15 de marzo de 2021

“Voces escuchadas por primera vez”: las mujeres en las cooperativas de café

El sector del café ha estado tradicionalmente dominado por hombres. A pesar de que un alto porcentaje de la fuerza productora es femenina, las caficultoras en todo el mundo suelen tener poca capacidad de acción en su campo. 

Sin embargo, esta narrativa está cambiando debido a los ideales de justicia social y la conciencia que toda la industria tiene con respecto a que las mujeres deben tener un papel igualitario en el futuro del sector del café.

Para saber más sobre el movimiento de las mujeres en el café, hablé con Jhannel Tomlinson de Jamaican Women in Coffee, Kimberly Easson de Partnership for Gender Equity y Connie Kolosvary de Café Femenino. Sigue leyendo para descubrir lo que dijeron

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¿Por qué el auge de las mujeres en el café?

Las mujeres son una parte importante de la fuerza laboral agrícola en el sector del café. Se calcula que entre el 20% y el 30% de las fincas cafetaleras están gestionadas por mujeres, y hasta el 70% de la mano de obra en la producción de café la aportan las mujeres, dependiendo de la región. A pesar de ello, la producción de café tiende a considerarse un “negocio de hombres”, en el cual las mujeres suelen desempeñar funciones complementarias. 

Jhannel Tomlinson es la responsable de sostenibilidad en Jamaican Women in Coffee (JAWiC). Ella dice que, aunque el sistema de producción de café se considera inclusivo, ciertas limitaciones hacen que las mujeres no puedan capitalizar eficazmente sus actividades en el sector.

Por razones históricas, culturales o institucionales, el acceso de las mujeres a las tierras suele implicar un derecho de uso, pero no de propiedad. El hecho de que a menudo tengan que compatibilizar las tareas domésticas y el cuidado de los niños con el trabajo en la finca limita aún más sus oportunidades. 

Aunque las mujeres pueden participar en el trabajo, la mayoría de las decisiones las toman los hombres, quienes han tenido más oportunidades de adquirir la experiencia necesaria para la toma de decisiones, señala Jhannel.

Actualmente, hay una mayor conciencia sobre la necesidad de la equidad de género en general. Kimberly Easson es la fundadora y directora general de The Partnership for Gender Equity. Ella dice: “Cada vez se reconoce más el papel de la mujer en el café y cómo ayuda a impulsar y fomentar la sostenibilidad del sector”.

Sin embargo, la razón que subyace a la creación de cooperativas de mujeres caficultoras no siempre tiene que ver con lograr la igualdad de género. Algunas veces, y por lo general, se trata simplemente de una cuestión práctica. A continuación, algunos ejemplos.

Cultura

Connie Kolosvary es la directora de Café Femenino en Organic Products Trading Company. Ella dirige un programa con una cooperativa en Sumatra, una isla indonesia predominantemente musulmana. 

Allí, me cuenta que por razones religiosas los hombres y las mujeres trabajan en salas diferentes. Una cooperativa de mujeres es una gran solución a esta realidad cultural; permite que tanto hombres como mujeres se ocupen de sus asuntos con mayor libertad.

Conflicto

En los países en situación de posconflicto, las mujeres a menudo no tienen otra opción que unirse y mantener el negocio en marcha. Connie me cuenta su experiencia en Ruanda, donde trabajó con una cooperativa de café en 2009.

“La mayoría de los hombres murieron en el genocidio o en la cárcel”, dice. “Las mujeres retomaron la tarea de la producción de café, creando una asociación de Café Femenino (una cooperativa de mujeres productoras de café). 

“La conformaron desde ambos lados de la guerra. Dijeron ‘la pobreza es ahora nuestro enemigo común, y la venceremos juntas’. Fue desgarrador, pero también inspirador”.

Migración

Kimberly añade que la migración también es una causa. 

“En Guatemala, por ejemplo, [muchos] hombres han emigrado, y las mujeres se quedan para gestionar el negocio. 

“Tienen que unirse para mejorar sus capacidades y encontrar una forma de avanzar”.

¿Cómo funcionan las cooperativas de mujeres?

Las cooperativas de mujeres funcionan de la misma manera que cualquier otro tipo de cooperativas, con una característica fundamental que las define: las mujeres deciden qué, dónde y cómo hacen las cosas. 

“No hay una definición compartida”, según Kimberly. En última instancia, se trata menos sobre requisitos rígidos y más sobre el propósito y el enfoque. Para Partnership for Gender Equity, Kimberly dice que se trata de un enfoque holístico hacia la equidad de género en las organizaciones de caficultores. 

“La estrategia podría incluir una cooperativa de café para mujeres, o un programa, dentro de un enfoque más amplio de la equidad de género”, dice Kimberly. 

En JAWiC, Jhannel dice que es una estrategia de dos pasos. El primer paso consiste en ofrecer a las mujeres un espacio seguro para que se sientan capacitadas y tomen el control. Después, el segundo paso es incluir a los hombres y a los jóvenes para que sea un cambio comunitario inclusivo. Además, a diferencia de muchos sistemas tradicionales de producción de café, las mujeres participan directamente en la decisión sobre el destino de los fondos. 

“Saber que solo los hombres eran parte de la conversación relacionada con las decisiones de inversión, hizo que me percatara de que las cooperativas pueden funcionar de forma más equitativa y eficaz a través de una estructura como Café Femenino, donde las mujeres participan en la conversación”, dice Connie. “Son la voz de la comunidad que no se suele escuchar”.

Connie, Jhannel, Kimberly y las organizaciones a las cuales representan son embajadoras del mismo mensaje. Quieren eliminar las barreras que impiden a las mujeres opinar sobre las decisiones relacionadas con sus ingresos. Quieren que tengan la misma participación y condición como socias. 

“Ahora las voces de las mujeres están siendo escuchadas por primera vez en las cooperativas en las cuales tenemos programas”, añade Connie.

Hay que implementar planes e ideas 

Sin embargo, no basta con tener ideas y voz. Una vez expuestas las esperanzas y los planes, las productoras necesitan el apoyo para implementarlos.

Por ejemplo, en los programas de Café Femenino, los productores reciben apoyo financiero de la Fundación Café Femenino para los proyectos que requieren y son su prioridad. Este sistema también permite a los tostadores financiar proyectos y apoyar a las mujeres en las comunidades cafetaleras directamente a través de donaciones.

“Es una parte integral del empoderamiento de las mujeres”, explica Connie. “Tener ideas está muy bien, pero para ponerlas en práctica en el campo se necesita financiación. Aquí radica la importancia de las donaciones de los tostadores”.

En cambio, Partnership for Gender Equity ofrece una herramienta de evaluación en línea que permite a las cooperativas determinar su “puntuación” en materia de equidad de género. 

Luego, las cooperativas usan la información del informe que reciben para crear un plan de acción a medida. Esto les ayuda a mejorar la equidad de género en su organización, lo cual puede ser financiado por los socios o por la propia cooperativa.

Cambio social a través del valor añadido

Entonces, ¿cuál es el valor añadido de hacer negocios con una cooperativa de café gestionada por mujeres? 

Pues bien, el valor viene dado por la demanda; en consecuencia, los compradores interesados en el café producido por mujeres estarán respondiendo a una demanda de justicia social por parte de los consumidores.

Connie me dice que los tostadores acuden a Café Femenino porque tienen esa filosofía de cambio social a través del “poder del dólar”. 

“La demanda por café de mujeres ha aumentado constantemente desde 2003, cuando se empezó a hablar a la industria acerca de las condiciones de vida difíciles de las mujeres agricultoras”, afirma. 

“Esto ocurrió especialmente después del movimiento #metoo (yo también), cuando la conciencia social sobre la importancia del empoderamiento de las mujeres se ‘generalizó’ en todo el mundo”.

Sin embargo, tenemos que ser cautelosos con la forma de comercializarlo”. Kimberly dice: “Utilizar imágenes de mujeres en el café es una gran estrategia de mercadeo, la cual no refleja necesariamente los objetivos del feminismo”. Existe la preocupación de que este enfoque termine por marginar a las mujeres, en lugar de situarlas en el centro. 

Connie advierte que hay mucho café que se comercializa como “cultivado por mujeres”, pero no todas estas marcas ofrecen realmente un espacio para que las mujeres tengan voz. 

Ella dice que cuando se compra algo etiquetado como “café de mujeres”, hay que examinar el flujo de dinero y cómo está estructurada la cooperativa. ¿Tienen las mujeres el mismo poder que los hombres en esa estructura? Los tostadores y los compradores tienen la responsabilidad de buscar esas respuestas. 

Tener más sillas en la mesa de decisiones beneficia a todos

Empoderar a las mujeres en el sector del café no consiste tanto en “darles el poder”, sino en animarlas a que actúen y se hagan valer en un sector tradicionalmente dominado por los hombres. Esto les da una voz más fuerte en una comunidad en la cual ya son activas y esenciales.

Por ejemplo, Kimberly afirma que “las mujeres empoderadas pueden asumir funciones de liderazgo más amplias”. El aprendizaje del liderazgo organizativo y el desarrollo de habilidades empresariales tradicionales son importantes; estos apoyan el desarrollo de las mujeres líderes, ayudando a su vez a lograr un cambio sistémico, dice.

Es importante recordar que no se trata de una competencia entre hombres y mujeres. No se trata de invertir la situación, sino de igualar las condiciones. 

Con la finalidad de que una cooperativa de mujeres o una organización con equidad de género funcione, es necesario que los hombres estén a bordo. No se trata de segregar a hombres y mujeres, sino de colaborar para un reparto más equitativo de funciones y oportunidades.

“No solo estamos actualizando las normas para las mujeres, sino también para los hombres”, explica Connie. Ella añade que algunos hombres pueden mostrarse escépticos al principio. “Se suelen necesitar dos ciclos de cultivo para que entiendan que no les estamos quitando nada, sino que solo estamos añadiendo más sillas en la mesa para aumentar los beneficios para todos”. 

Ella me dice que está esperanzada. “Por primera vez, estamos viendo que los hombres eligen a las mujeres para ocupar puestos de liderazgo, en el consejo de administración, por ejemplo. Antes no se hacía. Pero cuando ocurre una vez, entonces puede empezar a convertirse en la norma”.

Esto también tiene un efecto dominó. Con el tiempo, con más experiencia de liderazgo y un acceso mejor y más equitativo a la educación, las mujeres estarán mejor preparadas para presentarse a los puestos de gobierno dentro de su comunidad, si así lo desean. 

Otro resultado indirecto que surge cuando las mujeres se inclinan hacia papeles con mayor poder es que los hombres suelen mejorar su gestión, y mantener un buen nivel de trabajo. Como resultado, las mujeres tienden a ser más valoradas en su comunidad y en sus familias; la violencia doméstica y las cifras de abuso también disminuyen.

La equidad de género es crucial, pero las comunidades deben participar bajo sus propios términos

Al igual que ocurre con cualquier iniciativa de desarrollo social, es importante respetar las normas culturales. Imponer un concepto nuevo, quizás ajeno, a una comunidad no solo es irrespetuoso, sino que además será ineficaz. Comprender el contexto local es fundamental para determinar las cuestiones de género en una zona o país determinados.

“¿Quiénes somos nosotros para decir cómo deben comportarse las personas cuando se trata de la equidad de género?” pregunta Kimberly. “Hay matices en el espectro de la igualdad y la desigualdad de género. No es nuestra responsabilidad resolver este asunto. Sin embargo, si apoyamos las prácticas de inclusión y equidad de género, podemos influir en el sistema”.

Además, el cultivo del café suele ser un negocio familiar basado en décadas, incluso siglos, de tradición. Kimberly enfatiza que debemos ser cautelosos a la hora de crear decisiones artificiales en un escenario en el cual es natural que las familias trabajen juntas de una manera determinada.

Ella recuerda una experiencia en Perú en la cual preguntó a los caficultores si estaban interesados en promover el café de las mujeres. Ella dice que muchas mujeres respondieron que no, porque les gustaba trabajar como familia. 

“Hay que dejar que las personas opinen”, dice Kimberly. “Con la finalidad de acceder al mercado, existe el riesgo de obligar a las personas a ajustarse a un cierto papel, el cual simplemente no les conviene”.

Existen soluciones que promueven la equidad de género y satisfacen la visión que una comunidad tiene de sí misma. Según Kimberly, esto implica la elaboración de un plan informado por todos los miembros de la familia, incluidos los jóvenes. Luego, toda la familia debe entender cómo la equidad de género puede apoyarlos en su camino hacia la sostenibilidad y la resiliencia.

Un porcentaje importante de la mano de obra en la producción de café son mujeres. Por ello, es imperativo que fomentemos el empoderamiento de las mujeres en la producción de café.

“La equidad de género es la base de muchas cosas”, dice Kimberly. “Si lo llevamos a la forma de pensar en el café, la equidad de género tiene que ser la base de la sostenibilidad”.

Participar a cualquier nivel para ofrecer un espacio a las productoras de café para que tengan albedrío y voz beneficiará a toda la cadena de suministro, y a las próximas generaciones.

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Crédito de las fotos: Jamaican Women in Coffee (JAWiC), Cafe Femenino, Partnership for Gender Equity

Traducido por Tati Calderón. Traducción editada por María José Parra.

PDG Español

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