octubre 27, 2020

Cultivo de Café y Municiones Sin Explotar en Laos

Aunque muchos de nosotros asociamos las municiones sin explotar (bombas y proyectiles “sobrantes” de los conflictos, los cuales no han hecho explosión) con las guerras ya finalizadas hace mucho tiempo, para el pueblo de Laos, es una realidad actual.  

Laos está ubicado en el sudeste asiático, es un país sin litoral que limita con Vietnam, China, Camboya, Tailandia y Myanmar. Per cápita, es el país más bombardeado de la historia. Como consecuencia, casi la mitad de sus tierras aptas para el cultivo están totalmente inutilizables. 

Todos los días y en todo el país, se encuentran y se extraen municiones sin explotar (MUSE). Pero, ¿qué papel desempeña el café, a medida que el país recupera más tierra utilizable cada día? Continúa leyendo para averiguarlo.

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LA “GUERRA SECRETA” EN LA FRONTERA CON VIETNAM 

Laos, oficialmente la República Democrática Popular Lao, es un país largo y estrecho que alberga a más de 7 millones de personas. Sus fronteras al este y al sur flanquean la infame Ruta Ho Chi Minh, la principal ruta de abastecimiento utilizada por las fuerzas norvietnamitas durante la guerra de Vietnam.

Como resultado, los aviones estadounidenses realizaron más de 580.000 misiones de bombardeo sobre Laos entre 1964 y 1973. Las fuerzas estadounidenses lanzaron más de 270 millones de bombas sobre Laos en un esfuerzo por interrumpir las operaciones de suministro de los norvietnamitas. 

Esto se traduce en un bombardeo cada ocho minutos, cada día, durante nueve años completos. Actualmente, se cree que hay unos 80 millones de bombas en todo Laos que nunca se detonaron. Muchas de estas bombas se dividían en el aire en “minibombas”, golpeaban el suelo sin detonar y permanecían intactas mientras crecían plantas y árboles a su alrededor.

Estas misiones de bombardeo fueron organizadas en gran parte por la CIA, y no fueron formalmente reconocidas por el público hasta 1969. Desde entonces, se les ha llamado la “guerra secreta”.

En la actualidad, la economía laosiana depende en gran medida de sus tierras, en particular para la minería y la agricultura, incluido el café. Las municiones sin explotar presentan una enorme barrera para ambos sectores. Sigue siendo un enorme desafío humanitario y socioeconómico que contribuye a la falta crónica de seguridad alimentaria y de tierra.

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CAFÉ LAOSIANO: UNA VISIÓN GENERAL

Laos ha sido un país productor de café desde que los colonos franceses establecieron allí sus plantaciones a principios de 1900. La producción se redujo después de que los franceses abandonaran el lugar y luego, durante la guerra de Vietnam. Sin embargo, después de la guerra, muchos pequeños caficultores regresaron a las grandes plantaciones de café abandonadas.

Durante los 45 años siguientes, Laos estableció una próspera industria cafetera, la cual exporta a los principales países consumidores, entre ellos Alemania y Estados Unidos. Actualmente, es el tercer mayor productor de café en el sudeste asiático, después de Vietnam e Indonesia. 

Khamsai Inthavong es asesor para la cadena de valor agrícola en Laos. Él me dice que el café mantiene a más de 50.000 familias de caficultores en todo el país. Según él, el 95% de todo el café de Laos se produce en la montañosa meseta de Bolaven, en el sur.

Sin embargo, añade: “Los caficultores en Laos tienen uno de los trabajos más peligrosos del mundo”.

El café se cultiva a gran altitud, lo cual hace que zonas como la meseta de Bolaven sean ideales para los productores. Sin embargo, estas regiones montañosas forman gran parte de la frontera laosiana, la cual era atravesada constantemente por las fuerzas norvietnamitas como parte de la Ruta Ho Chi Minh. 

Durante la guerra de Vietnam, se lanzaron más de dos millones de bombas de racimo en zonas a lo largo de la frontera, donde se sospechaba que se escondían las fuerzas vietnamitas. 

No es de extrañar que esto prácticamente destruyera la industria cafetera en Laos. Y aunque se ha recuperado desde entonces, décadas después, la presencia de MUSE limita el acceso seguro a gran parte de esta rica tierra agrícola.

La principal autoridad de Dak Cheung, una aldea de la provincia de Sekong, en el sudeste de Laos, dice: “Es difícil para nosotros ampliar nuestra producción de café. La tierra tiene que ser despejada por las agencias de remoción de bombas, pero estamos demasiado lejos de las aldeas principales; no vienen aquí a despejar”.

Michael Wood, fundador de fi-lan’thro-pe (una organización que trabaja con los caficultores en Laos y Vietnam), añade: “Para muchos caficultores de bajos recursos de Laos, no hay más remedio que arriesgar sus vidas cultivando en las tierras [afectadas].

“Las municiones sin explotar pueden restringir la expansión de las comunidades cafetaleras [que normalmente utilizarían] las tierras agrícolas para cultivar, diversificar y expandir los cultivos. Puede impedir el acceso seguro a las carreteras, la recolección de leña, [el acceso] a fuentes de agua potable seguras, e incluso el desplazamiento al mercado y a los centros médicos”.

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EL IMPACTO DE LAS MUSE EN LAS COMUNIDADES AGRÍCOLAS RURALES

Las municiones sin explotar en Laos afectan al 25% de las aldeas en 15 de las 18 provincias del país. Cada año, se pierden más de 300 vidas. En total, se estima que 12.000 personas han sido asesinadas o heridas por municiones sin explotar desde 1973.

Bernard Franck, de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés), ha trabajado durante 30 años con supervivientes de explosiones de municiones y minas terrestres en Laos, Camboya, Angola y Sri Lanka. Él señala que el impacto de un accidente con una munición sin explotar puede ser especialmente devastador en las zonas rurales. 

“Quienes viven en comunidades remotas todavía no reciben rehabilitación física, productos auxiliares y el apoyo psicosocial que necesitan para superar el trauma del accidente de las municiones sin explotar”, explica Bernard.

Él añade que las víctimas de las MUSE sufren “dolor crónico a largo plazo y trauma psicológico, incluyendo ansiedad, estrés, depresión y trastorno de estrés postraumático”.

Los impactos de las MUSE en las mujeres también son considerables. Si bien los hombres y los niños son la mayoría de las víctimas en Laos, las mujeres y las niñas que resultan directamente heridas por las municiones sin explotar tienen más probabilidades de sufrir discriminación, aislamiento y estigmatización como resultado de sus discapacidades.

Además, Bernard explica que las mujeres también sufren los efectos indirectos de los accidentes causados por las municiones sin explotar. “En caso de lesiones extremas de los miembros masculinos de la familia, las mujeres y las niñas llevarán la carga adicional a cuidar de la familia y se enfrentarán a nuevas amenazas de las MUSE, ya que asumen la mayor parte de la responsabilidad de las labores agrícolas”, dice.

“Las mujeres viudas enfrentan un alto riesgo de tener un acceso desigual a las tierras de cultivo, a los derechos sobre la tierra y al control de los recursos económicos y agrícolas”.

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ELIMINAR LAS BOMBAS: UN PROCESO QUE REQUIERE CUIDADO 

Para muchos, la solución obvia a las municiones sin explotar es simplemente limpiar las tierras de las bombas. Sin embargo, no es tan simple.

El Grupo Asesor de Minas (MAG, por sus siglas en inglés) es una organización benéfica en el Reino Unido que rastrea y elimina minas terrestres, municiones de racimo y bombas sin explotar en todo el mundo. Han estado trabajando en Laos desde 1994.

La eliminación de las MUSE es un proceso metódico pero terriblemente lento, y conlleva un enorme riesgo para quienes lo realizan. El “desminado” manual consiste en la comprobación de los campos de minas metro a metro, utilizando detectores de metales y diversas herramientas de excavación. Cada día, unas 3.000 personas inspeccionan y despejan estos artefactos explosivos en todo el país, a un costo estimado de USD 3.000 por hectárea.

Sarah Goring es una oficial de programa para MAG en Laos. Ella dice: “El despeje se ve aún más obstaculizado durante la estación húmeda y por el terreno difícil y los bosques densos.

“La tarea de desminado de todo el país llevará un tiempo considerable y, aunque [están] disminuyendo en número, siguen produciéndose lesiones y muertes”.

El Gobierno de Laos ha declarado que está intentando eliminar todas las municiones sin explotar de las tierras agrícolas prioritarias para finales de 2020. Sin embargo, hasta ahora, solo alrededor del 25% de las personas afectadas se han beneficiado de los barridos de tierra y la eliminación de bombas. 

Además, ha habido otros problemas imprevistos. Por ejemplo, en julio de 2018 se rompió una presa hidroeléctrica en la región cafetalera de Attapeu, en el sur de Laos, cerca de la frontera con Camboya. Esto arrojó 5.000 millones de metros cúbicos de agua en toda la región. 

Como consecuencia, esto desenterró un número totalmente desconocido de explosivos sin detonar y los redistribuyó en zonas previamente despejadas. No hay certeza acerca de hacia dónde se desplazaron las minas, lo cual hizo retroceder drásticamente el progreso de los esfuerzos de despeje en gran parte de la región.

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CULTIVANDO CAFÉ ESPECIAL EN NUEVAS ÁREAS

En la década de 1950, la mayor parte del café de la meseta de Bolaven fue sustituido específicamente por Robusta y Catimor arábica, dando prioridad al rendimiento y la resistencia de las plantas sobre la calidad de los cultivos. Sin embargo, desde 2014, el Gobierno laosiano ha promovido la siembra generalizada de variedades de Arábica de mayor valor para satisfacer la demanda mundial de café de especialidad.

La producción se ha ampliado a las regiones montañosas de las provincias del centro y el norte del país, y se han despejado algunas zonas boscosas para el cultivo del café. Sin embargo, en estas zonas fértiles también se produjeron algunos de los mayores bombardeos.

En estas áreas, muchas de las fincas cafetaleras están muy alejadas, lo cual dificulta la eliminación adecuada de las MUSE. Sin otra opción, algunos caficultores laosianos lo intentan por sí mismos. 

Cuando ocurre un accidente, Michael dice que los “caminos intransitables” y la “falta de contacto telefónico” hacen “lamentablemente, muy difícil que las víctimas de estos artefactos explosivos reciban asistencia médica”.

“Las principales comunidades en riesgo son los nuevos caficultores”, explica. “Muchas de las fincas más antiguas han sido limpiadas por equipos especializados, pero son los más empobrecidos en las zonas menos desarrolladas quienes sufren el mayor riesgo de pérdida de vidas relacionadas con las MUSE”. 

Afortunadamente, aunque muchos de estos caficultores se enfrentan a todo tipo de desafíos, hay varias iniciativas de desarrollo en curso que apoyan la expansión del sector cafetero del país para mejorar los medios de vida de los caficultores.

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MIRANDO HACIA EL FUTURO 

La eliminación de las municiones sin explotar en Laos sigue siendo apoyada y financiada por numerosas organizaciones internacionales en Australia, Nueva Zelanda, Canadá, la Unión Europea, Noruega, Corea del Sur y Estados Unidos. 

En 2016, el presidente Obama visitó Laos; fue el primer presidente de EE. UU. en hacerlo. En su visita, reconoció públicamente y se disculpó con el pueblo de Laos por la “guerra secreta” y las subsiguientes consecuencias de las MUSE, que han causado tanto dolor y destrucción. Él prometió USD 90 millones en ayuda a Laos para la eliminación de las municiones sin explotar y mayor apoyo. 

Sarah dice: “Una vez que las organizaciones benéficas como MAG hayan limpiado la tierra de bombas sin explotar, las comunidades podrán vivir y cultivar sin miedo. Son libres de construir un sustento que pueda mantener a sus familias y ayudarlas a salir de la pobreza”.

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Con respecto al café en Laos, la esperanza es que los caficultores puedan finalmente sacudirse el impacto de una guerra que terminó hace 45 años y avanzar hacia un crecimiento económico seguro.

Y mientras continúan todas estas iniciativas de limpieza de municiones sin explotar, ¿qué pueden hacer los consumidores? Bueno, al consumir café de las regiones cafetaleras en las cuales se han eliminado las MUSE, reconocemos y nos comprometemos con este tema, mientras que apoyamos a los caficultores que ahora cultivan café en tierras seguras y despejadas. 

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Crédito de las fotos: Vientiane, Sean Sutton, Nicole Motteux, Bernard Franck

Escrito con el apoyo de Lilani Goonesena.

Traducido por Tati Calderón. Traducción editada por María José Parra.

PDG Español

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