de Hector, está el de seguir ofreciendo un buen café de calidad a las cafeterías y locales de Nueva York. “Cuando la gente me ve se ven a ellos mismos, es como una revelación para muchos hispanos aquí”, explica. Su emprendimiento ha sido ejemplo entre la comunidad dominicana en la ciudad donde de hecho, los dominicanos son los latinos más numerosos

Lee acerca de nuestro recorrido por las tiendas de café especial de Manhattan.

tienda de café Nueva York

Desde hace tiempo, Nueva York tiene una cultura de café establecida y una importante influencia hispánica. La combinación de estos dos elementos ofrece una nueva manera de consumirlo y crea una nueva perspectiva en la escena cafetera local.

Ahora, no se trata solamente de emprendedores que abren tiendas de café, sino de modelos de negocio que abarcan todas o varias fases de la cadena de suministro, y cada vez son más numerosos. Este crecimiento solo puede contribuir a empoderar a los caficultores y ofrecer una nueva manera de contar la historia del café.

La próxima vez que visites Nueva York, ¿Por qué no disfrutar de un café en una de estas tiendas o comprar granos tostados por emprendedores hispanos? Su manera de abordar el café y hablar del origen podrían cambiar tu manera de percibir la bebida.

¿Disfrutaste este artículo? Entonces lee De la finca a la taza: ¿cómo los caficultores pueden abrir su propia tienda de café?.

Crédito de las fotos: Don Carvajal Café, Eleva Coffee.

PDG Español¿

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