junio 17, 2021

Analizando el costo de producción de café en Puerto Rico

El mercado del café en Puerto Rico representa un caso excepcional en América Latina y el Caribe. La industria cafetera de la isla es muy diferente de otros países productores. 

Por más de dos siglos, el café ha sido un producto agrícola importante para la economía puertorriqueña. Sin embargo, con el paso de los años ha sufrido una reducción drástica en su producción y comercialización. Los altos costos de producción son un obstáculo para la caficultura en el país. 

El costo de los servicios públicos, la escasez de mano de obra, las regulaciones federales y las importaciones de insumos agrícolas han incidido negativamente en la rentabilidad de las fincas. Para saber más, hablé con cinco actores de la industria del café puertorriqueña. Continúa leyendo para conocer lo que me dijeron. 

Conoce más sobre la producción de café en el Caribe.

El antes y el después de la caficultura en Puerto Rico 

Antes de hablar de los costos de producción, es necesario comprender la situación actual del mercado del café y cómo se ha visto afectada con el tiempo. 

La producción de café en Puerto Rico vivió su época dorada durante el siglo XlX, cuando aún era una colonia española. Los años prósperos se vieron interrumpidos a principios del siglo XX, cuando la isla quedó bajo el dominio de los Estados Unidos.

Los costos de producción se elevaron y los hacendados empezaron a alejarse del café, migrando a la producción de la caña de azúcar. De esta bonanza cafetera solo quedan los recuerdos y la producción de café en la isla ha sufrido una importante disminución.

Germán Negrón Gonzáles, gerente general de la compañía Puerto Rico Coffee Roasters, me dice que cuando se habla de la caficultura del país, se tiene que mencionar el paso del Huracán María, de categoría 5, que en 2017 arrasó con el 85% de la cosecha y las plantaciones. 

Según Germán, con base en las primas de seguros que pagó la Corporación de Seguros Agrícolas del Departamento de Agricultura, para ese año se proyectaba una cosecha de alrededor de 100 mil quintales. Por primera vez en muchos años, la producción se duplicaría con respecto a la del año anterior, que había alcanzado los 45 mil quintales.

Pero tras los efectos devastadores del ciclón, solo se recolectaron 20 mil quintales, y este volumen se ha mantenido hasta la actualidad, según Iris Jannette Rodríguez, presidente de la asociación sin ánimo de lucro Procafé, que reúne a más de 600 caficultores.

Iris y Germán me dicen que actualmente, la nación solo alcanza a cubrir entre el 6% y el 8% de la demanda interna, teniendo en cuenta que el consumo local es de 240 mil quintales. 

Desde el siglo XX, la isla produce menos de lo que consume, por lo que se ha visto obligada a importar café de otros orígenes para mezclarlo con los granos locales. México y República Dominicana son los mayores proveedores.

Sin embargo, Germán me dice que con el objetivo de incentivar la compra de café local, las empresas que importen el grano deben pagar un arancel de USD 2,50 por libra. 

En contraste, la cantidad que se exporta es muy baja. Germán estima que las exportaciones no llegan al 10% de la producción total, porque desde el siglo pasado, el país destina la mayor parte para el consumo interno. 

Adicionalmente, los precios del café de Puerto Rico en el mercado internacional pueden llegar a ser tres veces más altos que los de otros países con calidades similares, debido a los costos de producción elevados. 

El costo de producir café

Puerto Rico es considerado un país con un índice de costo de vida alto. Esto incide directamente en el sector cafetero y se ve reflejado en los costos que deben asumir los caficultores para producir el café.

Germán me explica que la inflación en los costos de elaboración obedece a una causa histórica: la instauración de la soberanía estadounidense. 

“Seguimos siendo un territorio, no somos Estado, pero tampoco somos independientes. Así que las políticas laborales de salarios mínimos, de beneficios para los trabajadores, pues son las mismas, [aquí y] en los Estados Unidos”, agrega.

Alberto Méndez Custodio es caficultor, beneficiador y tostador en la finca Don Dionisio, en Utuado. Se dedica a la producción de café de especialidad para la marca Aromas del Campo.

Él coincide con Germán. Me dice que los costos a veces pueden llegar a ser 3 o 4 veces más altos que en los países productores de Centroamérica. En 1991, el costo de producción de un quintal de café era de USD 190,75 y para 2005, alcanzaba los USD 250.

Según los cálculos de Alberto, actualmente el costo de elaboración de un quintal de café de calidad comercial oscila entre USD 355 y USD 365 y el costo de producción de un café de especialidad alcanza los USD 425. 

En comparación, un estudio realizado por Promecafé en los países de Centroamérica en 2017, encontró que en la región el costo de producción de un quintal de café en las fincas era de alrededor de USD 200.

Para Germán, el mayor reto es el volumen de producción, pues actualmente el rendimiento por cuerda es de 3,2 quintales, pero debería ser de 12 o 15 quintales. 

Alberto me dice que los servicios públicos, la mano de obra, sobre todo en épocas de cosecha, y los agroinsumos contribuyen a elevar los costos de producción.

Veamos cuáles son las causas. 

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Escasez y costo de la mano de obra

El déficit de recolectores de café es un problema que afecta a la industria cafetera en muchos países por diversas razones y Puerto Rico no es la excepción.

Rebecca Atienza es hija de un caficultor de la Hacienda San Pedro y administradora de varias tiendas de café. 

Ella dice que una de las causas de la escasez de mano de obra son las ayudas gubernamentales como el PAN (Programa de Asistencia Nutricional) y el subsidio de desempleo.

Según Rebecca, a pesar de que se establecieron para mejorar la calidad de vida de las personas, también han contribuido a desincentivar el trabajo. Las cifras del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos, indican que la población económicamente activa de la isla se redujo en febrero y alcanzó la cifra más baja registrada en los últimos 31 años

Pedro Trilla es barista, integrante del equipo del Museo del Café, en Ciales, y fundador de Cafemanía, una empresa que ofrece servicio de hotelería y catering

Él concuerda con Rebecca. Añade que para estimular el trabajo en las fincas, es necesario aumentar el pago a los recolectores, a quienes se les ofrece entre USD 7 y USD 8 por almud recogido (28 libras), es decir, 29 centavos por libra. Por otro lado, el salario mínimo federal para los trabajadores agrícolas, es de USD 7,25 por hora.

“Hay que pagarle el fondo seguro del Estado, seguro por desempleo, seguro social y dentro de todo eso está la retención del 11% de su sueldo.(…) Viene saliendo la hora como a USD 11 (…) por cogedor de café”, apunta Alberto.

Rebecca calcula que un recolector puede ganar entre USD 500 y USD 600 semanales. Germán me dice que es una cifra elevada, si se considera que la mano de obra representa el 60% de los costos. Los caficultores de pequeña escala no se ven muy afectados, porque suelen recurrir a la agricultura familiar

La emigración masiva después del huracán María también es otra causa de disminución de la fuerza laboral. En 2018, la población se redujo en un 4,3%. A esto se suma, que la tasa de natalidad de la isla viene decreciendo desde 2016

Conoce cómo es ser recolector de café en un mercado laboral inestable e inseguro.

Los transbordos aumentan el costo de las importaciones

Al igual que otros países productores, los insumos agrícolas como los fertilizantes y los pesticidas, son importados. No obstante, Puerto Rico debe cumplir con una condición establecida en la Ley Jones de 1917, que eleva los precios de los productos que entran a la isla. 

Esta ley obliga a que todos los bienes que compra el país solo pueden transportarse en barcos estadounidenses, lo cual se refleja en el costo final que paga el productor. 

Pedro me explica: “Si yo quiero traer café de la República Dominicana, tiene que ir a Miami, cambiar de barco para que sea un barco de la marina mercante para entonces llegar a Puerto Rico”.

Iris señala que los precios de los fletes marítimos se han disparado y que llegan a duplicarse con respecto a los años anteriores. 

Alberto me cuenta que el saco de 100 libras de fertilizante está entre USD 38 y USD 40, y el galón de herbicida a USD 75. Un cafeto requiere 3 o 4 libras de fertilizantes al año. 

“En una cuerda [aproximadamente 3930 metros cuadrados], mayormente nosotros sembramos 1.000 o 1.200 árboles (…) Estamos hablando de USD$1.600 dólares por cuerda en las aplicaciones al año”.

A pesar de que el Gobierno entrega una bonificación para la compra de abono, Iris advierte que estas ayudas no compensan el alto precio de los productos. Además, estos incentivos se basan en la producción de café, la cual es reducida. 

“Muchas veces esos insumos les da para un abono al año y deberían estar abonando dos o tres veces al año. Al momento que eso sucede, de hacer un solo abono, entonces su producción merma y no tienen la misma por cuerda”, comenta Pedro. 

Para Pedro, la solución radicaría en la fabricación de abono orgánico, pero esta actividad también requiere de inversiones y más mano de obra, un costo que muchos productores no tienen la capacidad de asumir. 

El costo de los servicios públicos disminuye la rentabilidad

El Índice de Costo de Vida del Council for Community and Economic Research de 2020, reveló que respecto al costo de los servicios públicos, Puerto Rico ocupa el cuarto lugar y se encuentra un 60,3% por encima del promedio de los Estados Unidos

Rebeca me cuenta que anteriormente, usaban secadoras mecánicas y el combustible y la electricidad que se requerían para su funcionamiento aumentaban el costo de producción del café. Actualmente, utilizan el método de secado al sol, que permitió una reducción en los costos.

En la región se paga entre 27 a 30 centavos de dólar el kilovatio de energía. Alberto me dice que para que el café de calidad comercial alcance un contenido de humedad del 10% o 12%, se requieren de 12 horas en una secadora mecánica. El café de especialidad necesita 40 horas.  

“Cuando tú transfieres todo eso al proceso, si tienes secado mecánico, el despulpe, el lavado, el pilado, el trillado, te sube demasiado”, explica Alberto. 

Muchos de los caficultores han optado por sistemas tradicionales, como el secado al sol, en galpones, camas africanas o gavetas para disminuir los gastos en electricidad. La isla también está explorando fuentes de energía renovable. Sin embargo, Pedro señala que aún no es suficiente para realizar una operación de secado al sol. 

El metro cúbico del agua asciende a los USD 2,32. Pedro me dice que antes del Huracán María, las políticas prohibían al agricultor usar agua de lluvia para el procesamiento de alimentos, entre estos el café, porque es un recurso sin procesar. Cuando la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados no tenía forma de proveer el recurso hídrico, comenzó a permitir el uso del agua de lluvia. Sin embargo, esto significa que el productor debe invertir en infraestructura para potabilizar el agua. 

Ventajas del sector del café puertorriqueño 

A pesar de las dificultades que implica el alto costo de producción del café, la industria en Puerto Rico es un caso excepcional. El país tiene la ventaja de que el precio del café de calidad comercial no está expuesto a las fluctuaciones del precio C. 

Con el fin de proteger al sector, el Gobierno estableció un precio mínimo para el café comercial. Germán me dice que el precio de un quintal de café verde es de USD 380. El precio de un quintal de café de especialidad es de USD 440. Esto le permite al caficultor planificar sus costos de producción con base en el precio que ya conoce. 

Pedro me dice: “Los precios de café se fijan en Puerto Rico precisamente para la producción del agricultor. Si nosotros nos fijamos en el mercado internacional y de repente la libra se pone a USD 1,25 para pagarlo, y le cuesta al agricultor en Puerto Rico USD 2 producir esa misma libra de café, (…) es imposible que el agricultor produzca para vivir”. 

“Por la baja producción actual, pues se está pagando inclusive hasta 30% o 35% por encima de esos precios mínimos que se establecen garantizados por ley. No hay ninguna prohibición de que se pueda pagar más, lo que no se puede es pagar menos”, señala Germán. 

“Si hubiese tenido este precio (el café comercial) siete u ocho años atrás, sí le hacía justicia, porque entonces la diferencia entre pago de recogida, vs. lo que tú lo vendes, tienes un ingreso mayor”, apunta Pedro. 

Alberto estima que al hacer el análisis costo-beneficio, los caficultores que producen café comercial obtienen un margen de ganancias inferior al 10%. Por otro lado, los productores de café especial podrían alcanzar ganancias de entre el 40% y 60%. 

Él cree que en la medida que se cultive más café de especialidad, los productores van a reducir sus costos. Además, existe un mercado interno que los respalda, porque cada vez se abren más cafeterías y otros establecimientos que ofrecen cafés de alta calidad. Sin embargo, este cambio va a requerir de innovación, integración, educación y transparencia. 

“Entiendo que si nos unimos, podemos hacerlo. Hay varias entidades y grupos aquí que están haciendo muy buen trabajo. Y tenemos que apoyarnos los unos a los otros.”.

A diferencia de otros productos agrícolas que se cultivan en Puerto Rico, el café es el único que tiene un mercado seguro, un precio garantizado y leyes que regulan la importación y exportación del café. 

Sin embargo, estos beneficios se ven entorpecidos por los altos costos de producción de la isla, la escasez de mano de obra, los fenómenos naturales y la hegemonía política de los Estados Unidos. 

No obstante, los caficultores se han mostrado resilientes y han logrado garantizar la continuidad de la producción de café en la isla. Queda por verse cómo evolucionará la industria en el futuro.

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Crédito de las fotos: Puerto Rico Coffee Roasters, Rebecca Atienza.

PDG Español

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