febrero 9, 2021

Impulsando el espíritu empresarial en las comunidades cafetaleras

Las fincas cafetaleras son empresas. Al igual que cualquier otra empresa, funcionan en términos de ingresos, costos, beneficios e inversión. A pesar de ello, en todo el mundo, los caficultores luchan contra los bajos precios, las plagas, enfermedades y la inestabilidad de los ingresos (ya que el café es un cultivo estacional).

Para combatir estas dificultades, los productores, como propietarios de empresas, se involucran cada vez más en nuevos proyectos y emprendimientos para mejorar la rentabilidad y la estabilidad de su finca. Esto puede significar plantar otros cultivos para garantizar los ingresos durante todo el año, o incluso la diversificación en otras áreas de la cadena de suministro.

De este modo, los productores pueden mejorar su seguridad financiera, aumentando así su calidad de vida e impulsando el crecimiento económico de sus comunidades. 

En un entorno económico tan difícil, podría decirse que es más importante que nunca que los productores lo hagan. Sin embargo, todavía hay muchos retos a los cuales se enfrentan los caficultores: el acceso a la financiación, la escasa disponibilidad de información y los problemas con las regulaciones son solo algunos de ellos.

Entonces, ¿cómo pueden las comunidades productoras de café volverse más emprendedoras? ¿Y por qué es importante? Sigue leyendo para conocer más.

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Microestación Kasundi de la Cooperativa Coopade en la RDC. Crédito: Adelard Palata.

El espíritu empresarial en las comunidades cafetaleras

El diccionario de Cambridge, en inglés, define el espíritu empresarial (entrepreneurship) como “la habilidad para iniciar nuevos negocios, especialmente cuando esto implica ver nuevas oportunidades”. 

Actualmente, vemos esta habilidad en las regiones productoras de café de todo el mundo en una serie de proyectos. El impacto positivo de estos proyectos suele repercutir en la comunidad. 

Esperanza Dionisio es la directora general de CAC Pangoa, una cooperativa de café y cacao ubicada en la Selva Central de Perú. 

Ella me cuenta que CAC Pangoa ha trabajado en un proyecto llamado “Centros de Excelencia”. Su objetivo es identificar a los miembros de la cooperativa que son reconocidos por la calidad de su trabajo fuera de la producción de café. 

Esta iniciativa, dice, proporciona a estos caficultores las herramientas para diversificar y, en consecuencia, aumentar sus ingresos. La diversificación también mejora en cierta medida la estabilidad del caficultor, ya que puede depender menos de la temporada de cosecha del café.

Esperanza dice: “[Hay una señora que teje bolsos] (…) otra señora que tiene la produccion de miel de abejas”.

“Hay otro caso de una socia que empezó a criar cuyes. Empezó con solo tres galpones, ha modificado su casa y ha construido carreteras… el otro día, [los funcionarios del estado] la visitaron”. 

Esperanza Dionisio durante una sesión de cata. Crédito: Cooperative Coffees

Apoyar el espíritu empresarial en las comunidades cafetaleras

Las regiones productoras de café suelen ser muy rurales y a menudo, carecen de infraestructuras buenas o confiables. Además, al estar tan alejadas de las grandes ciudades, a veces puede resultar difícil acceder a la información o al apoyo adecuado. Esto significa que el lanzamiento de nuevos proyectos puede ser más difícil que en cualquier otro lugar.

Pero a pesar de estos retos, muchas comunidades productoras de café trabajan activamente para incentivar el espíritu empresarial entre su población. Hay varias formas de hacerlo.

Capacitación y educación 

Para desarrollar o perfeccionar cualquier habilidad, la formación es esencial. Esperanza dice que, en primer lugar, la formación es importante para exponer a las generaciones más jóvenes a trabajar en el café y en torno a él, estén o no en las fincas. Ella dice que actualmente, los adultos jóvenes suelen asociar la producción de café con algo poco rentable. 

La clave, señala Esperanza, es mostrarles la calidad de una buena taza de café y explicarles cómo eso puede estar relacionado con la rentabilidad. “Hay que mostrar a los adultos jóvenes que las fincas producen un grano de buena calidad y buen sabor”, explica.

Por ejemplo, si los jóvenes caficultores empiezan a aprender sobre cata, pueden conocer la calidad de su cosecha y cómo mejorarla. “A partir de esto, se llega a otros intereses, como abrir tiendas de café, mejorar la finca o abrirlas al turismo, como [hizo] uno de nuestros socios”, dice.

Por otro lado, también es importante que los caficultores desarrollen sus habilidades empresariales. Al mejorar sus conocimientos sobre gestión y finanzas de la finca, pueden invertir más en su negocio y tomar mejores decisiones financieras. 

Chris Treter es el director general de Higher Grounds Trading en Michigan. Él dice que, a través de On The Ground, una organización sin fines de lucro asociada a la compañía, han ofrecido capacitación financiera y microcréditos a emprendimientos en la República Democrática del Congo. 

Él me habla de un grupo reciente de caficultores que vio la oportunidad de hacer pan. “Faltaban panaderos… mejoraron sus conocimientos financieros y luego les dieron un microcrédito para invertir en ese programa”, explica.

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Adelard Palata, Supervisor del Proyecto de Café en el Programa de Café en Virunga National Park. Crédito: Adelard Palata. 

Cooperativas y organizaciones 

Ya sea de forma teórica o práctica, el intercambio de conocimientos es clave a la hora de impulsar el espíritu empresarial en las comunidades cafeteras.

Esperanza explica que aquí es donde las cooperativas y otras organizaciones similares desempeñan un papel importante. “Siempre hay organizaciones o cooperativas. Está muy difundido en las zonas rurales”, dice. “A través de esta unión de agricultores es que se puede llegar al agricultor y a las familias. Si no estamos organizados, es bien dificil.”.

Ella me habla de la cooperativa CAC Pangoa, en Perú. Esperanza dice que actualmente gestiona 17 comités en diferentes territorios. En total, tiene casi 700 miembros que trabajan juntos en la producción de cacao y café. 

“A través de nuestra organización, hemos capacitado a los socios en lo que necesitan”, explica Esperanza. “Ahora mismo, estamos formando a jóvenes adultos, para que puedan ir a la universidad. También estamos impartiendo formación técnica a otros socios, centrándonos en la administración de las fincas.

Ella añade que esta formación no se limita a los hombres. Tanto las mujeres como los hombres de la cooperativa reciben la capacitación que necesitan. También, pueden acceder a créditos para invertir en sus fincas y buscar nuevas oportunidades de emprendimiento.

La cooperativa financia esta formación a través de las primas de comercio justo y de colaboraciones con organizaciones sin fines de lucro y asociaciones de café.

Asimismo, Chris me habla de Saveur du Kivu, una conferencia y subasta anual de café que se realiza en la RDC cada año. Aunque está organizada por el sector privado, también cuenta con el apoyo del gobierno congoleño, de ONG internacionales y de cooperativas cafetaleras locales. 

A través de los talleres y mesas redondas en el evento, Chris afirma que los caficultores locales pueden conocer a otros caficultores y compradores, intercambiar conocimientos y hablar de sus oportunidades. 

“Tener una exposición local junto a eso ha ayudado a destacar algunas de las diferentes oportunidades que existen en las comunidades cafeteras para los propios productores”, dice. 

Microestaciones en la Cooperativa Coopade en el Parque Nacional de Virunga. Crédito: Adelard Palata

¿Cómo beneficia el espíritu empresarial a la comunidad en general? 

Cuando las empresas locales prosperan, también lo hacen sus comunidades. Esperanza me dice que el principal beneficio del emprendimiento local es que el dinero se queda en el mismo lugar, donde puede reinvertirse. 

Por ejemplo, si un caficultor hace crecer su empresa y desea invertir en un nuevo edificio, será necesario construirlo. Esto supone una infraestructura adicional, nuevos puestos de trabajo y un impulso económico general en la comunidad. 

Chris dice: “Hay todo tipo de componentes que una comunidad cafetera necesita para prosperar. Una oportunidad sencilla que he visto es utilizar el dinero obtenido por la venta de café para comprar un vehículo y convertirse en taxista en la temporada baja”. 

“De este modo, las familias pueden [ser más sostenibles económicamente durante todo el año]. Además, la comunidad local tiene la oportunidad de un transporte más fácil que antes no tenía”.

Adelard Palata es el supervisor del proyecto de café en Virunga National Park. Él explica que el café tostado es muy difícil de encontrar en la RDC, ya que su sector cafetero se está recuperando tras décadas de inestabilidad. Por esta razón, planean construir una tostaduría. 

Además, Adelard explica que este espacio ayudará a los caficultores congoleños a aprender más sobre la cadena de suministro de café en general. También, afirma que contribuirá a impulsar la cultura cafetera congoleña a medida que el café tostado aumente su disponibilidad en el mercado local. 

A su vez, espera que esto impulse el consumo nacional y posiblemente incluso inspire a otros a invertir en la apertura de tostadurías y tiendas de café en la RDC.

“Nuestro objetivo es empezar a poner el café a disposición del consumidor local”, añade Adelard.

Selección de cerezas maduras en una microestación de la Cooperativa Coopade. Crédito: Adelard Palata

¿Cómo apoya el espíritu empresarial a la cadena de suministro en general?

El aumento del espíritu empresarial impulsa el crecimiento de las regiones productoras de café, pero también es beneficioso para la cadena de suministro en general. 

Cuando el negocio (o los negocios) de un caficultor son más rentables, no solo pueden mejorar su calidad de vida y la estabilidad financiera de su familia, sino que también pueden reinvertir en sus fincas. 

A su vez, esta inversión permite a los caficultores aumentar la calidad de su café. Este café de mayor calidad se puede entonces exportar, tostar y consumir en otras partes del mundo, añadiendo mayor valor en cada paso.

Esperanza añade, en la misma línea, que la formación y la educación en origen también pueden ser constructivas para la cadena de suministro en general. Por ejemplo, dice que si hay catadores o Q-Graders capacitados en la comunidad, los caficultores estarán más informados sobre las plantas que deben cultivar.

“A partir de ahí, ya estamos mejorando la calidad para la industria”, dice.

Un restaurante en una finca cafetera situada en la Selva Central de Perú. Crédito: Cooperative Coffees

No cabe duda de que cuando un caficultor o una cooperativa introducen nuevas operaciones en su sistema agrícola, resulta complejo y a menudo difícil. Sin embargo, al impulsar el espíritu empresarial y capacitar a los productores para que se apropien más de las oportunidades de negocio, podemos mejorar la estabilidad del productor e impulsar la sostenibilidad en toda la cadena de suministro.

A su vez, el espíritu empresarial de los caficultores que identifican nuevas oportunidades, invierten en sus fincas y abren negocios inspirará a otros miembros de la comunidad, incluidas las generaciones más jóvenes. Cuando las empresas locales prosperan, apoyan a su comunidad y también a otras partes interesadas en la cadena de suministro.

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Crédito de las fotos: Cooperative Coffees, Adelard Palata

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Ten en cuenta: Higher Grounds es patrocinador de Perfect Daily Grind.

Traducido por Tati Calderón. Traducción editada por María José Parra.

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