febrero 16, 2021

Café y khat: ¿Cuál es su relación?

El café se asocia, desde hace mucho tiempo con Etiopía y Yemen, pero hay otro cultivo comercial que prevalece de igual manera en África y el Oriente Próximo: el khat, que también puede denominarse “chat” o “qat”.

El khat es una planta verde y frondosa, la cual se ha cultivado y utilizado desde el siglo XIII en todo el noreste de África y la Península Arábiga. Contiene estimulantes naturales que provocan sensaciones de euforia y alegría, mientras suprimen el apetito de quien la consume. Las hojas de esta planta pueden masticarse, prepararse en forma de té, ahumarse, o incluso, convertirse en pasta.

Entonces, ¿por qué tantas personas cultivan khat? ¿Cuáles son sus implicaciones para la sociedad? ¿Y cómo afecta el cultivo de khat a la producción de café en estas zonas? Para conocer más, hablé con dos expertos de la industria del café.

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¿Qué es el khat? 

Tanto el café como el khat provienen de la provincia de Kaffa, en el suroeste de Etiopía. Allí, estas plantas han coexistido durante siglos. Históricamente, a ciertas altitudes, el café se cultivaba incluso para proteger las plantas de khat de las condiciones climáticas adversas, ya que la luz solar excesiva puede quemar y dañar las hojas de la planta.

Daniel Halala es el cofundador de Impact Roasters en Copenhague, Dinamarca; él es originario de Etiopía, y como tal, Impact se centra en el café etíope. “El café y el khat tienen una relación larga e intrincada”, dice. “Hace muchos siglos [los agricultores arrancaban] las plantas de café para dar lugar al khat, pero el café sobrevivió al ser trasladado a diferentes regiones de Etiopía, como Sidamo y Yirgacheffe”.

Por razones religiosas, el khat también se extendió por toda Etiopía y a través de sus fronteras. “Tanto el khat como el café son nativos de Etiopía, y ambos están conectados con Yemen”, explica Daniel. Se cree que los musulmanes llevaron el khat por la frontera hacia Yemen en el siglo XV.

La planta ha estado presente en la cultura islámica durante siglos. Ya en el siglo XVII, hay registros de debates sobre los efectos del café y el khat, y sobre cuál planta proporcionaba a los consumidores la mayor euforia y energía. 

“El pueblo Harari practicaba el Sufismo, una rama del Islam, y utilizaba diferentes elementos para concentrarse”, me dice Daniel. “Tanto el café como el khat se utilizaban por sus [efectos] estimulantes”.

Los efectos del khat suelen compararse con los de una anfetamina suave. Los compuestos químicos naturales de sus hojas desencadenan la liberación en el cuerpo humano de dopamina, serotonina y noradrenalina. Esto hace que sus consumidores se sientan más alerta y atentos, pero también suprime el apetito y aumenta la probabilidad de insomnio.

La popularidad del khat

Se estima que hay unos 20 millones de consumidores de khat en todo el mundo. El mercado yemení de khat por sí solo tiene un valor de unos 12.000 millones de dólares, según las estimaciones. En Yemen, se cultivan unas 44 variedades diferentes de khat, donde las plantas pueden crecer hasta 10 metros de altura.

Más de tres millones de agricultores cultivan khat en Etiopía. En este país, el khat vale más por acre que cualquier otro cultivo, incluido el café, el cual es la mayor exportación del país.

Heleanna Georgalis es la presidente de Moplaco Trading, un exportador de café verde con sede en Dire Dawa y Addis Abeba, Etiopía. “En los últimos 20 años se ha hecho popular y se ha extendido entre la población”, dice. “Dado que es muy rentable, ha dañado significativamente las zonas de cultivo de café”.

Daniel añade: “La región de Harari es la mayor exportadora y productora de khat del mundo. Los cultivos se envían a menudo a los principales mercados del este de Etiopía”.

En Yemen y Somalilandia, países en los cuales el khat se consume ampliamente, se estima que alrededor del 90% de los hombres adultos lo mastican. Sin embargo, en comparación, solo el 30% de las mujeres de estos países consumen la planta.

Según la tradición islámica, hombres y mujeres también deben masticar el khat por separado, y además hay una serie de estereotipos despectivos hacia las mujeres con respecto al consumo de la planta, en particular debido a que las “distrae” de las tareas domésticas.

Sin embargo, Daniel me dice que el uso del khat se está volviendo más popular por razones distintas a las tradiciones religiosas. “Alrededor del 20% de los jóvenes etíopes actualmente usan el khat a diario, para estudiar y para permanecer despiertos durante un período de tiempo mayor”.

Las personas se reúnen a menudo en las tiendas de venta de khat, también conocidas como “mafrishes”, las cuales son establecimientos sociales, no muy diferentes de una tienda de café. “Hay mucho desempleo en Etiopía”, me dice Daniel. “Cuando los jóvenes socializan, mastican el khat como una razón para reunirse”.

Legalidad y consumo alrededor del mundo

En primer lugar, como estimulante orgánico, la legalidad del khat varía en todo el mundo. “Es legal en las partes orientales de Etiopía, Kenya, Somalia, Yibuti, Yemen y otros países árabes y, en cierta medida, también en Israel”, dice Daniel. “Pero en la mayoría de los países, especialmente en Europa [y EE. UU.], es ilegal”.

En el Reino Unido, por ejemplo, se le denominó droga de clase C en 2014 (lo cual significa que su posesión puede conllevar una pena de prisión de un máximo de dos años). Fue criminalizado de manera similar en los Estados Unidos a principios de la década de 1990.

Sin embargo, a pesar de su legalidad en los países de África y el Oriente Próximo, el khat sigue siendo motivo de preocupación. Daniel dice: “Aunque es legal en Etiopía, no se fomenta allí; el gobierno [ha estado] cerrando los bares de khat y shisha”.

La razón de ello, según muchos, son los crecientes niveles de adicción y otros problemas de salud asociados al estimulante.

“La población masculina joven de Etiopía es muy grande”, me dice Heleanna. “Para los varones de 17 a 35 años con poca o ninguna educación, las drogas y la recreación son las formas fáciles de salir de todos sus problemas y de hacer frente a su desempleo y a la falta de perspectivas”.

Además, alrededor del 20% de los consumidores de khat etíopes experimentan efectos secundarios negativos, como presión arterial alta y palpitaciones cardíacas. El uso continuo puede causar síntomas fisiológicos de abstinencia, y también puede agravar condiciones médicas preexistentes.

En Yemen, el khat utiliza un asombroso 30% del suministro total de agua del país; el 60% de las tierras agrícolas del país se dedican al cultivo de esta planta. “Para que un árbol de khat [alcance] su plena altura, se necesitan siete u ocho años”, me dice Daniel. “Tienen raíces profundas y largas que toman mucha agua subterránea”.

La mayor parte del agua en Yemen proviene de acuíferos subterráneos que se rellenan lentamente cuando llueve. Sin embargo, la intensidad del cultivo de khat en el país y la elevada cantidad de agua solo se ven agravadas por el hecho de que Yemen enfrenta actualmente una escasez de agua. 

La mitad de la población del país no tiene acceso a agua limpia, y algunas estimaciones sugieren que la capital, Sanaa, podría quedarse sin agua ya en 2030.

El khat y el cultivo de café

A pesar de las repercusiones que tienen el cultivo y la utilización del khat, la cantidad total cultivada anualmente ha aumentado en un 246% en Etiopía. La cantidad de tierra utilizada para el cultivo de khat aumentó un 160% de 2001 a 2015, mientras que la tierra utilizada para el cultivo de café aumentó un 133%. 

“Cada vez más caficultores están pasando del cultivo de café al de khat por razones de precio”, explica Heleanna. “El precio por 1 kg de café es Br 31 (0,86 dólares) mientras que por 1 kg de khat es Br 900 (25 dólares)”.

“El khat produce más para el caficultor. Puede necesitar 10 árboles para 1kg de chat, y aunque un cafeto produce de 6 a 12 kg de cerezas, las plantas de khat necesitan menos cuidados”.

Un árbol de khat tarda 10 años en madurar completamente, pero solo tres o cuatro años antes de que pueda ser cosechado. Requieren considerablemente menos atención que los árboles de café; solo necesitan ser desmalezados alrededor de una vez al año, y crecen a lo largo de las estaciones con mayores precipitaciones.

Además, las plantas de khat pueden cosecharse hasta cinco veces al año, a diferencia del café, el cual solo puede cosecharse una vez al año en un período determinado. Daniel añade: “Cuando la cosecha de khat termina, comienza la cosecha de café, así que el caficultor aún conserva algunos árboles de café para mantener su flujo de dinero”.

Los ingresos procedentes de tan solo media hectárea de khat pueden ser seis veces superiores al ingreso medio per cápita de Etiopía, y tres veces la cantidad que recibe un caficultor por la misma área. Por ello, la diversificación de los cultivos puede ser una forma de que los caficultores generen mayores ganancias y garanticen unos ingresos más estables para sus familias.

Sin embargo, Helenna explica que las plantas de café y khat, en realidad, a menudo compiten por los recursos, y el café suele perder la batalla. “Pueden crecer juntas, pero las plantas de khat a menudo absorben toda el agua del suelo, dejando el café seco y hambriento, con un rendimiento deficiente”.

¿Habrá un cambio hacia el café?

En respuesta a las preocupaciones por el elevado consumo de agua de las plantas de khat, los caficultores yemeníes de la región montañosa de Haraz han arrancado unos dos millones de árboles de khat para dejar espacio a más plantas de café y maíz.

Alrededor del 75% de la tierra agrícola en el este de Haraz es ideal para la producción de café, y se estima que el café necesita solo una cuarta parte de los recursos naturales que requiere el khat. Esta medida podría ayudar a aliviar la crisis de agua en Yemen.

Pero incluso si los caficultores utilizan menos agua, sigue existiendo el problema de sus ingresos. “El khat proporciona mejores ingresos a los caficultores que el café, y les da mayor estabilidad”, dice Daniel.

“Para los caficultores, todo se trata de sus ingresos y de mantener a sus familias, así que lo que les dé más ingresos por hectárea es lo que [elegirán]”.

Sin embargo, Daniel añade que puede haber una solución más sostenible desde el punto de vista del medio ambiente que ofrezca a los caficultores más fuentes de ingresos y una mayor estabilidad. “El café se cultiva en una sola temporada”, dice. “Sin embargo, si podemos usar la hoja de café como té, la cual también es perenne, entonces los caficultores pueden obtener ingresos adicionales”.

“En Etiopía, el té de hoja de café no es tan popular como el khat; se utiliza en las zonas suroccidental y occidental del país, pero no es tan fuerte como el khat”. El té de hoja de café tiene una cantidad de cafeína similar a la del té verde, y suele asociarse con la salud y el bienestar.

“En regiones orientales de Etiopía, el 70% de las fincas están ahora ocupadas por el khat”, dice Daniel. “Sin embargo, hace muchos años, solía ser el café; tal vez el té de hoja de café podría ser una alternativa”.

En última instancia, si queremos que se produzca un alejamiento del khat, debido a cuestiones de salud pública o por la escasez de recursos, los caficultores en Etiopía y Yemen necesitan tener fuentes de ingresos más seguras. Aunque el cambio se está produciendo, como lo evidencia el crecimiento de iniciativas agrícolas para extirpar y sustituir las plantas de khat, para países como Yemen, podría ser demasiado tarde.

En su actual situación económica, es mucho más probable que los caficultores opten por el khat en lugar del café, dado que sus ingresos serían mayores y más estables, porque la planta de khat puede cosecharse varias veces al año.

Sin embargo, aunque el khat se vende por un precio mucho mayor que el café, sus efectos perjudiciales sobre el abastecimiento nacional de agua en África y la salud de quienes lo utilizan son demasiado graves como para ignorarlos.

La producción de café sostenible, transparente y rastreable podría ser la solución a este problema. Para impulsar realmente un cambio sostenible, los agricultores necesitan cambiar el khat por el café a una escala mayor, pero para que esto suceda, necesitan ingresos más seguros. Es tan simple como eso. 

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Crédito de las fotos: Tommy, Malcolm Manners, Rod Waddington, Thierry Ehrmann, CIAT/Neil Palmer, A. Davey

Traducido por Tati Calderón. Traducción editada por María José Parra.

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